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lunes, 12 de enero de 2009

Paz en Oriente Próximo

"DECLARACIÓN DE LAS ORGANIZACIONES POLÍTICAS Y SOCIALES: PONER FIN A LA AGRESIÓN MILITAR DE ISRAEL CONTRA GAZA"

Durante este fin de semana se celebraron en todo el mundo multitudinarias manifestaciones reclamando a las autoridades del Estado de Israel que cesen las hostilidades contra el pueblo palestino en Gaza. Desde el PSOE de Valencia de Don Juan rubricamos íntegramente el manifiesto firmado por nuestra organización y que lo publicamos en nuestro cuaderno digital que desde hoy, y de lunes a viernes, mantendremos nuevamente actualizado:
"Ante la continuidad de la ofensiva militar de Israel, por tierra, mar y aire, contra Gaza –en el contexto de la ocupación que dura décadas y el bloqueo que sufre Palestina- que está causando miles de muertos y heridos entre su población, muchos de ellos niños; ante el hecho de que se realiza vulnerando el Derecho internacional y olvidando, por completo, la situación de emergencia humanitaria que vive su población; las organizaciones sociales y políticas abajo firmantes hacen la siguiente declaración:
1. Condenamos la injustificable e inhumana acción militar de Israel y exigimos su fin inmediato. El pretexto aducido por su Gobierno –los ataques con cohetes llevados a cabo por Hamas contra la población israelí- es inaceptable en relación con unas acciones de destrucción criminal, como castigo colectivo, que están causando miles de víctimas civiles.

2. Exigimos al Gobierno de España, a las instituciones políticas de la Unión Europea y a la ONU, su intervención decidida y urgente para imponer un alto el fuego permanente, organizar un plan de ayuda humanitaria que ponga fin a la situación de emergencia que vive la población de Gaza, y terminar con el bloqueo fronterizo. Criticamos profundamente la pasividad de la que han hecho gala, hasta el momento, las instituciones políticas internacionales, que está permitiendo la continuidad de la ocupación y la matanza de la población palestina. Todos los Estados miembros de la ONU tienen la obligación de proteger a la población civil contra las múltiples violaciones del Derecho Internacional Humanitario que se están produciendo.

3. Este nuevo y especialmente mortífero episodio del conflicto de la ocupación de Palestina por Israel pone de manifiesto, una vez más, la necesidad de resolver definitivamente el mismo con el cumplimiento de todas las resoluciones de las Naciones Unidas. A esta tarea tendrían que dedicarse sin demora, y en el marco de la ONU, sus principales actores, con la colaboración de los países de la Región y de las principales potencias mundiales. El derecho del pueblo palestino a crear un Estado soberano es la base necesaria de cualquier solución duradera que posibilite la convivencia pacífica de los pueblos palestino e israelí. Reclamamos a los gobiernos y las instituciones internacionales la adopción de las medidas de presión necesarias, condicionales al respeto de los derechos humanos en las relaciones con Israel, para que se alcancen estos objetivos y para que se resuelvan las causas del conflicto, que no es otro que la ocupación.

Por todo ello, llamamos a la ciudadanía a participar en todas las manifestaciones y actos públicos que se han convocado en numerosas ciudades de España, expresando su solidaridad con el pueblo palestino. En particular, llamamos al pueblo de Madrid a participar en la manifestación que se llevará a cabo,

¡POR EL FIN DE LA AGRESIÓN MILITAR DE ISRAEL A GAZA!

¡PAREMOS LA MASACRE DEL PUEBLO PALESTINO!

¡ALTO EL FUEGO, AYUDA HUMANITARIA Y FIN DEL BLOQUEO, YA!

¡NO A LA PASIVIDAD DE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL!

¡CONTRA LA VIOLENCIA, POR LA PAZ JUSTA EN PALESTINA!

¡POR EL FIN DE LA OCUPACIÓN!

¡SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO PALESTINO!"

sábado, 29 de marzo de 2008

Miscelánea

"Ni más España ni menos Cataluña"

"(...) Si con lo anterior no se agotan las explicaciones, habrá que destacar también el buen cartel del presidente Zapatero en el Principado, la funcionalidad de la campaña, el buen desempeño de la candidata Carme Chacón (en el reverso de su primer aterrizaje como ministra)... Tampoco todo eso explica el alcance de lo obtenido por el PSC. Probablemente obedezca a una realidad más profunda: ese partido encarna hoy, con mayor precisión que los demás, la realidad sociológica e identitaria de una gran mayoría de catalanes. Una realidad dual, compartida, superpuesta: es el único partido al que éstos reconocen al mismo tiempo como incuestionablemente español e inequívocamente catalán... y catalanista. Lo que le otorga ventaja frente a quienes pretenden, desde los dos nacionalismos enfrentados (el catalán y el español) disociar esa adscripción compleja: será que ese disociar se percibe como desgarrar, renunciar, empobrecer, y el personal no está por la labor de autorrecortarse. Por eso la familia nacionalista en su conjunto (convergentes y republicanos) ha perdido ocho puntos porcentuales, dato clave. Harían bien, pues, los reduccionistas en tratar de entender y no dejarse atrapar por las vísceras. Quienes desde el centralismo imputan al socialismo catalán perfil y vocación nacionalista, deberían recordar que todo nacionalismo sueña con Estado propio, algo que jamás planteó ese partido, ni figura en su ADN. Y quienes, desde el separatismo, le califican de mera sucursal del PSOE deberían preguntarse a la luz del 9-M si es que los componentes de la Nación han renegado de ella; o si deben cambiar de gafas. ¿Cuesta tanto entender que para muchos catalanes la forma política genuina de ser español sea ser catalanista y la manera de ser catalán es ostentar sin reparos la ciudadanía española?

Al cabo, la traducción de lo anterior consiste en que la calle identifica al partido ganador como la encarnación más precisa del Estado de las autonomías cristalizado en la Constitución. La urna, en Cataluña, estaría así, como adivinan las encuestas, predominantemente a favor de ambos polos de la expresión (y de que evolucionen), no de uno solo en exclusiva. A favor, pues, tanto de la existencia del Estado como del perfeccionamiento de las autonomías. Dicho en breve: ni más España, ni sólo Cataluña.

Quien rompa ese delicado equilibrio también existente entre la E del psoE y la C del psC, arruinará ambas letras. Quien desde Madrid confunda legitimidades emergidas desde convocatorias de distinto alcance; pretenda imponer, en vez de conjugar, los intereses de la estabilidad del Congreso por encima de los del Parlament; o en aras del loable objetivo de involucrar a los nacionalismos moderados en la gobernabilidad, interfiera (y no sólo influya) en la composición del Gobierno de la Generalitat, mediante obscenos cambios de cromos (Mas por Montilla; Duran por Moratinos) erosionará ambos polos. (...)" Xavier Vidal-Foch, El País, 17 de marzo de 2008.

"Cómo recuperar el atractivo de EEUU"
"Hace casi 20 años, el distinguido profesor de Harvard Joseph Nye nos presentó su concepto de poder blando. Además de los parámetros tradicionales de influencia "dura", sobre todo la fuerza militar y el peso económico, explicó Nye, existe un elemento menos cuantificable pero también fundamental que hay que tener en cuenta en los asuntos internacionales. Es la capacidad de resultar atractivo para otros pueblos y países, la capacidad de encontrar aliados que ayuden a llevar a cabo una tarea determinada, la habilidad y la facultad de convencer a otra nación soberana para que acepte hacer algo que no pensaba hacer. En otras palabras, el poder blando consiste, casi como el título del famoso libro de Dale Carnegie, en cómo hacer amigos e influir en la gente. (...)

¿Y qué ocurre con ese tercer ámbito más intangible de poder e influencia, la dimensión del poder blando? Aquí, en mi opinión, la situación es mucho más interesante, y mucho menos previsible. Cuando Nye acuñó el término, había muchas muestras de la capacidad de atracción cultural, ideológica y política de EE UU. Sin embargo, ése es un tipo de poder internacional que puede desvanecerse a toda velocidad si el país en cuestión lleva a cabo políticas impopulares. No hay más que pensar en cómo la histórica admiración de los angloamericanos por la cultura y la ciencia alemanas se vino abajo debido a las locuras del Káiser y las agresiones de Hitler. O en cómo los elogios dirigidos por los intelectuales occidentales al sistema soviético desaparecieron después de que salieran a la luz las pruebas de la represión de Stalin y Brezhnev.

Es cierto que son dos ejemplos extremos, pero merece la pena tenerlos en cuenta al pensar en la disminución de la popularidad de Estados Unidos en la opinión pública mundial durante el último decenio. No hay duda de que la razón principal tiene que haber sido la política exterior de la Casa Blanca de George W. Bush, incitada por la camarilla de intelectuales neocon y partidarios de la línea dura como el vicepresidente Dick Cheney y el ex secretario de Defensa Donald Rumsfeld. Pero fue una política con acciones muy argumentadas y muy defendidas: declarar la guerra contra Irak sin el respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU; el waterboarding (la técnica de simular que se ahoga bajo el agua al prisionero) y otras repugnantes violaciones de los derechos humanos; las críticas descaradas al Protocolo de Kioto a propósito del medio ambiente; la negativa a firmar los acuerdos universales sobre los derechos de las mujeres y de los niños... Y las repercusiones alcanzaron a todos los funcionarios estadounidenses que se vieron obligados a justificarlas. Por extensión, alcanzaron asimismo a todos los ciudadanos estadounidenses que o habían apoyado esas locuras o no habían sabido presionar a un Congreso abúlico para que pusiera coto a ese unilateralismo desenfrenado y contraproducente.

El resultado fue que la reputación del país (es decir, su atractivo) cayó en picado en prácticamente todos los sondeos de opinión pública del mundo." Paul Kennedy, El País, 26 de marzo de 2008.

"Mc Cain se equivoca sobre Iraq"

"El senador republicano John McCain, de Arizona, que es ya el candidato de su partido a la presidencia de Estados Unidos, ha prometido volver a situar Irak y la "guerra mundial contra el terror" en primera línea de la política estadounidense.

El debate fundamental en las elecciones estadounidenses va a ser, por tanto: "¿Qué ocurrirá si las tropas de Estados Unidos abandonan Irak?" McCain y el senador demócrata de Illinois Barack Obama ya han discutido sobre si la retirada estadounidense supondrá el fortalecimiento o el debilitamiento de Al Qaeda. La senadora demócrata Hillary Clinton, de Nueva York, se ha comprometido a reducir las tropas si gana.

Por supuesto, nadie lo sabe con certeza. Pero sí puedo decir qué es lo que no ocurrirá: Al Qaeda no se hará con el poder en Irak ni instaurará allí un Estado islámico.

En Occidente sigue habiendo demasiada gente que cree que Al Qaeda es una organización territorializada, establecida en Oriente Próximo, empeñada en expulsar a los cristianos y los judíos de la región con el fin de crear una dar al-Islam (tierra de Islam) bajo la protección de un califato.

Pero Al Qaeda no es una continuación de los Hermanos Musulmanes, Hamás o Hezbolá. Es una entidad no territorial de ámbito mundial, que nunca ha intentado implantar un Estado islámico, ni siquiera en Afganistán, donde halló santuario durante gran parte de los años noventa.

No tiene sentido considerar a Al Qaeda como una organización política que pretende conquistar y gobernar un territorio. Al Qaeda recluta a sus miembros entre jóvenes que se sienten desposeídos, en su mayoría sin relación directa con los países en conflicto de Oriente Próximo. La mayor parte de los yihadistas itinerantes de Al Qaeda son musulmanes occidentales de segunda generación, saudíes, egipcios, marroquíes y hasta conversos, pero no afganos, palestinos o iraquíes. En ningún lugar Al Qaeda tiene el arraigo local necesario para hacerse con el poder.

Al Qaeda tiene una doble estrategia. Quiere enfrentarse a los grandes, o mejor dicho, al grande -Estados Unidos-, de forma directa, atacando el poder norteamericano no tanto por los daños reales que pueda causar (coste económico o número de muertos), sino buscando la imagen: el impacto en los medios de comunicación y el efecto de terror.

Como es natural, el efecto simétrico de quienes hablan del choque de civilizaciones intensifica ese impacto. En realidad, Al Qaeda necesita a los que la demonizan, porque la convierten en algo que no es: la vanguardia de la "ira musulmana". (...)" Olivier Roy, El País, 27 de marzo de 2008.

domingo, 20 de enero de 2008

Felipe González: 'Alianza frente a conflicto de civilizaciones'

Alianza de Civilizaciones

El diario El País de ayer publicaba la siguiente tribuna, firmada por el expresidente del gobierno Felipe González:

"La corriente de fondo que nos lleva a un diálogo entre civilizaciones va ganando fuerza frente a la tumultuosa corriente del choque de civilizaciones.

Es una corriente más tranquila, que se mueve entre los meandros de la complejidad del momento histórico presente, en tanto que la profecía del choque de civilizaciones es más simple en sus planteamientos de amigo-enemigo y de confrontación para dominar, por eso tiende a autocumplirse.

Como siempre, construir la paz, como condición necesaria para todo lo demás -el desarrollo o la cooperación-, es más difícil que declarar la guerra al otro, al que se supone que encarna el mal. Como siempre, el diálogo que busca el conocimiento -el logos- del que es diferente y tiene una percepción distinta de la realidad, es un ejercicio más costoso, que parte de la renuncia a la imposición de nuestras verdades, aun sin aceptar la imposición de las verdades del otro. Es una búsqueda de los valores y de los intereses que se puedan compartir para dar fundamentos al entendimiento mutuo y avanzar en un nuevo orden internacional.

Venimos de un proceso histórico peculiar, por la profundidad y por la velocidad de los cambios. La caída del Muro de Berlín en 1989 y la disolución de la Unión Soviética llevaron a la desaparición de la vieja división del mundo en dos bloques ideológicos antagónicos y mutuamente excluyentes.

Inmediatamente afloraron realidades ocultas o aplastadas por esa división. Pulsiones identitarias que afirmaban la pertenencia a realidades culturales muy diversas, étnico-religiosas, étnico-culturales o de nacionalismos irredentos que iban surgiendo por todas partes.

Pero este mundo se parecía más a sí mismo, aunque se hiciera más incierto y se nos mostrara más complejo, que el de la división en bloques ideológicos, con sus alineamientos simplificadores y su reparto de influencias. Los viejos conceptos de equilibrio del terror o destrucción mutua asegurada, y su correlato menos negativo que fue la coexistencia pacífica, perdieron vigencia sin encontrar un sustituto.

En los años 90 parecía que vivíamos en una cierta anomia, una pérdida de reglas de juego, del valor de la política, de soluciones supuestamente espontáneas que vendrían del mercado libre. Se hablaba de los dividendos de la paz, aunque al mismo tiempo se elaboraba la teoría del choque de civilizaciones.

Pero al tiempo que ocurrían estos acontecimientos, se aceleraba el curso de la revolución tecnológica, especialmente la informacional, como ruptura de las barreras del tiempo y del espacio en la comunicación entre los seres humanos. La globalización hizo próximo e inmediato el planeta Tierra, en todos sus rincones, en todo lo que acontecía, y empezó a cambiar la relación de fuerzas en el mundo.

En realidad, había quedado uno de los dos bloques antagónicos, el liderado por Estados Unidos como única superpotencia, pero su justificación por contraposición a la amenaza soviética había desaparecido con la URSS. La teoría del choque de civilizaciones, casi como una profecía, se basaba en la necesidad de llenar el vacío de enemigo, anunciando la aparición de nuevos demonios civilizatorios, en sustitución de los ideológicos, que había que prepararse para combatir y dominar.

Ya en los meses siguientes a la Guerra del Golfo de 1991, los profetas de la confrontación trataron de colocar sus teorías en la Casa Blanca, reclamando para Estados Unidos el papel de gendarme del nuevo orden internacional. Pero hasta los atentados de las Torres Gemelas, con su dramatismo y brutalidad, no tuvieron la oportunidad de colocar su producto, envolviéndolo en la amenaza real del terrorismo internacional para dar consistencia al choque de civilizaciones. La dimensión de esta forma de criminalidad internacional sería muy distinta si el enfoque no hubiera sido el de la confrontación civilizatoria, con todas las implicaciones de criminalización de una de las religiones del Libro. El error más grave ha sido y es la falta de comprensión de que esta amenaza real no está destinada en mayor medida a desplazar el poder en el mundo occidental que en el islámico.

Desde esta base errónea, se puede comprender el método de confrontación bélica y voluntad de dominio que se ha venido utilizando. La amenaza real, a partir de esta estrategia, no sólo no ha disminuido, sino que la percibimos como más grave y virulenta.

Las críticas ante la estrategia de la pura confrontación, de la hegemonía y de la imposición, con guerras preventivas y sin base en la legalidad internacional, han ido creciendo. Los que fueron en su día partidarios de este planteamiento se han ido replegando o reduciendo, aunque persistan los más impenitentes. Es evidente que en la visita del Presidente Bush a Medio Oriente, se insiste en alimentar la confrontación histórica entre sunitas y chiitas, entre árabes e iraníes, pasando a segundo plano el propósito de avanzar en el problema israelo-palestino.

Sin embargo, incluso para los más opuestos a esta deriva, se ve con una cierta frialdad y escepticismo la propuesta de la Alianza de Civilizaciones, con sus mecanismos de diálogo entre diferentes culturas y religiones para avanzar, primero, hacia una mayor comprensión mutua, y después hacia acuerdos que fortalezcan el objetivo de un nuevo orden internacional basado en los valores de las propias Naciones Unidas.

En nuestro país han sido y son especialmente críticos los que aplaudían a rabiar la declaración de guerra a Irak, los que la justificaban con mentiras y endosaban el conflicto pese a su ilegalidad manifiesta. Aún hoy argumentan que perdemos peso internacional si las propuestas que hacemos como país se encaminan hacia el diálogo y el respeto a la legalidad internacional.

Pero, asumida por Naciones Unidas, la Alianza de Civilizaciones ha encontrado el apoyo de 80 países, muchos más que los que apoyaron la teoría y la práctica de las guerras preventivas y el unilateralismo. Y se van a seguir sumando otros. Pero lo más significativo es la gran corriente de simpatía que se va creando en numerosos actores de la sociedad civil, en las distintas confesiones religiosas, en las ONGs, todos dispuestos a hacer impulsar con acciones la estrategia del entendimiento frente a la de la pura confrontación.

Asumir la diversidad, cultural o religiosa, como una riqueza compartida, en la que podemos encontrar valores comunes y objetivos que también lo sean, frente a la violencia destructiva, es un objetivo alcanzable que irá restando capacidad al terrorismo, a pesar de las muchas dificultades para encontrar rutas adecuadas.

Por el contrario, insistir en la propuesta de agresión, en el unilateralismo al margen de las reglas, va a seguir alimentando la caldera del terror, incluso dándole excusas ante los ciudadanos de mundo que se sienten víctimas de esta estrategia".