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miércoles, 4 de marzo de 2009

"El arranque de Castilla y León" a debate

Reacciones a la presentación del libro de Demetrio Madrid

"Muchas gracias, Alberto, por dejar constancia de este acontecimiento político-editorial: tú, siempre al pie del cañón.
Efectivamente, algunos estuvimos presentes, por desgracia, en esa presentación del libro El arranque de Castilla y León, de Demetrio Madrid. Digo por desgracia porque, en mi opinión, jamás debía haberse celebrado una presentación de un libro titulado de ese modo, puesto que eso significaría que jamás hubiera arrancado ese producto artificial, antidemocrático y plagado de mentiras, imposiciones e inmoralidades, que se ha dado en llamar "Castilla-León", primero, y "Castilla y León", después. Como se infiere nítidamente de estas palabras, así como de algunos escritos propios aparecidos en este blog, mi posición respecto al debate que se mantuvo en ese acto es absolutamente contraria a lo que defendían los tres intervinientes (Demetrio Madrid, Jaime González y Mario Amilivia) y es más favorable a los postulados que defendieron, con mayor o menor fortuna, la inmensa mayoría de los ciudadanos del público que expresaron su comprensible rabia, tanto tiempo acumulada, ante la vergüenza que supuso la creación ficticia e interesada de esta burda comunidad autónoma. Una muestra clarividente de la enorme razón con la que contaban esas personas es la bochornosa incapacidad que manifestaron los tres ponenentes de la mesa (qué triste fue comprobar una vez más cómo políticos socialistas comparten a pies juntillas las tesis de la reprobable derecha leonesa -léase Mario Amilivia en este caso-) para responder ante las rotundas verdades que les echaban en cara esos ciudadanos conocedores como nadie de los tejemanejes, las falsedades y las cacicadas que se cometieron con el fin último de hacer nacer, costase lo que costase, este engendro maloliente.

Como se ve, queda clara mi postura, que basándose estrictamente en ideas y criterios socialistas se incardina dentro del leonesismo que no tiene más pretensión que luchar cívica y democráticamente por la instauración de una autonomía para la región leonesa en pie de igualdad con el resto de regiones españolas, por supuesto también con la vecina de Castilla la Vieja. Yo concibo el leonesismo como un movimiento transversal que incluye a todos los ciudadanos conscientes y críticos, con independencia de la ideología específica que tengan por suya. No obstante, en mi caso particular considero que la ideología socialista y los postulados progresistas son los más adecuados para reivindicar una autonomía para la región de León, apoyándose en dos criterios: la búsqueda incansable de la igualdad y el combate contra la discriminación, por un lado, y el rechazo al nacionalismo conservador, por otro. Ciertamente, la región leonesa (y también la castellana, aunque no se queja por razones obvias) está siendo injustamente tratata y está siendo repugnanmente discriminada respecto al resto de regiones que integran la nación española, puesto que no dispone como las demás de su propia administración autonómica. Y, por otra parte, es igualmente cierto que "Castilla y León" es un producto sustancialmente nacionalista que no existía y que ahora existe por la imposición de unos cuantos políticos despreciables. Aquí se cometen prácticas nacionalistas tan vomitivas como las que tiene lugar en Cataluña o en el País Vasco, o las que se efectuaban en la España franquista: se falsifica la historia, se manipula a los niños y adolescentes en los centros educativos, se crean organismos oficiales para "crean conciencia regional", se oculta el arte, la historia, la cultura, el patrimonio...de la región leonesa, etc.

Yo no vivía durante el mandato de Demetrio Madrid, y tampoco durante su injusto proceso judicial, que finalmente puso las cosas en su sitio, aunque tarde, pero Demetrio jamás debió ser presidente de la Junta de Castilla y León; este socialista zamorano debió ser presidente de la Junta de la Comunidad Leonesa, y seguramente hubiera desarrollado una excelente labor.

Siento decirte, Alberto, que en ese debate estuviste en tu intervención, para mi gusto, algo tibio, aunque lo entiendo.

Seguiremos compartiendo pareceres." Daniel González Colinas

Seguiremos analizando el tema

"Vaya este comentario para agradecer a Daniel porque creo que ha entendido muy bien cuáles fueron las razones de mi tibieza el día de la presentación del libro de Demetrio Madrid. La realidad es que no me parecía momento de entrar en la discusión de cómo fue la decisión de que la provincia de León entrase en la autonomía con Castilla o hubiera sido preferible una autonomía uniprovincial. En cualquier caso dejé claro que yo había votado León solo cuando se consultó a los Ayuntamientos e insinué que estaba de acuerdo con lo que acababa de decir Luis Arias sobre las presiones que se habían recibido en los Ayuntamientos. En una próxima entrada en este blog y en dos columnas de Gente que salen el viernes 27 de febrero y el 4 de marzo explico un poco más cuál es mi postura en este punto." Alberto Pérez Ruiz

martes, 3 de febrero de 2009

Falseamiento de la historia de León en las aulas

Manipulación de las conciencias de los más débiles

Aquí tenemos una muestra más de la indecencia y la miseria moral con la que actúan los agentes de "Castilla y León". Los naZionalistas que pretenden imponer una falsa realidad para ocultar y asesinar otra históricamente existente (la región leonesa) no escatiman medios para lograr su infame objetivo. No tienen ningún reparo en falsificar la historia para ponerla al servicio de sus indignos intereses políticos; no tienen el más mínimo cosquilleo en su conciencia por valerse de mentiras e infundios; y, lo más grave y repugnante, no sienten ningún pesar ni arrepentimiento por manipular a los más débiles de la sociedad: los niños y adolescentes; por moldear sus conciencias a su burda medida; por edificarles, con el dinero de todos los contribuyentes, una percepción del mundo tendenciosa y orientada a ir asentando paulatinamente en sus cabezas una concepción falaz de la realidad: la existencia de "Castilla y León" como entidad regional e históricamente desarrollada. 

Estos miserables "castellano-leonesistas" son muy conscientes de que en las siguientes décadas habrá cada vez menos ciudadanos críticos que denuncien sus barbaridades y se opongan al engaño que supone la invención artificial de "Castilla y León" por intereses particulares: ya se están encargando ahora en los colegios e institutos de esta despreciable comunidad autónoma de eliminar conciencias que piensen, conozcan la realidad de lo acaecido y, en consecuencia, se manifiesten en contra de la imposición naZionalista de "Castilla y León".

Por el momento, no todos los ciudadanos, y no todos los socialistas, somos corresponsables o, al menos, cómplices de esta barbaridad, de esta sucia manipulación de las conciencias de los más débiles: de momento, no pueden quitarnos el pensamiento y la palabra.

"No aparecen mencionadas las primeras Cortes de 1188 ni la cultura específicamente leonesa

Los libros de la ESO «ventilan» el Reino de León en sólo dos líneas

Vuelven a incurrir en numerosas incorrecciones, como que el Padre Isla era «segoviano»

Los alumnos leoneses de Secundaria aprenden que el padre Isla era «segoviano», que fue Ordoño II quien trasladó la capital del reino de Oviedo a León, que su Catedral se encuadra dentro del «gótico castellano», que la capital de la comunidad es Valladolid... es decir, que han de conocer por otros medios que el padre Isla era del pueblo leonés de Vidanes, que en realidad fue el rey García I el que trasladó la capitalidad a León o que, hasta el momento, no se ha dictado en esta autonomía ley de capitalidad alguna.

Eso por no hablar de cómo se ventilan en dos líneas los más de trescientos años de historia del reino de León como entidad política independiente (y bastantes siglos más como reino con entidad propia dentro de otra Corona más amplia): «Con Alfonso III, la frontera llegó hasta el Duero; su sucesor, Ordoño II, trasladó la capital a León, dando lugar al reino de León» (Geografía e Historia, 2º ESO, ed. Anaya); más tarde, hablando de Sancho III, dice que, «tras su muerte (1035), dividió el reino entre sus hijos, y Castilla se convirtió en un reino independiente con Fernando I. Éste derrotó al rey de León (1037) y constituyó el reino de Castilla y León». Y no se menciona nada más sobre el tema.
Llueve sobre mojado

Después de que en el año 2006 la asociación Plataforma Pro Identidad detectara en los libros de texto que emplean los escolares leoneses de Secundaria numerosos errores e inexactitudes relacionadas con esta tierra -”el caso fue denunciado por el Diario en repetidas ocasiones-”, y de que el año pasado se volvieran a encontrar en algunos libros -”en otros ya se habían corregido o matizado-”, la asociación ha revisado ahora todos los textos actuales con ayuda de un historiador.

El resultado es un informe que se enviará al Procurador del Común, algo que ya se hizo hace tres años consiguiendo que el defensor del pueblo autonómico solicitara a los poderes públicos, de manera oficial, que subsanaran los errores y tuviesen cuidado con la terminología, puesto que en esta comunidad conviven dos identidades diferenciadas, la leonesa y la castellana.

En este completo informe están indicados tanto los títulos de los libros como la editorial y los diferentes errores y ambigüedades en los que incurren: una de las más extendidas consiste en retrotraer constantemente la historia de la actual autonomía (que tiene sólo 26 años de vida, antes existían las regiones de León y Castilla la Vieja) hasta tiempos prehistóricos con el fin de «fijar» en la mente de los jóvenes la existencia de Castilla y León como entidad política, social o cultural. De este modo se llega a aseveraciones tan extrañas como los ejercicios que dicen: «Anota cuándo comenzó cada etapa de la Prehistoria en nuestra comunidad» o «¿Cuáles fueron los principales pueblos prerromanos que vivieron en Castilla y León?» (Geografía e Historia, 1º ESO, Anaya).

En éste como en todos los demás libros, el uso de la palabra «región» para referirse a las autonomía es general y repetido una y otra vez, según señalan fuentes de la citada asociación, quienes también denuncian cómo en varios casos se reduce el nombre a «Castilla», sin más.

No obstante, en algunos pasajes que tratan temas históricos sí se emplea el término, quizá más aceptable, de «la actual» comunidad («¿Cuándo llegaron los cartagineses a la actual Castilla y León»?). Y es que el hecho de retrotraer fronteras actuales a épocas prehistóricas no lo hacen los historiadores, de forma general, ni con el propio nombre del país (prefiriendo las referencias a Hispania o la península Ibérica).

Además, no se encuentra mención alguna a las primeras Cortes de Europa, las de León de 1188, al leonés como idioma y casi nada a los astures como pueblo prerromano que ocupaba estas tierras antes de Roma. El uso del gentilicio castellano-leonés , muy rechazado a nivel popular, está asimismo muy extendido en estos manuales. Tampoco se habla, por ejemplo, del Consejo Soberano de Asturias y León pero sí hay varias referencias al «regionalismo castellano».

«En Castilla y León el Neolítico llegó con retraso». «Los romanos construyeron la primera red de calzadas de Castilla y León». (Geografía, 1º ESO, SM). «En cuanto a la superficie forestal, Castilla es una de las regiones con un aprovechamiento mayor» (Geografía e Historia, 1º ESO, Bruño).

Y hablando del gótico en general, con una foto de la Catedral de León, «el gótico castellano siguió el modelo de las grandes catedrales francesas» (Geografía e Historia, 2º ESO, Anaya), son otras de las joyas de libros donde lo específicamente regional leonés brilla por su ausencia." Diario de León, 1 de febrero de 2009. Emilio Gancedo.

domingo, 6 de enero de 2008

Autonomía leonesa: una reivindicación socialista (II)

En defensa de la igualdad: contra el nacionalismo castellanoleonés

Decía en el anterior escrito que la infame estrategia de los partidarios incondicionales de la persistencia de “Castilla y León” consiste en vincular la reivindicación de la autonomía para la región leonesa con ideas nacionalistas y posiciones defensoras de derechos colectivos. Esta inteligente maniobra ha sido forjada tanto por el Partido Popular como por algunos sectores del PSOE, lo cual ha contribuido poderosamente a su éxito y asimilación entre los leoneses desde el establecimiento del ente autonómico que nos ahoga desde la legalidad. Ahora bien, por suerte, no todos los ciudadanos asumimos felizmente todo lo que algunos políticos interesados nos lanzan desde el manchado púlpito oficial. Algunos paramos a pensar y, pronto, comenzamos a discernir. La consecuencia resulta atronadora: la estrategia de los socialistas y de los derechistas “castellanoleonesistas” comienza a resquebrajarse con el mismo sonrojo con que empezó a desmoronarse el régimen franquista.

La reivindicación de la autonomía para la región leonesa, como señala el título de estas líneas, se fundamenta netamente en ideas socialistas porque no es más que un acto que descansa sobre el cimiento de la anhelada igualdad. Los socialistas que demandamos el establecimiento de una comunidad autónoma para León (por consiguiente, también para Castilla la Vieja), en coherencia con un vector clave de nuestro ideario más básico, la igualdad, no tenemos en mente ningún desvarío nacionalista, identitario, metafísico, comunitarista, patriotero, colectivista…, como pretenden vender los evidentes “castellanoleonesistas”, sino el deseo de luchar por la igualdad para todas las regiones españolas, para que los ciudadanos de la región leonesa (y también los de la región castellana vecina, los castellanos) no sean desiguales con respecto a los demás ciudadanos españoles; para que puedan seguir siendo leoneses con naturalidad y absoluta normalidad; para que no se les imponga una nueva identidad esencialista, la “castellanoleonesa”, cuando eso nunca ha existido ni podrá existir más que en unos pecaminosos papeles totalitarios; para que no tengan que asumir una historia falseada e inventada; para que no tengan que pagar impuestos que se dedican a construir desde fundaciones, libros, publicaciones oficiales, artículos, fiestas… la nueva identidad, el nuevo pueblo, la nueva comunidad, el nuevo nombre, el nuevo gentilicio (¡se han inventado hasta un gentilicio!), la nueva nacionalidad histórica -que recoge el nuevo estatuto “castellanoleonés”-, el nuevo destino común que brota de la común historia…

Los socialistas que reivindicamos que la región leonesa disponga de una administración autonómica, en pie de igualdad con todas las demás regiones que integran la nación española, estamos en una tesitura enfrentada enteramente con posturas nacionalistas, anexionistas, reaccionarias, comunitaristas, colectivistas, fascistoides…Por eso mismo, no podemos tolerar ni, mucho menos, amparar o justificar el nacionalismo “castellanoleonés” que ha surgido con la creación política interesada de “Castilla y León”. En sí misma, “Castilla y León” es un ente o un producto nacionalista, sustancial y extremadamente nacionalista, ultranacionalista, que recuerda al peor nacionalismo conocido, el hitleriano o nazi, por su afán y voluntad anexionista, por el acallamiento de los territorios anexionados, por la invención y utilización falsificadora de la historia, por la execrable manipulación de los alumnos en las escuelas, por la creación de instituciones y organismos dedicados a fomentar la asunción ciudadana del nuevo pueblo “castellanoleonés”, por su táctica amenazante (“si León estuviera solo iría a la ruina”, cuando el nefasto y triste ocaso en que se halla es consecuencia directa de la desgraciada existencia de “Castilla y León”), por la ocultación de la cultura, arte, patrimonio e historia de los territorios anexionados (se podría decir incluso “colonizados”, por el saqueo objetivo e incuestionable de León que han ejecutado la provincia y la capital vallisoletanas, principalmente), etc.

En suma, los socialistas con conciencia clara y firme de socialistas no podemos más que repudiar y atacar la comunidad autónoma de “Castilla y León” (insólito caso de autonomía cuyo nombre se compone de dos partes unidas por una conjunción coordinante copulativa: algo significará esto…), porque rechazamos radicalmente, desde sus postulados originarios, desde la raíz, el nacionalismo y todas las prácticas filofascistas que comete para sostener sus falsedades interesadas y para evitar por todos los medios la toma de conciencia de los ciudadanos perjudicados, que traería la inmediata movilización y emancipación. Y estamos completamente a favor de la lucha cívica y democrática, al contrario de los actos antidemocráticos e impositivos de los “castellanoleonesistas”, por la constitución de una comunidad autónoma que sostenga política y administrativamente a los ciudadanos de la región leonesa, conforme a la Constitución española de 1978.

El necesario establecimiento de la autonomía leonesa supondría un enorme triunfo y una digna conquista para la izquierda, en general, y para los socialistas, en particular: la igualdad ascendería un peldaño más en su agotadora y complicada escalada histórica; la justicia tendría un significativo tanto a su favor; la veracidad histórica se vería aliviada; los niños y adolescentes se desprenderían de repugnantes lavados de cerebro; los ciudadanos se ahorrarían cantidades ingentes de impuestos absurdos dirigidos a poner en marcha indecentes adoctrinamientos; muchos profesionales del campo docente, académico, universitario, investigador, editorial…dejarían de mentir consciente o inconscientemente; el ideario nacionalista recibiría un duro golpe, mientras que los planteamientos progresistas obtendrían un alentador empujón; la lógica, el sentido común y la razón ampararían con todo su convencimiento, con toda su ilusión y con toda su fuerza el natural sentimiento de los leoneses que, en el fondo de su corazón, siempre llevaremos inscrito lo que somos, como todos los demás, y siempre veremos extraño eso de “castellanoleoneses” y, mucho más, eso de “castellanos”. Y, con todo, se estaría del lado de aquello que toda persona racional, o mínimamente racionalista, debe perseguir: la verdad. Dice el filósofo racionalista español Gustavo Bueno que todo lo que vaya contra la verdad, por principio, es malo, y que el respeto al prójimo consiste en intentar convencerlo de que lo que dice es erróneo o es verdadero, porque si uno no trata de convencerlo de ello no le tiene respeto. Esa es mi auténtica voluntad, mi última aspiración, mi entusiasmada brega: intentar convencer a los socialistas que siguen defendiendo la continuación de la existencia de “Castilla y León” de que están incurriendo en un tremendo error, aunque seguramente lo hacen inconscientemente y con toda la mejor voluntad del mundo, creyendo que estar a favor de la autonomía leonesa no es de socialistas, sino de los de la UPL o de nacionalistas, cuando es todo lo contrario: defender la autonomía para la región leonesa es defender la igualdad y atacar la injusticia y el trato discriminatorio, defender el progreso para León y atacar el conservadurismo y el inmovilismo nacionalista “castellanoleonés”, defender el respeto a la autenticidad histórica y atacar la manipulación y la falsificación, defender el socialismo y atacar el nacionalismo derechista.

Daniel González Colinas

domingo, 23 de diciembre de 2007

Autonomía leonesa: una reivindicación socialista (I)

Desmontemos una estrategia infame

Haciendo uso de la libertad, tan maltratada durante tantas singladuras y no demasiado preservada en los tiempos que corren, deseo expresar algunos pensamientos bastante madurados sobre una cuestión trillada, pero que alberga demasiadas confusiones y yerros, seguramente por la deliberada actitud de quienes huyen de este debate como de la peste. Como se desprende con nitidez del título que encabeza estas palabras, trataré el enjundioso asunto de la autonomía leonesa o, mejor dicho, de la ausencia de autonomía leonesa. Y lo haré desde una posición meridianamente socialista, desde convicciones progresistas e igualitarias.


En estas líneas la intención primordial es aportar razones y datos elocuentes para emprender un camino cuyo afán central no puede ser otro que desmontar una infame y dañina estrategia que ha venido llenando nuestros lares de inmundicia y degradación. Todos sabemos que algunos socialistas, amigos de la oscuridad y la manipulación, han desarrollado con habilidad la eficiente maniobra de asociar la reivindicación de la autonomía para la región leonesa con el nacionalismo o con teorías comunitaristas; han querido inocular en la mente de los ciudadanos que hablar de autonomía para León es propio de conservadores, de carcas nacionalistas y de atrasados defensores de derechos colectivos y de entidades metafísicas y patrioteras. Han pretendido, en definitiva, identificar la lucha cívica por la constitución de una comunidad autónoma leonesa con un posicionamiento alejado por completo del socialismo.

Para llevar a buen término esta inteligente y artera táctica no han escatimado comparaciones gratuitas y falsas: sois como los nacionalistas vascos; sois cavernícolas; utilizáis la historia cual dementes independentistas; queréis la segregación como el PNV; y un abultado etcétera de interesadas patrañas y lamentables embustes tan tendenciosos como reprobables. Como en toda tierra de garbanzos, en este variopinto e inverosímil grupo de “castellanoleoneses”, de defensores de la continuación de “Castilla y León”, existen algunos cuantos más razonables que, al menos, se preocupan por pedirnos argumentos, por demandarnos alguna explicación de nuestra postura. Como digo, estos muestran un mayor sentido común, pero no deja de ser gracioso y paradójico: los que deberían explicar el sinsentido de “Castilla y León”, quienes deberían desentrañar y aclarar los tejemanejes, las medidas antidemocráticas, los intereses y las inmoralidades que se cobijan detrás de la creación ficticia de “Castilla y León”, son los que nos emplazan a explicar por qué queremos que la región leonesa sea tratada como las demás regiones españolas, por qué anhelamos que se desuna de una vez lo que unos cuantos desgraciados políticos decidieron juntar, machacando y triturando la historia, la igualdad, la justicia, la voluntad mayoritaria de los ciudadanos leoneses, la Constitución Española de 1978, el sentido común, la racionalidad…Esto es el mundo al revés: los que cometen el delito exigen explicaciones a las víctimas y, para más crueldad, las hacen pasar por culpables de querer desmontar la delictiva invención que tanto daño ha causado.

Como señalaba con anterioridad, el pilar nuclear de los socialistas que siguen apostando por la existencia política de la comunidad autónoma de Castilla y León es que defender la autonomía para la región de León (y, por ende, la autonomía para la región castellana del norte, Castilla la Vieja, de toda la vida) es definitorio de teorías e idearios nacionalistas y absolutamente ajeno a los presupuestos socialistas o a planteamientos progresistas. Aquí radica la trampa; esta es la artimaña utilizada por los socialistas "castellanoleonesistas" para negar la autonomía para la región leonesa.Es una estrategia que cala con facilidad en los ciudadanos de la calle que no se detienen a analizar los mensajes que reciben y que, por ello mismo, tienden de manera natural a efectuar una simplificadora asociación de ideas: “si los vascos se quieren separar de España y los leoneses se quieren separar de Castilla, entonces los leoneses son iguales que los vascos; como los vascos son nacionalistas, los leoneses, también; como los nacionalistas vascos están mal vistos porque lo quieren todo para ellos, pretenden imponer su lengua y su ideario y quieren romper España, los nacionalistas leoneses tienen que estar mal vistos igualmente porque son insolidarios, pretenden rescatar e imponer su lengua y sus ancestrales costumbres y quieren romper Castilla y León”. Con esta base, los socialistas “castellanoleonesistas” tienen más de la mitad del trabajo hecho. Para lo que queda, la Junta de Castilla y León se saca de la manga la Fundación Villalar, se introduce un poco de doctrina castellanoleonesa en las escuelas, se inventa la historia (es decir, se falsifica y se tergiversa), se denigra al “leonesismo nacionalista”, etc. y a seguir para adelante. Si a todo ello le sumamos el imprescindible apoyo de la conservadora y caciquil derecha castellanoleonesa, con sus máximas inmovilistas y reaccionarias: "El mapa autonómico está cerrado, no tiene marcha atrás", la victoria está asegurada.

Este es el núcleo esencial de la estrategia infame que contribuye poderosamente al silencio aséptico o a la desafección de los ciudadanos leoneses, lo cual constituye uno de los pasos indispensables para que Castilla y León siga caminando a sus anchas, con las inabarcables cantidades de inmoralidad, en todos los órdenes, que ese triste camino implica. En una posterior entrada intentaré plantear algunos puntos básicos con los que se puede ir desmontanto esta nociva estrategia.

Daniel González Colinas

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Facultad de Derecho de la Universidad de León: "León y autonomía"

La verdad y la razón se imponen a la imposición

El pasado lunes 5 de noviembre de 2007, la Facultad de Derecho de la Universidad de León acogió y organizó una jornada que trató sobre nacionalismo, leonesismo y autonomía, de una forma genérica, y sobre la especial situación de León, de una forma más concreta, titulada “León y autonomía”. Esta iniciativa contó con la colaboración y coorganización de la Fundación para la Libertad, presidida por el insigne político Nicolás Redondo Terreros, quien fuera candidato por el PSE-EE (PSOE) a la presidencia del gobierno vasco en las elecciones autonómicas vascas de 2001 y uno de los grandes luchadores por la libertad y en contra de la banda terrorista ETA y de la implantación paulatina de las tesis nacionalistas en la sociedad vasca.

La jornada comenzó con la presentación e inauguración del Decano de la Facultad de Derecho, Miguel Díaz y García, y del propio Nicolás Redondo, quien efectuó un recorrido valorativo por toda la legislatura presente y expuso los principales puntos de su pensamiento político y de su experiencia en la vida política vasca; de igual modo, estuvieron presentes otros miembros de la Fundación para la Libertad, que fueron recibidos con gratitud y reconocimiento a la lucha que llevan manteniendo en el País Vasco. Después de la cabal exposición del político socialista, el organizador de la jornada, Francisco Sosa Wagner, Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de León, explicó someramente el contenido del acto y pasó a presentar las tres conferencias que se pronunciaron a continuación: “Metafísicas nacionales”, a cargo del Catedrático de Derecho Natural de la ULE, Juan Antonio García Amado; “El laberinto de la hacienda autonómica”, pronunciada por el Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Oviedo; y la ponencia del Catedrático de Teoría del Estado de la UNED y articulista del diario
El País, Andrés de Blas, que analizó las reformas estatutarias con relación a la norma fundamental española, la Constitución de 1978. Después de cada una de estas tres brillantes exposiciones se produjo un turno de preguntas y valoraciones de algunos de los asistentes, donde se visualizó alguna polémica o algunas posiciones encontradas.

La jornada se reanudó por la tarde con
un debate a tres bandas en que participaron tres representantes de los tres partidos políticos con representación en León: Eduardo Fernández, secretario general provincial del Partido Popular y delegado provincial de la Junta de Castilla y León; Javier Chamorro, portavoz de la Unión del Pueblo Leonés en el Ayuntamiento de León y vicealcalde de la ciudad capitalina; y Agustín Turiel, diputado nacional del Partido Socialista Obrero Español y ex presidente de la Diputación Provincial de León. Se puede decir sintéticamente que los tres políticos mantuvieron la misma línea que han seguido sus respectivos partidos en los últimos años: Eduardo Fernández, del PP, defendió la existencia y la continuidad de la autonomía de Castilla y León; Javier Chamorro, de UPL, abogó por el derecho a la autonomía para la región de León, igual que el resto de regiones españolas, después de relatar los controvertidos orígenes de la formación de la actual comunidad de Castilla y León; y Agustín Turiel, del PSOE, se movió entre dos aguas, apostando por la plurirregionalidad que él mismo ha teorizado, según la cual pueden darse varias regiones dentro de la comunidad autónoma, pero negando siempre la autonomía para León. Luego que los tres representantes públicos dejaron asentadas sus posturas, se abrió un turno de palabra para los ciudadanos asistentes al debate, principalmente alumnos de Derecho, en que hubo realmente momentos de cierta tensión.

Tanto en los cruces de “comentarios” de uno a otro político, como en las preguntas y valoraciones del público pudieron observarse o, en su caso, descubrirse muchas de las verdades que giran en torno de la creación de la comunidad autónoma de Castilla y León en 1983: las posiciones al respecto de todos los partidos con representación en aquellos momentos circundantes al nacimiento de Castilla y León, que todas eran meridianamente favorables a la autonomía leonesa; las inmorales presiones desde los mandos de algunos partidos que tuvieron que soportar muchos alcaldes y concejales (representantes políticos de los ciudadanos) para que cambiaran de posición y defendieran las nuevas tesis impuestas desde arriba; la burda y repugnante estrategia de “divide y vencerás” perpetrada en relación con la comarca de El Bierzo; la negación del principio de que la historia no es un elemento legitimador para la constitución de una comunidad autónoma, mientras se aducía hipócrita y burlonamente que los dos reinos se unieron en 1230, o que las cortes de ambos reinos se unieron en el siglo XIV, o que El Bierzo fue una provincia durante un insignificante periodo de tiempo, o que durante una breve etapa las provincias de Palencia y Valladolid formaban parte de la región leonesa (¿existe entonces región leonesa?, ¿en qué quedamos?), etc. , y mientras presenciamos una lamentable incapacidad para explicar qué criterios se emplearon, si no fueron históricos, para configurar las restantes autonomías españolas; la actuación autoritaria que se practicó con la provincia de Segovia, que se negaba a formar parte de esta comunidad si la región castellana era unida a la región leonesa, siendo obligada a pertenecer finalmente a Castilla y León impositivamente; la manipulación, la ocultación o la negación de la historia y cultura leonesas que la Junta de Castilla y León, con la colaboración de la Fundación Villalar, financiada con los impuestos de los ciudadanos de la comunidad, ha venido cometiendo durante la andadura autonómica (propio del nacionalismo más vomitivo y fascistoide); y el cénit que explicaba todo, la penosa frase de Rodolfo Martín Villa, que pasará a los anales de la historia de León: “Con el corazón hubiéramos votado otra cosa pero, con la cabeza, han primado intereses de Estado”. Aquí radica la más pura verdad de esta desgraciada historia. No obstante, podía añadir un largo etcétera de verdades dichas en este debate que sonrojarían a los inmorales políticos responsables de la invención de este ente autonómico aberrante si tuvieran un mínimo de dignidad. Finalmente, la jornada “León y autonomía” fue clausurada por el Rector de la Universidad de León, Ángel Penas, que felicitó a los organizadores, conferenciantes y participantes y afirmó que esta iniciativa era una muestra más de la autonomía de la Universidad y de la libertad de expresión y la pluralidad que existe en la vida universitaria.

Pasando a un enjuiciamiento personal de la actuación de los tres políticos que participaron en el debate, he de decir que el ganador del debate fue el representante de la UPL, J. Chamorro, que mantuvo la coherencia y la aportación lógica de argumentos durante el mismo. Eduardo Fernández se fue con un rotundo fracaso; fue el gran perdedor de la jornada, lo que muestra la debilidad y la puerilidad de los argumentos utilizados por aquellos que siguen defendiendo el mantenimiento de una despreciable mentira. El político popular no pudo responder con suficiencia y entereza a las personas del público que lo interpelaron ni tampoco al razonamiento del vicealcalde leonés, Javier Chamorro. Por su parte, el socialista A. Turiel quedó en un lugar más sostenible, debido únicamente a su consistencia oratoria y a su capacidad para llevar el debate hacia un terreno más propicio para sus posicionamientos. La novedad fue su teoría de la plurirregionalidad, que en su día plasmó sobre el papel, y su sorprendente y absurda afirmación de que se podían haber creado dos comunidades, llamadas León y, por otra parte, Castilla y León. Además de esto, afirmó que era leonesista como el que más, pero que no toleraba que solo se pudiera ser secesionista para ser leonesista, sino que defendía el leonesismo pero estando totalmente en contra de la autonomía leonesa (y, ¿por qué es leonesista?, me pregunto yo; o ¿es que se ha dado cuenta del daño ocasionado a León y quiere intentar arreglar algo pero sin romper el actual marco autonómico por motivos electorales a nivel nacional?, ¿es eso honrado?). Es triste que yo tenga que hablar así de Agustín Turiel, porque él debería haber sido teóricamente mi representante pero, por desgracia, en este punto debo alejarme de la posición oficial del PSOE. La justicia, la igualdad de trato para todos, el rechazo a la discriminación, el desprecio por el engaño y la manipulación, la fuerza de los argumentos, el peso del razonamiento lógico, el respeto por la veracidad histórica hacen que, en este debate que he detallado, estuviera más próximo a Javier Chamorro. Además, valoro altamente su sinceridad, su consistencia argumental, el apoyo de la casi totalidad de los asistentes (personas cultas y entendidas) en sus intervenciones y, por qué no, la cantidad de aplausos cosechados, muy superior a los recibidos por los otros dos miembros de la mesa de debate. Lamento, nuevamente, que un socialista tenga que criticar la postura oficial del Partido Socialista, defendida por A. Turiel en este debate, pero me queda la esperanza de aquellos valientes socialistas, como el alcalde de León, Francisco Fernández, que han dado la cara, y no la espalda al pueblo, defendiendo, de verdad, los valores socialistas de justicia, igualdad para todos los ciudadanos, respeto y cumplimiento de la Constitución y amor por el rigor histórico, la racionalidad y la verdad.

Daniel G. Colinas