El debate de los símbolos y los nombres
Podemos leer hoy en las páginas del diario El Mundo - La Crónica de León un artículo de Manuel Cachafeiro que, por su interés, copiaremos íntegramente en un comentario a esta entrada. Aquí transcribiremos algunos párrafos en la medida de que pone como ejemplo a Valderas y Valencia de Don Juan de localidades en las que, según el autor, no fue necesaria una Ley por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución y violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura, que es el verdadero nombre de lo que se da en llamar 'Ley de la memoria histórica'.
El artículo, que luego se endereza, parte de la premisa defendida por el PP sobre la innecesariedad de la ley: 'En Valderas y Valencia de Don Juan no hubo necesidad de una ley para poner de acuerdo a 'rojos' y 'nacionales' a la hora de recordar a todos los caídos en la Guerra Civil en un sólo monumento. Aprovechando en ambos casos las obras de rehabilitación de las plazas donde se encontraban, los monumentos erigidos al bando de los vencedores fueron trasladados al cementerio para colocar en su lugar una fuente, en Valencia de Don Juan, o un pequeño monolito, en Valderas'.
Dice de Valderas que 'el viejo monolito levantado en honor a los caídos del bando franquista fue retirado en el verano de 2004 aprovechando unas obras de remodelación de la plaza donde se encuentra, en pleno centro de la villa del bacalao. Pese a las tensiones que se vivieron entonces en el pueblo, por el desacuerdo que mostraron los sectores más conservadores de Valderas, la medida fue aprobada en Pleno, aunque el punto del orden del día fuera la remodelación de la plaza y no la retirada del monolito. Donato Caño, alcalde socialista de Valderas cuando se llevó a cabo la retirada del polémico monumento, recuerda que recibió hasta cartas de amenaza por aquella medida que sólo quería reconocer a todos aquellos que sufrieron las consecuencias de 40 años de dictadura. «No sólo a los muertos, que están muertos, sino a los vivos» explica Caño. El monumento actual es un simple semicírculo recubierto en piedra con el lema del Ayuntamiento de Valderas y una frase: «A todos aquellos que sufrieron las consecuencias de una guerra que nunca debió existir (1936-1939)». Pese a aquel gesto de reconciliación, Caño no las tiene todas consigo y piensa que «hay quien quiere volver a poner lo que había antes. Eso, al menos, dice alguno». El monolito se retiró, aunque no así el nombre de la plaza, que sigue llevando el nombre de José Antonio. Todavía hoy, muchas calles y plazas de Valderas llevan nombres franquistas: Alcázar, Onésimo Redondo, Gobernador Ameijide… Pero esa ya es otra historia'.
En el caso de Valencia de Don Juan, el párrafo comienza con las palabras 'restañar heridas', aunque no cita su autoría, que luego veremos, y dice lo que sigue: 'en Valencia de Don Juan las heridas se restañaron también en un monumento que recuerda a los dos bandos. La Fuente de la Libertad fue inaugurada en 2004 [realmente fue en el año 2000], tres años antes de que salga a la luz la Ley de la Memoria Histórica y, en este caso, con el impulso de un alcalde del Partido Popular. Su placa lo explica todo: «Aquí existió un monumento a los caídos de una guerra que nunca debió existir. Hoy, el agua de esta fuente simboliza la convivencia en libertad de todos los coyantinos». Juan Martínez Majo explica que sólo hizo lo que debía hacer. «Había que renovar la plaza y se hizo para colocar un monumento que recuerde a todos los coyantinos, por encima de sus ideas políticas», añade. Los restos del viejo monumento franquista fueron a parar al cementerio, donde se instaló una parte representativa del monolito. Y no fue la única medida en Valencia de Don Juan con un alcalde del PP. La plaza del Generalísimo, donde se encuentra el Ayuntamiento, pasó a llamarse en 2003 Plaza Mayor aprovechando también su remodelación. El Pleno también aprobó la medida por unanimidad'.
A nuestro modo de ver, el autor del artículo obvia algunos datos que son fundamentales, al menos en el caso coyantino. Y es que el monumento a los caídos de Valencia de Don Juan, del bando sublevado o franquista se entiende, fue motivo de un acuerdo todavía mucho más ejemplar en los albores de la Transición, como fue la propuesta del PSOE (Federico Osma y Baldomero Lozano) 'para restañar heridas' que la Corporación aprobó el 3 de noviembre de 1977, en virtud de la cual el monumento pasó a tener una única inscripción que decía 'A la memoria de los muertos en la guerra de 1936-1939' y que eliminó los escudos falangistas que portaba (no se eliminó el escudo preconstitucional porque, claro está, aún quedaba más de un año para votar la propia Constitución).
Por ello concluimos que, implícitamente, el autor reconoce que la retirada de elementos ensalzadores del franquismo es necesaria, e incluso nos atrevemos a decir que considera favorable la ley en este aspecto, pero que no está de acuerdo en el momento en que se realiza. Esto entronca con los postulados defendidos por buena parte de la derecha política española, que utiliza un doble discurso: si esta ley se hubiese dado al inicio de la Transición hubiera sido un ejemplo más de concordia y consenso, pero ahora es innecesaria y revanchista. Pues nosotros opinamos que, si bien todo es matizable y mejorable, algo que estaba pendiente es absurdo demorarlo en el tiempo pues de lo contrario las heridas seguirían supurando a perpetuidad. Y prueba de ello es la contradicción de Valderas, donde se eliminó el monumento pero la plaza sigue llevando el nombre del icono fascista español.