lunes, 14 de febrero de 2011

Una contribución a las memorias, por José Cabañas

El año pasado se presentó el libro en Valencia de Don Juan.
La Bañeza 1936. La vorágine de julio.


“Ánimo, energía y mucha suerte” me deseaba a la altura de marzo de 2009 la hispanista británica Helen Graham “en mi trabajo a favor de la recuperación de las historias y memorias perdidas”, en el texto manuscrito que acompañaba el envío de un ejemplar de su excelente y recomendable libro Breve historia de la guerra civil, y añadía “preferir el plural” a propósito de aquéllas.


Un año más tarde ponía yo fin al primer volumen de mi trabajo La Bañeza 1936. La vorágine de julio. Golpe y represión en la comarca bañezana, modesta pretensión de aflorar otra historia y otra memoria: la del golpe militar del 18 de julio y la de los republicanos represaliados por haberlo sido en los pueblos que antaño compusieron el Partido Judicial de La Bañeza, y en el mismo acopiaba de reconocidos especialistas afirmaciones como las siguientes: “Hay pasados que no necesitan de memoria porque ya están recogidos en el presente (el pasado de los vencedores) y otros (los olvidados) que claman por su presencia” (Reyes Mate, profesor del Instituto de Filosofía del CSIC). Aún nos resta conseguir que “todas las memorias de los daños sufridos, todos los relatos y recuerdos de la guerra civil, todas las experiencias traumáticas de aquella contienda convivan en un espacio simbólico de duelo, en una «moralidad desolada» y una memoria compartida, compasiva y piadosa, como la que ejemplifica la trágica figura de Antígona” (Jordi Fanés Ibañez). La democracia, en su fragilidad, requiere para vivir el acceso de los ciudadanos al conocimiento histórico, única garantía de respeto a la pluralidad de memorias, que les permite la adquisición de criterios propios y los hace civilmente más sabios y, por lo tanto, más libres. (Javier Rodríguez González, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de León).

Con la idea de contribuir a recuperar aquellas historias y memorias preteridas, a trasladarlas de los ámbitos familiares y privados a los públicos en los que por fin puedan compartir espacio con las otras, emprendimos después de publicado el libro a mitad de abril una ronda de presentaciones que nos llevó a Coyanza el pasado 5 de junio, donde a la satisfacción de volver con el sencillo fruto de nuestro trabajo al lugar en el que iniciamos nuestra formación hace ya tantos años sumamos la de hacerlo arropados por la compañía de tantos y tan magníficos amigos y compañeros, comprometidos militantes socialistas la mayoría de ellos y de ellas, de vieja y arraigada estirpe algunos y otros savia nueva y entregada al ideal por el que en tantos lugares tantos y tantas inocentes fueron muertos: Los hermanos José y Pedro Pérez Guayo, memoria viva del socialismo y de sus luchas en la comarca coyantina; Hortensia, mi paisana, enraizada en familias que profesaban su convicción hasta el extremo de nombrar a sus vástagos Libertad o Armonía, con el añadido Socialista; Enrique Santervás, el regidor de Izagre, donde socialistas fueron nueve de los once bañezanos asesinados en octubre de 1936; Javier Revilla, experto historiador que tan útiles aportaciones allí nos hizo sobre el tan desconocido Campo de Concentración de Prisioneros de Valencia de Don Juan; Fernando González, solidario siempre; Jorge Mateos, entusiasta activista de mejores mundos que ganar; María Vázquez, digna sucesora de su antepasado José Estravís Vidal, afiliado a la UGT y a las Juventudes Socialistas de mi pueblo, Jiménez de Jamuz (que es el de origen de su familia), y asesinado a los 21 años por ello en septiembre del 36 con otros doce convecinos, poco antes de que en Villamañán asesinaran a primeros de noviembre a otros dos de sus correligionarios y paisanos de un pueblo en el que nos resultó especialmente grato conocer como el arraigamiento socialista llegó a manifestarse en la existencia, además de la Casa del Pueblo y de las Juventudes, de una Agrupación Socialista (“la de los mayores”) y otra Infantil a la que pertenecían buena parte de los y las adolescentes del lugar, algo que igualmente sucedía en el vecino Castrocalbón.

Como un éxito vivimos la nutrida afluencia de interesados en nuestro libro a la sala de la Casa de Cultura en la que lo presentamos, notablemente mayor que la que se viene dando en otros actos… Y es que la distribución de la obra no está corriendo pareja con la profusión de parabienes, buenas críticas y reconocimientos cosechados, también entre una extensa pléyade de prestigiosos historiadores de variadas latitudes… Por cierto que con ocasión de la misma creemos estar encontrándonos materializado algo a lo que también en él hemos aludido: “…la todavía muy arraigada presencia aquí de las dos grandes comunidades de memoria generadas con la contienda del 36, separadas y compitiendo entre sí, con una evidente grieta sobre el pasado reciente, con sus propios y duraderos patrones de memoria colectiva, con sus particulares y excluyentes pautas de recuerdo y con sus respectivas conformaciones por negación de la otra…”

Nos parece significativo que un libro como este, elaborado con una clara y decidida intención divulgativa de la historia y la memoria hasta ahora postergadas y con el especial empeño de ser riguroso y honesto en lo tratado; que toma partido por las víctimas frente a los verdugos, y del que algunos lectores han señalado “el corazón que lo anima en cada página y el apasionamiento exento de partidismo que lo impregna”, esté siendo eludido y soslayado por personas y entidades que se adscriben en exclusiva a una de aquellas comunidades de memoria, precisamente la todavía atrincherada en el ejercicio de un guerracivilismo más activo de lo que pueda a veces parecer y que, en una especie de proyección, con facilidad y presteza achacan a la izquierda, lo que desde luego les evita la posibilidad de cuestionarse sus certezas, les exime de interrogarse sobre la solidez de sus creencias, y les mantiene en esa parte de la población que sigue desconociendo lo ocurrido y que además prefiere no saberlo.

Como extremada y significativa muestra de esa derecha (e incluso de un sector de la izquierda desleída) que sigue cuestionando la necesidad de dar a conocer y difundir la represión franquista (algo sobre lo que también versa nuestro libro) no me resisto a mostrar lo sucedido cuando a finales del pasado mes de mayo lo presentamos en la Feria del Libro de León: Se presentaron allí a lo largo de dos días “cuatro obras de temática y autores bañezanos”, y cuando el veterano y católico semanario de la localidad El Adelanto, informó de ello al cabo de unas fechas, congratulándose y en primera plana, no hizo mención alguna a la única de ellas que incluso porta en su título el nombre de La Bañeza …

En cuanto a la represión, sírvanos este escrito para acercar la memoria de algunos coyantinos represaliados en febrero de 1937 “por su pertenencia a la Comisión Gestora y al Frente Popular” de la villa, de los que hace poco conocimos: Román Martínez Gorgojo (apodado Macareno), de 37 años y viudo, hortelano, socialista y de UGT, condenado a multa de 2.500 pts. y a 23 años de prisión en León y en el Fuerte de San Cristóbal de Pamplona, donde fue muerto por la fuerza pública después de participar en la masiva fuga del 22 de mayo de 1938. Con él fueron entonces detenidos en San Marcos y liberados y “sancionados económicamente” días más tarde: Justo Ortega Casado, de 48 años, casado, chocolatero, natural de Villamañán; Francisco Pérez Gallego, de 27 años, casado, albañil, del Centro Obrero Socialista; Urbano Mallo Andrés, de 29 años, soltero, de Izquierda Republicana; Benito Gallego Millán, de 50 años, casado, viajante, de I.R.; Carlos Herrero Lagarto, de Sahagún, de 30 años, casado, viajante, de I.R.; Enrique Muñoz Pérez, de 29 años, casado, abogado; Aurelio Chamorro Ribado, natural de León, de 33 años, casado, Perito Mercantil, de I.R.; Graciano Melón Blanco, de 30 años, casado, sastre, de I.R.; Cruz Pérez Barrientos, de 40 años, soltero, camarero, de I.R.; Claudio Muñiz Pérez, de 28 años, soltero, sastre, de I.R.; Mariano Pérez del Campo, natural de Palencia, de 40 años, casado, carpintero, de I.R.; Policarpo García Fernández, natural de Gordoncillo, de 35 años, casado, panadero, de I.R.; Teodosio Garrido Gutiérrez, de 30 años, soltero, dependiente, de I. R.; Simón Alonso Miguelez, de 29 años, casado, comerciante, de I.R., y Lisardo Bermejo López, natural de Palazuelo de Estouza, de 36 años, casado, electricista, de I.R. El Consejo de Guerra que juzgó a final de mayo de 1937 a Román (Sumario 231/37) condenó también a Juan García Honrado, Germán Rodríguez Datas, Pedro Ramos Fernández, Andrés Alonso García, Guillermo Gómez Cubillas, y Calixto Castro Mayo a 30 años de reclusión, penando los cinco primeros en la prisión de Figuerido, y el último en la de Astorga y en la isla Penal de San Simón.

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