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lunes, 20 de abril de 2009

Las manifestaciones en contra de la ley del aborto

Religión y política, no deben confundirse

Durante estos días pasados hemos celebrado la Semana Santa, para unos periodo de vacaciones, para otros periodo de celebraciones religiosas.

Pero esta Semana Santa ha sido diferente, las manifestaciones en contra de la reforma de la ley de interrupción voluntaria del embarazo, propuesta por la ministra Bibiana Aído (Ministerio de Igualdad), se han entrelazado con los actos religiosos que, a mi modo de entender la Semana Santa, nada tienen que ver.

Entiendo correcto cualquier acto de libre expresión, pero lo que no puedo comprender es que dichos actos vengan de personas que representan a una institución publica. Me estoy refiriendo a los concejales del Partido Popular, entre ellos algunos de nuestra localidad, Valencia de Don Juan, que estos días han lucido el polémico LAZO BLANCO en las procesiones.

Si tienen la necesidad de expresar sus ideas, que lo lleven a cabo cuando no estén en un acto oficial o religioso, pues representan al pueblo y esta expresión tiene más que ver con posicionamientos personales.

Esta ley, que ahora se plantea actualizar para otorgar más derechos a las mujeres, no es nueva, lleva vigente desde 1985 y, en concreto, 8 años bajo el gobierno de los populares, en los cuales dicha ley no se derogó: ¿Cuál es el motivo para que ahora desde la oposición mantengan una postura ante la ley tan contradictoria?

lunes, 9 de marzo de 2009

San Andrés del Rabanedo, junto a La Bañeza, un municipio moralmente pionero

 Bienvenida a la comunidad, alternativa a la imposición de la moral por parte de la Iglesia
"El Ayuntamiento de San Andrés del Rabanedo celebró ayer el primer acto de «Bienvenida a la comunidad»...

La primera edil se dirigió al menor, señalando: «Hoy te damos la bienvenida y te acogemos en nuestra sociedad, una sociedad libre y democrática. Lo hacemos en la esperanza de estar ante un nuevo ciudadano, que en un futuro no muy lejano, contribuirá a su crecimiento y a su consolidación, basándose en el respeto a la dignidad de las personas, la libertad, la igualdad y la solidaridad; con el compromiso de tus padres, aquí presentes, en educarte en esos valores que te convertirán en un ciudadano libre e igual en derechos y deberes»...

La «Declaración Universal de los Derechos de los Niños» sirvió de base en la intervención de Gancedo. Este documento recuerda que el niño, para el pleno desarrollo de su personalidad, necesita amor y comprensión y que, por ello, deberá crecer al amparo y bajo la responsabilidad de sus padres y, en todo caso, en un ambiente de afecto y de seguridad moral y material. Esta ceremonia de bienvenida a la comunidad pretende recordar el derecho del niño a recibir educación, gratuita y obligatoria, que favorezca su cultura general y le permita, en condiciones de igualdad de oportunidades, desarrollar sus actitudes y su juicio individual, su sentido de la responsabilidad moral y social y llegar a ser un miembro útil de nuestra sociedad..." Diario de León, 8 de marzo de 2009

sábado, 11 de octubre de 2008

Rebelémonos contra la pobreza. Seamos autocríticos.



Autocrítica
"De rodillas", Manuel Rivas en El País, 4 de octubre
"En España casi todo comienza y termina con una misa. Si un día se celebrase un Congreso de Ateos, no debería faltar el cardenal Rouco. La Constitución española tiene como viga maestra la imparcialidad de la Justicia y la igualdad de todos ante la Ley. Pero, como en la época del arzobispo Vélez, autor de El preservativo (de la fe), la primera autoridad judicial ha de arrodillarse ante el poder religioso en la llamada Misa de Apertura Judicial. Es algo que se repite en otros ámbitos, que impregna todo el Estado, e incluso el sistema de enseñanza, y que debiera llevarnos a tener la vergüenza de enunciar como primer artículo constitucional la paradoja de Epiménides: "Todos los cretenses son unos mentirosos". Por supuesto, Epiménides, poeta y filósofo, era cretense. Me cuentan la historia de un párroco que comentó con amargura desde el púlpito: "¡Este pueblo ha perdido la fe!". Y entonces, de entre los fieles, surgió una recia voz de apoyo: "¡De aquí no sale nadie hasta que aparezca!". Pues así estamos. No en un Estado laico, ni siquiera aconfesional, sino en un Estado de Espera por la Fe. La Iglesia, sus dirigentes, sus pastores y heraldos mediáticos, han llegado a hablar de "persecución" por el actual Gobierno. En los últimos años, los obispos se echaron a la calle, convocando grandes marchas en los que El Enemigo era un diablo cejijunto y de orejas picudas con un asombroso parecido al actual presidente. En ese período, el Gobierno socialista incrementó en millones de euros la asignación directa estatal a la Iglesia católica, por encima del anterior Gobierno conservador. El Estado paga también unos 40.000 profesores de religión católica en la enseñanza pública y concertada. Mientras tanto, la Iglesia y su partido afín hacen todo lo posible para boicotear la enseñanza de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que es el núcleo central de Educación para la Ciudadanía. ¡Viva Epiménides!"

miércoles, 2 de julio de 2008

Fin de curso en el Instituto de Educación Secundaria Fernando I

Jubilaciones en el IES

El viernes día 27 de junio el Instituto de Educación Secundaria de Valencia de Don Juan celebró su final de curso y como es habitual cuando la ocasión lo requiere, esa celebración tuvo carácter de despedida de cuatro trabajadores del centro, algunos de los cuales habían superado los veinte años de permanencia en el mismo.

En la foto que adjuntamos aparecen los homenajeados escuchando las palabras de agradecimiento y de despedida del director del centro César Felipe Martínez Morán. De izquierda a derecha son César Sánchez, profesor de Ciencias Naturales, Eutiquio Caballero, profesor de Religión, Isabel García, de la plantilla de personal subalterno, y José Carlos Nieto, profesor de Educación Física.

Enhorabuena a los cuatro junto con el deseo de que puedan disfrutar de su jubilación durante muchos años.

Sierva -esclava- de Dios durante 55 años

"Son estas dos Hermanitas de los Ancianos Desamparados las más antiguas del asilo poleso, el que fundó don Florencio Rodríguez y que fue inaugurado el 10 de febrero de 1986. Son ellas sor Lidia y sor Isaura, una leonesa y otra orensana, las únicas monjas supervivientes que aquí quedan después de aquel pavoroso incendio, el que arrasó los edificios en la noche del 13 y 14 de noviembre del año 1965. También las mismas hermanas, a las que les tocó vivir el desastre ocurrido en una tarde del año 1991, cuando inesperadamente y por sorpresa se derrumbó gran parte de las viejas instalaciones.

Es sor Isaura Blanco Verísimo la de más edad, con 85 años, la que fue destinada a la Pola en el año 1962. Natural de un pueblo de la provincia de Orense llamado Melón Alto y perteneciente al Ayuntamiento de Esgos, en el camino de Maceda y Trives.

Sor Lidia Lozano González es la que más años lleva en Pola de Siero, desde el 1953. Nada menos que 55 años de su vida. Nativa de un pueblo de la comarca de Los Oteros y del partido judicial de Valencia de Don Juan. (...)

La cocina es el lugar que regenta sor Lidia (después de haber estado también muchos años trabajando en la vaquería, atendiendo las cuadras de los animales). Y me dice:

-Llegamos a tener hasta ocho vacas y las hubo muy buenas de leche. Recuerdo que hasta nos tocó una que sorteaba Biona y nos vino muy bien.

En un cartel se anuncia el menú para la comida y para la cena, el que se servirá a 120 ancianos y a las doce hermanitas. (Para el mediodía: arroz blanco, ternera con callos y de postre tarta y yogur. Para la noche: sopa y pescaditos fritos). Al leerlo se me advierte:

«Aquí se cambia todos los días de menú, para que nadie se canse». Excelente detalle.

Nos recuerdan estas dos hermanas aquellos años difíciles y lejanos, cuando tenían que salir por los pueblos en busca de limosnas y donativos. Sor Lidia llegó pidiendo hasta Benavente y sor Isaura hasta Santander. Y así surge alguna anécdota.

-Una vez en Cabezón de la Sal, en Santander, nos invitaron a comer una familia y ya sentadas en la mesa observamos que no había platos. Nos sirvieron nada más que pan duro, ya que no tenían otra cosa.

Oímos de todo. En otra ocasión una mujer nos dijo cuando fuimos a pedir: «Ustedes viven mejor que yo porque tienen bañera y yo no la tengo en mi casa».

Era necesario caminar mucho y en concejo había poco para dar aunque quisieran. En los tiempos del hambre hasta un cura nos preguntó: «¿Verdad que ustedes deben comer bien? Porque veo que tienen la cara muy fina».

Interrumpe con alegría un anciano, Valeriano, que llega a la cocina con una caja de arbeyos para sor Lidia. Vive en el asilo con su mujer y se distrae cultivando una huerta dentro del recinto. Todo lo que se aporta es bueno, especialmente cuando se consigue sin salir de la casa.

También estas dos hermanitas recuerdan al primer anciano que tuvieron de pago. Percibía de mensualidad entonces mil pesetas. Y algo grande fue cuando don Manuel, aquel americano que había estado en Cuba, les compró con sus ahorros la pomarada de la parte de atrás del edificio. Hoy es un vergel verde, con plantas, flores, arbolinos y bancos, un lugar ideal para tomar el sol y el aire los ancianos. En este asilo de Pola de Siero todo resulta sorprendente y maravilloso.

Sor Lidia nos hace una indicación muy oportuna en la misma cocina:

-Aquella freidora lleva treinta litros de aceite. Aquí siempre necesitamos cantidad de aceite de oliva. Nos lo traen para San José y los que se van a casar acostumbran a ofrecer una o dos docenas de huevos frescos a Santa Clara.

Al salir del asilo de la Pola se me ocurre una idea. Creo que los sierenses debemos un homenaje entrañable y de agradecimiento a sor Isaura y a sor Lidia. Merecen ser nombradas hijas adoptivas del concejo después de trabajar por nuestros ancianos durante 46 y 55 años, respectivamente. Con amor, vocación y con la mayor caridad del mundo. Queda dicho y espero sea oído." La Nueva España, martes
1 de julio de 2008.

jueves, 5 de junio de 2008

Con la Iglesia, nuevamente, hemos topado

Hipocresía sacrosanta

"¿El Dios del sufrimiento?" Peter Singer, El País, 1 de junio de 2008, pág. 35
"(...) Vivimos en un mundo creado por un dios todopoderoso, omnisciente y absolutamente bueno? Los cristianos así lo creen. No obstante, todos los días nos enfrentamos a un motivo poderoso para dudarlo: en el mundo hay mucho dolor y sufrimiento. Si Dios es omnisciente, sabe cuánto sufrimiento hay. Si es todopoderoso, podría haber creado un mundo sin tanto dolor, y lo habría hecho si fuera absolutamente bueno.

(...) El mes pasado, en la Universidad de Biola, una escuela cristiana en el sur de California, debatí la existencia de Dios con el comentarista conservador Dinesh D'Souza. En los últimos meses, D'Souza ha insistido en discutir con ateos prominentes, pero a él también le costó trabajo encontrar una respuesta convincente al problema que he descrito.

Primero dijo que puesto que los seres humanos pueden vivir eternamente en el cielo, el sufrimiento de este mundo es menos importante que si nuestra vida en este mundo fuera la única que tuviéramos. Eso sigue sin explicar por qué un dios todopoderoso y absolutamente bueno lo permitiría. Por insignificante que sea este sufrimiento desde la perspectiva de la eternidad, el mundo estaría mejor sin él, o al menos sin la mayor parte de él. (Algunas personas afirman que necesitamos algo de sufrimiento para apreciar lo que es ser feliz. Tal vez, pero ciertamente no necesitamos tanto).

A continuación, D'Souza adujo que como Dios nos dio la vida, no estamos en condiciones de quejarnos si no es perfecta. Utilizó el ejemplo de un niño nacido sin una pierna. Dijo que si la vida en sí misma es un don, no se nos hace un daño si recibimos menos de lo que podríamos desear. En respuesta, señalé que nosotros condenamos a las madres que dañan a sus bebés mediante el uso de alcohol o cocaína durante el embarazo. No obstante, ya que le dan la vida a sus hijos, parece que según la opinión de D'Souza lo que hacen no tiene nada de malo.

Por último, D'Souza recurrió, como lo hacen muchos cristianos cuando se les presiona, a la afirmación de que no podemos esperar entender los motivos de Dios para crear el mundo tal como es. Es como si una hormiga tratara de entender nuestras decisiones, por lo insignificante que es nuestra inteligencia en comparación con la infinita sabiduría de Dios. (Ésta es la respuesta que se da de forma más poética en el Libro de Job). Pero una vez que abdicamos así de nuestra capacidad de raciocinio, bien podemos creer lo que sea.

Además, la afirmación de que nuestra inteligencia es insignificante en comparación con la de Dios presupone exactamente el punto que se está debatiendo: que existe un dios omnisciente, omnipotente y absolutamente bueno. Las evidencias que tenemos ante nuestros propios ojos indican que es más razonable creer que el mundo no fue creado por dios alguno. Si de cualquier forma insistimos en creer en la creación divina, nos vemos obligados a admitir que el dios que creó el mundo no puede ser todopoderoso y absolutamente bueno. O es malvado o no es muy hábil."


"Máscaras fueras", Santos Juliá, pág. 12 del suplemento DOMINGO de El País, 1 de junio de 2008

"Para acabar de enredar las cosas, resulta que Madrid es sede de la Conferencia Episcopal Española, propietaria de una cadena de radio que se ha trazado también como objetivo de su misión divina lo mismo que el director de El Mundo de su combate terrenal: aupar y derribar gobiernos. En ningún lugar del mundo puede un radioyente escuchar a un periodista crecientemente sulfurado insultar a una serie de políticos: ¡ratas, ratas, ratas, que sois unos ratas!, ¡miserables, mentirosos!, ¡que sois todos unos ratas miserables y mentirosos! y, a renglón seguido, sin solución de continuidad, las dulces y melifluas notas de una musiquilla celestial convocando a los feligreses a celebrar un triduo a la Virgen Santísima de la Almudena. A eso se llama estrategia de confrontación bañada en la pila del agua bendita, quintaesencia de la impostura clerical.

Unidos en el mismo empeño, la emisora y el periódico se han propuesto, por decirlo rápidamente, cargarse a Rajoy. La embestida es tan brutal y, a la vez, tan medida, que quedará en los anales de la historia del periodismo como un caso único de relación entre medios de comunicación y poder político. Único, porque, con todo lo que ya ha caído, un destacado dirigente del PP se pone al servicio de esta estrategia de polarización, que exige lanzar un torpedo cada lunes por debajo de la línea de flotación de su actual líder, y publica una pieza con el exclusivo propósito de reforzar la maniobra periodístico-episcopal. La incomprensible audacia de Gabriel Elorriaga añade una página más a esta historia de la perversa relación que mantienen con los medios de comunicación los políticos que ejercen su oficio en Madrid.

(...) O sí, quizá haya una: que Ramírez y Losantos, Rouco y Cañizares se despojen de sus máscaras de periodistas y cardenales y salten de una buena vez como actores políticos de primer rango al centro de este teatro de la política madrileña, sostenidos en la probada habilidad táctica de Aguirre y Elorriaga. Ése sí que será un equipo indestructible en el que encontrará el Partido Popular el bálsamo para todos sus quebrantos y dolores."

"Ensoñaciones laicas", Javier Pradera, pág. 12 del suplemento DOMINGO de El País
"(...) La paranoide reacción del cardenal Cañizares ante la noticia de la próxima modificación de la breve ley 7/1980 -promulgada dos años y medio después de aprobada la Constitución- ilustra la agresividad rampante de la Conferencia Episcopal: "Tratan de erradicar nuestras raíces cristianas más propias para avanzar hacia la laicidad".

La madre del cordero son las cuatro secciones del tratado internacional firmado en enero de 1979 entre España y la Santa Sede para modificar el régimen concordatario. Las exenciones fiscales y las ayudas económicas a la Iglesia, las subvenciones a los centros religiosos concertados y la oferta obligatoria de la catequesis católica en los colegios públicos son algunos de los asuntos en juego. La voracidad de la Iglesia convierte en sagradas cuestiones de principio sus conflictos temporales con el Estado: desde el aseguramiento de los privilegios materiales y simbólicos hasta el derecho a vetar las normas que contradigan a su juicio la ley natural de la que sería la exclusiva intérprete.

La Conferencia Episcopal ha exhibido una belicosa intolerancia -manifestada en las calles y en las ondas- contra la política socialista: el matrimonio homosexual, el divorcio exprés, la catequesis católica y el régimen de su profesorado, las investigaciones con células madre, la educación para la ciudadanía, etcétera. Ni la prodigalidad presupuestaria del Gobierno con la Iglesia ni su medroso abandono de la regulación del aborto y la eutanasia le sirvieron durante la pasada legislatura para saciar el apetito de la omnívora cofradía. Esa lección debería enseñar a los socialistas la inutilidad de ceder ante las insaciables exigencias del poderoso grupo de presión episcopal, que esgrime además como escudo protector de sus dobles lealtades ciudadanas un tratado internacional entre el Reino de España y un Estado extranjero. "

jueves, 24 de abril de 2008

Federico Jiménez Losantos, el vil comunicador

El escatológico periodista centra ahora sus diatribas en Mariano Rajoy y su nuevo equipo

Hablamos de Federico Jiménez Losantos, el "comunicador estrella" de la COPE (Cadena de Ondas Populares Españolas), emisora de radio cuya titularidad depende de la Conferencia Episcopal.

Desde que Mariano Rajoy anunciara su voluntad de presentarse a la reelección de la presidencia del Partido Popular, el turolense, singular y nocivo personaje donde los haya, ha desplegado su panoplia de adjetivos peyorativos y su arsenal de insultos contra el líder popular y su portavoz parlamentaria, Soraya Sáez de Santamaría.

La beligerante actitud de este periodista respecto a cualquier político que disienta mínimamente de sus montaraces posiciones, su deliberado falseamiento de la realidad y su iracunda determinación de dividir a los españoles en buenos y malos le asemeja a aquellos periodistas del año 1936 en Panamá que, influenciados por opulentos emigrantes españoles, se dedicaban a tergiversar las trágicas informaciones que llegaban desde España, convirtiéndose en activistas de la causa de los sediciosos y en detractores de la legalidad republicana.


El poeta zamorano León Felipe, que se encontraba impartiendo clases de literatura y civilización españolas en Panamá -enviado por una de las juntas culturales auspiciadas por el Estado republicano- decidió regresar a España donde le esperaban "la guerra y la verdad". Preparó una alocución radiofónica Goog Bye, Panamá el primero de septiembre de 1936, palabras de despedida que León Felipe no pudo pronunciar al ser vetado en los medios de comunicación. Hoy las recatamos aquí para definir el periodismo de Federico Jiménez Losantos:

“En estos dos meses que va a tener ya de vida y de muerte la tragedia de España no sólo se ha abusado de la retórica difamatoria sino que se ha creado hasta una difamación especial. Todos los grandes momentos históricos han originado siempre una expresión bárbara, de gestos agresivos, de palabras injuriosas y de gritos desaforados. Y cualquier necio, con unas fauces de energúmeno, se ha subido siempre al primer banco de la plaza pública para ofrecerle una oratoria enconada y purulenta al mejor postor.

Pero hoy con la radio, sin censura, sin escrúpulos y sin pudor, todos los mastines que saben ladrar bien se han convertido en speakers y no sólo propalan con sus aullidos noticias falsas e ignominiosas, sino que las comentan y hasta filosofan y moralizan sobre ellas.

Este oficio vil y monstruoso que ha nacido con la radio tiene ya un nombre simbólico y vergonzoso en la ciudad de Panamá. Con este nombre se designa el acto de ladrar ante un micrófono calumniando los hechos dramáticos de unos hombres que bien podrían cambiar los destinos del mundo y frente a los cuales el historiador de hoy y de mañana guardará una actitud severa, meditativa y reverente. Este nombre implica, además, estulticia, temeridad, venalidad, y soborno del comercio y de la Iglesia. Es siempre un acto ejecutado por un energúmeno a quien si la radioescucha pudiese ver cuando ladra ante el micrófono, observaría que en las comisuras de su hocico hay una baba negra y amarilla.

Los gobiernos y la policía urbana creen que esto es un derecho que tiene todo hombre a expresar sus ideas y que en nombre de la democracia este derecho no se puede prohibir. Yo creo, sin embargo, que el día en que se organice la verdadera sociedad humana, este oficio del speakaer tendrá todas las prerrogativas del viejo sacerdote, del maestro y del poeta. Vendrá una era a la historia -¿por qué no?- en que no existan periodistas venales que hagan pasar por docta su palabra necia y en que las estaciones de radio no estén ya a cargo del que ladre mejor (...)”.

jueves, 14 de febrero de 2008

El Partido Popular y la Memoria Histórica

Su cínica mirada hacia el pasado

En declaraciones a RNE a finales del mes de enero, el candidato del Partido Popular a la Presidencia del Gobierno, Mariano Rajoy, se despachaba de este modo en referencia a la Ley de Memoria Histórica: "es un error descomunal (…) no sirve para nada (… y) sólo genera enfrentamientos (…) Se lo dice alguien que tiene que ver con el franquismo lo mismo que con China (…) La principal preocupación de los gobernantes deberían ser los sueldos, en lugar de dedicarnos a la Memoria Histórica, las naciones y estas historias (…) la gente de la calle está más en las cosas de comer que en otras filosofías".

Rajoy no quiso entrar a valorar otras declaraciones del europarlamentario del PP Jaime Mayor Oreja al periódico La Voz de Galicia, en las que a la pregunta ¿no considera pertinente condenar el franquismo? contestó: "No, por muchas razones. ¿Por qué voy a tener que condenar yo el franquismo si hubo muchas familias que lo vivieron con naturalidad y normalidad? (…) Algunos dicen que las persecuciones en los pueblos vascos fueron terribles, pero no debieron serlo tanto cuando todos los guardias civiles gallegos pedían ir al País Vasco. Era una situación de extraordinaria placidez (… el franquismo) forma parte de la historia de España (…) Como voy a condenar lo que, sin duda, representaba a un sector muy amplio de españoles".

Estas declaraciones no hacen sino corroborar el continuismo que sectores del PP hacen del franquismo, precisamente los grupos más ultraconservadores que se están imponiendo a los centristas tanto a la hora de configurar las listas electorales como de lanzar las propuestas programáticas del Partido Popular.

Y es que, en el asunto de la Memoria Histórica, una parte del PP no puede evitar el odio hacia la extensión de los reconocimientos públicos a la mitad de España que quedó postergada al olvido e injustamente discriminada respecto a los vencedores de la guerra. La Ley de Memoria Histórica trata de eso, ni más ni menos.

En otra ocasión había dicho Rajoy, con su habitual cinismo y sarcasmo, que no hay que mirar atrás porque “en realidad lo único que encontrará son españoles desdichados por igual”. No es verdad, pero no voy a entrar a valorar esta equidistancia que plantean ciertos sectores del PP para tratar de equiparar y en último caso, negar. Lo que quiero traer hoy aquí es precisamente ese cinismo del PP a la hora de adscribir la reapertura de heridas exclusivamente a la izquierda.

Miren, el 28 de octubre de 2007 la Iglesia Católica beatificó a 498 “mártires que dieron su vida por amor a Jesucristo en España durante la persecución religiosa de los años treinta del pasado siglo XX”. Algunos pondrían muchas objeciones a dicha beatificación, pero yo no voy a hacerlo porque considero que debe respetarse como decisión de las jerarquías religiosas de Roma. No conozco los “motivos” que llevaron al asesinato de dichas personas, pero los condeno de manera rotunda pues nada los justifica. Lo que no entiendo es como una organización religiosa, y que por ende debiera ser apolítica, se permite seleccionar y beatificar sólo a los asesinados por la represión del llamado bando republicano, cuando se dieron también bastantes casos de curas asesinados por los alzados o nacionales. Tampoco estaría de más que la Iglesia hiciese reflexión sobre los muchos religiosos que apuntaron con el dedo para ordenar fusilar o pasear, o ensalzase públicamente a los obispos o sacerdotes que suplicaron y pidieron por la no ejecución de personas de izquierdas, salvando a muchos y siendo desoídos también en numerosas ocasiones.

Pero vuelvo al tema que me ocupa, y es, reitero, el cinismo de los populares, poniendo un ejemplo cercano como muestra de que muchos de ellos llevan puesto un retrovisor en el que sólo siguen viendo a los caídos por Dios y por España. De aquellos casi 500 beatificados, dos eran oriundos de la localidad leonesa de Castilfalé, los cuales, ante el anuncio de Roma, fueron declarados hijos predilectos en Asamblea Vecinal el 24 de noviembre. El 11 de diciembre de 2007 se les dedicó un monolito en la plaza Mayor de la localidad, previa celebración de un acto institucional en el Ayuntamiento y una misa en la parroquia.

A estos últimos actos acudieron los siguientes cargos públicos del Partido Popular: Eduardo Fernández, Delegado Territorial de la Junta de Castilla y León; Antonio Silván, Consejero de Fomento de la Junta de Castilla y León; Juan Martínez Majo, alcalde de Valencia de Don Juan y entonces Presidente en funciones de la Diputación de León; los procuradores en las Cortes de Castilla y León Javier García-Prieto, Ana Rosa Sopeña y Concepción Mallo; la alcaldesa de Castilfalé, Purificación del Valle.

Los asesinatos de los carmelitas Ovidio Fernández Arenillas y de Nazario del Valle González pueden y deben condenarse. Lo ha hecho la Iglesia, como confesión religiosa a la que servían. Lo ha hecho el Partido Popular a través de instituciones (Ayuntamiento de Castilfalé) y de sus cargos públicos. Nadie les criticó por convocar aquellos actos. Nadie acusó a la alcaldesa, sobrina de uno de los represaliados, de utilizar a la institución que preside, ni si quiera se le criticaron frases como la que dijo en el propio Ayuntamiento: “en ese día tan especial en el que celebramos el reconocimiento oficial de la Iglesia al valor y compromiso con la Fe Cristiana”, a todas luces fuera de lugar en un Estado aconfesional. Se les respetó y se les respeta. Sólo se les pide ese mismo respeto y consideración hacia las familias que desean recuperar y honrar a sus víctimas del mismo modo, sin rencor y sin venganza.
I
Javier Revilla Casado.

martes, 12 de febrero de 2008

¿Una nueva pinza?

El Mundo, la Iglesia y el Partido Popular


Se puede decir que hemos entrado ya en la campaña electoral aunque teóricamente nos encontremos todavía en precampaña. Y quiero hacer un poco de historia de otras elecciones (que es lo que sabemos hacer los veteranos) dedicando de manera especial este artículo a los más jóvenes que han vivido menos períodos electorales que nosotros. Intento que veamos cómo se repite la historia.

El título se refiere a que en mi opinión se está fabricando en estas vísperas electorales una pinza que tiene algunas semejanzas con la que se produjo antes de las
elecciones generales de 1996. También existen importantes diferencias que vamos a comentar empezando por la primera de ellas: hace doce años las circunstancias eran mucho más difíciles para los socialistas y por eso la pinza tuvo éxito aunque mucho menor que los artífices de la conspiración esperaban. Ahora han cambiado muchas cosas y estamos seguros de que la “nueva pinza” va a fracasar.

Y ¿quién organizó, pensó y puso en marcha aquella pinza de los años noventa? El cerebro, o al menos el que reunió en su casa a los otros dos protagonistas de esa especie de conspiración, fue el director de El Mundo Pedro J. Ramírez. Completaron la terna José María Aznar y Julio Anguita por entonces máximo responsable y candidato de IU. Los tres se confabularon para “echar” a Felipe
González a quien no le perdonaron que les ganase por cuarta vez las elecciones en 1993 y comenzaron en seguida una operación de acoso y derribo que duró tres años durante los cuales demostraron que no habían digerido ni aceptado esa derrota que les sorprendió casi tanto como la del año 2004. Y esta es la primera semejanza entre aquella “pinza” y la que en mi opinión se está produciendo ahora.

¿Cuáles son las diferencias entre las dos situaciones? La primera y principal es que la de entonces estuvo totalmente organizada y de ella quedan documentos en las hemerotecas y sobre todo en un libro de Esther Esteban que la describe con todo lujo de detalles. El libro se titula El tercer hombre -el subtítulo es P.J. la pesadilla de
F.G.- y en él nos cuenta la autora cómo los tres personajes citados se confabularon derribar a un gobierno que, a pesar de todos sus posibles errores, era el que democráticamente habíamos elegido los españoles. De la pinza actual todavía desconocemos muchos de los detalles.

Otra diferencia es que ha desaparecido uno de los componentes debido a la situación tan distinta que vive la IU de Gaspar Llamazares con respecto a la de Julio Anguita. Pero ese vacío en la composición del “tridente” ha tenido un sustituto o unos sustitutos inesperados. Y digo inesperados ya que, aunque sabíamos del posicionamiento a la derecha que ha mantenido siempre la jerarquía de la Iglesia
española (y digo la jerarquía ya que como es sabido hay en España millones de católicos de izquierdas), nunca habíamos pensado que ese posicionamiento iba a ser tan claro como se expresa en la nota difundida el pasado día 30 de enero y que está dando lugar a tantos comentarios. Esa nota pide descaradamente el voto para el Partido Popular aunque después sus autores hayan tenido “el santo cinismo” de negarlo alegando que no nombran a ningún partido (la expresión entrecomillada no es mía sino del periodista Fernando Onega y fue pronunciada en el programa de televisión 59 segundos el miércoles día 6 de febrero). Tiempo habrá de comentar y/o rebatir el decálogo de los Obispos que llega a condenar las negociaciones con ETA cuando ellos mismos participaron en una parecidas en tiempos del gobierno de Aznar.

Es curioso también constatar cómo los otros dos componentes del trío del 96 continúan. El director de El Mundo sigue en su misma línea a pesar de que ahora no puede alegar contra Zapatero las acusaciones tan graves que hacía a Felipe sobre los GAL, el caso Roldán, etc. Cada día se inventa una argumentación nueva y basta ver los titulares de su periódico para comprobar que los dedica constantemente a hacer
campaña descarada a favor del PP y en contra del PSOE. Y no digamos nada de José María Aznar que sigue mandando e intentando dirigir el partido cuya presidencia supuestamente había abandonado hace años. El resultado es que tanto el diario citado como una parte de la Iglesia, están intentando formar con el PP una nueva pinza para desembarazarse de un gobierno que no atiende a sus exigencias en la medida que ellos quisieran.

La foto que acompaña este texto corresponde a la “ceremonia” de inauguración de la Redacción de El Mundo-La Crónica en Valencia de Don Juan el día 26 de octubre de 2001. Los que están a los lados del oficiante son los dos máximos responsables del periódico: José Antonio Cabañeros, destacado militante del PP e inexplicablemente director general de la publicación durante unos cuantos años (a la derecha de Salvador) y el director del periódico José Luis Estrada que lo sigue siendo en la actualidad. Posiblemente se trate de una coincidencia, pero desde luego es toda una premonición de lo que estamos viendo ahora. Esperemos que la pinza formada por el PP, El Mundo y la jerarquía de la Iglesia no sea capaz de estrangularnos.

Alberto Pérez Ruiz

viernes, 11 de enero de 2008

Perte de la Iglesia sigue con su cruzada (II)

"Ruidos de sotanas"

Reproducimos a continuación una columna que hoy aparece en la contraportada del Diario de León, al hilo de lo acontecido el pasado 30 de diciembre en la plaza de Colón de Madrid, ya saben, la concentración en favor de la familia cristiana organizada por la Archidiócesis de Madrid a cuyo mando se encuentra el Cardenal Rouco Varela. Este artículo lo firma Antonio Casado:

"Gracias a José Blanco, número dos del PSOE, muchos españoles, y sobre todo muchos votantes tibios de la izquierda, han entrado en un debate de particular motivación para ellos siguiendo el ruido de las sotanas y las ocurrencias verbales del tridente cardenalicio español (Rouco, Cañizares y García Gasco). No sólo Blanco. El ministro Fernández Bermejo, el portavoz López Garrido, el presidente Zapatero, y hasta Juan Luis Cebrián se han sumado a la reyerta de la jerarquía católica española con el Gobierno de la Nación.

Una mirada severa hablaría de conflicto entre la Iglesia y el Estado, pero de momento la polémica no pasa de ser algo mucho más barato. Dejémoslo, pues, en reyerta pre-electoral entre socialistas y obispos. Los primeros, con la mirada puesta en las elecciones generales del 9 de marzo. Los segundos, pendientes de su propio proceso electoral, que es previo, pues están convocados para renovar la dirección del Episcopado el 4 de marzo. Ese caldo de cultivo aporta las claves para descifrar esta controversia, que tiene mucho de artificial.

El derecho a opinar, recostado en la libertad de expresión constitucionalmente reconocida a todos los ciudadanos, incluidos los clérigos, por supuesto, habilita a los obispos para anunciar el final de la democracia o la quiebra de los derechos humanos en España si el anticristo, encarnado en Rodríguez Zapatero, sigue reinando desde el Palacio de la Moncloa. Parece una exageración pero también los obispos tienen derecho a exagerar en la libre expresión y difusión de sus pensamientos, sus ideas o sus opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción. Faltaría más. Sin embargo, en el uso del mismo fuero, que no sólo es de los clérigos sino de todos y cada uno de los ciudadanos, incluidos los ministros y los secretarios de Organización del PSOE, los obispos han de estar dispuestos a poner la otra mejilla si alguien censura a la Iglesia española por haber impuesto el crucifijo en las escuelas, aceptar cargos militares o rezar por los gobernantes franquistas al término de la misa. Si miramos al presente, también deben asumir el derecho a la libertad de expresión de quienes critican sus privilegios, los casos de sacerdotes implicados en casos de pederastia o, desde su propio ámbito, la notoria disminución de la práctica religiosa en nuestro país. Porque donde las dan las toman".

jueves, 3 de enero de 2008

"Religión, fundamentalismo y secularización"

Fundamentalismo religioso, modernidad y globalización


El historiador de la Universidad de Zaragoza, Julián Casanova, analizaba el pasado 22 de diciembre en El País por qué las religiones lejos de fenecer son cada vez más relevantes y cómo afecta los grandes movimientos migratorios que se producen en la era de la globalización en la aparición de nuevos misticismos:

"La historia de por qué las religiones se mantienen tan vivas a comienzos del siglo XXI y son cada vez más relevantes, no resulta fácil de contar. En realidad, las predicciones de muchos intelectuales, especialmente europeos, indicaban lo contrario. La secularización, inherente a las sociedades modernas, conduciría a un gradual e inevitable declive de las religiones. Se suponía que el proceso iniciado en el siglo XVIII con la Ilustración, y continuado con la revolución liberal y los movimientos socialistas, impondría la ciencia y la razón frente a la opresión religiosa. Cuanto más moderna y democrática fuera una sociedad, menos peso tendría la religión. Hubo incluso quienes profetizaron el fin de la religión, la muerte de Dios.

Destacados sociólogos de la religión, como José Casanova o Máximo Introvigne, creen que esa teoría de la secularización es el resultado del "eurocentrismo" vigente en parte del pensamiento occidental, la generalización de una situación que en la práctica sólo se produce en pocos países europeos, Francia y Alemania, fundamentalmente. No sería el caso, por supuesto, de Estados Unidos, una sociedad muy religiosa pese a ser moderna, racional y democrática. El "aspecto religioso" de Estados Unidos es algo que ya le llamó la atención a Alexis de Tocqueville, tal y como dejó escrito en sus reflexiones sobre la democracia en América. Quienes han tratado posteriormente de explicar esa aparente paradoja recuerdan que la vitalidad de la religión en Estados Unidos deriva de las condiciones creadas por la Primera Enmienda de su Constitución, que prohibía el establecimiento de cualquier religión en el Estado, mientras que garantizaba el libre ejercicio de la religión en la sociedad.

Pero la situación de Estados Unidos no resulta hoy tan excepcional y hay datos que prueban que la religión es, en muchas sociedades, más predominante que hace unas décadas, que crece en casi todos los países el número de personas que se definen "religiosas" y que los medios de comunicación dedican mucha más información que antes a los líderes y movimientos religiosos. Y el crecimiento afecta tanto a las religiones organizadas desde hace siglos como a las nuevas, que desde la ortodoxia suelen llamarse sectas.

Aunque desde Europa occidental resulte extraño, para entender algunas de las cosas que están pasando en el mundo, en la política internacional y en algunos de sus principales conflictos, hay que prestar la debida atención a esas manifestaciones religiosas y a algunos de los movimientos conservadores estrechamente conectados con ellas. Porque la primera constatación es que, contrariamente a lo que muchos creían, la mayoría de las religiones se han hecho en los últimos años más conservadoras y fundamentalistas, lo cual es cierto del islam, al que suele identificarse como el paradigma del fundamentalismo, pero también lo es del judaísmo, del hinduismo y del cristianismo, tanto protestante como católico.

El fundamentalismo, que une siempre la religión con la política, se manifiesta por su antimodernismo militante y, sobre todo, por su condena de cualquier forma de pluralismo, sea intelectual, social o religioso. En el caso del islam se percibe como un proceso de purificación dirigido a eliminar supuestas contaminaciones y a establecer un futuro inmediato que acabe con la historia y el presente profanos e impuros. Pero en Estados Unidos, la combinación de fundamentalismo y nacionalismo, tan presente en el actual mandato de George W. Bush, se ha propuesto eliminar del mundo no sólo al terrorismo sino también al mal. Tal tentación fundamentalista está muy presente en algunos de los políticos que aspiran a la candidatura republicana, como el mormón Mitt Romney o el predicador baptista Mike Huckabee.

Todos esos movimientos conservadores y fundamentalistas están sacando un enorme provecho de las oportunidades ofrecidas por la globalización y las nuevas tecnologías. Traspasan fronteras, controlan algunas de las redes de comunicación más avanzadas y compiten entre ellos por imponer su visión de cómo organizar el orden mundial, en tiempos de grandes movimientos migratorios y de reafirmación de identidades culturales. Así se explica el notable crecimiento experimentado por religiones que apenas tienen un siglo, como los mormones o los testigos de Jehová, la creación de cientos de nuevas iglesias y la consolidación de movimientos integristas dentro del catolicismo, el pentecostalismo y el islam.

Las prácticas religiosas tradicionales dejan paso a nuevas formas de misticismo. Las ideas y movimientos que criticaron a la religión desde el progreso y la razón han perdido fuerza, mientras que las religiones, reconvertidas y refundadas, se mantienen. Los sociólogos discuten la relación entre ese crecimiento de las religiones y el descrédito de las utopías políticas. Pero teorías e interpretaciones al margen, lo que resulta preocupante es ese impulso fundamentalista en la religión y en la política, que traspasa fronteras, ataca el pluralismo y persigue a los disidentes. Quienes crean que sólo está en el mundo islámico o en la América de Bush, que miren un poco dentro de sus casas."

martes, 18 de diciembre de 2007

La cruzada de Benedicto XVI

La Iglesia contra la modernidad

Paolo Flores D´arcais, filósofo y director de la revista MicroMega, escribía ayer, lunes 17 de diciembre, un artículo en El País, analizando las ideas tramontanas del "nuevo" Papa:

"La Cruzada continúa. La encíclica de Benedicto XVI Spe salvi, del pasado 30 de noviembre, ratifica y radicaliza el anatema de la Iglesia católica contra una modernidad culpable de desobedecer a Dios y que se está despeñando por tal causa en la desesperación del nihilismo.

El outing es ahora completo. Incluso la democracia es mentira si la soberanía de los hombres no se subordina al imperio de la "ley natural", es decir, si la libertad no coincide con la obediencia a los ucases de la Iglesia, única intérprete autorizada de tal "ley natural" y de la voluntad de Dios con la que esta coincide. La democracia debe ser cristiana, pues en caso contrario será deshumana.

El misterio ha quedado finalmente resuelto. El culpable es Voltaire o, mejor dicho, Bacon incluso. El Mal es la Ilustración, el proyecto de autonomía del hombre. Autos-nomos, el darse el hombre por sí mismo sus propias leyes, en vez de recibirlas de Dios, o de sus subrogados y ministros (la "Naturaleza" y la Iglesia jerárquica), ahí reside la Culpa inexpiable. El Enemigo (en el sentido preciso de las Escrituras) es la razón que prescinde de Dios, la razón que trabaja iuxta propria principia, la razón que razona, en definitiva.

El autos-nomos, la pretensión de soberanía para todos y cada uno, es más, supone la caída de la humanidad en el Averno de los totalitarismos, donde todo es llanto y crujir de dientes, y cosas peores aún: el Terror de Robespierre y Saint Just y el Gulag de Stalin. A eso se llega, inevitablemente -Ratzinger dixit- si el hombre, en sus relaciones con la naturaleza y con los demás hombres (ciencia y política), se comporta como si Dios no existiera, es decir, si toma en serio la propuesta de Grocio que salvó a Europa de la autodestrucción de las guerras civiles de religión: Etsi Deus non daretur. Precepto, por lo tanto, que es -históricamente hablando- la única auténtica e indiscutible raíz de Europa.

Nada nuevo, se dirá. Extra ecclesiam nulla salus es la piedra angular -desde hace siglos- de todas las exigencias "papistas". Tales exigencias, sin embargo, llevaban varios decenios puestas en sordina. La propia Iglesia parecía -no sin razón- avergonzarse de su pasado "constantiniano" y de sus anatemas contra la ciencia, el liberalismo, la democracia (dispuesta incluso a pedir perdón por algunas cosas). No se citaba ya el Sílabo sino el Concilio Vaticano II. (...)

Pero tal "concepción de la esperanza", según la encíclica, equivale ni más ni menos que a la certeza de la fe. El mundo, y en especial el Occidente que ha surgido de la modernidad, sólo puede escapar del estigma de la desesperación a través de "la apertura de la razón a las fuerzas redentoras de la fe, al discernimiento entre el bien y el mal". Obviando las perífrasis, pensando y actuando con obediencia a la moral católica. De la vida a la muerte, siguiendo todas las etapas de la sexualidad, y sin olvidar la investigación científica. Células estaminales, aborto, contraceptivos, institución matrimonial, educación escolar, interpretación del darwinismo, terapias del dolor, eutanasia: todo debe obedecer a la "ley natural", sinónimo puro y llano de la voluntad confesional de la Iglesia jerárquica.

Desde un punto de vista cultural, bastaría con responder al Papa teólogo que la modernidad, para empezar, no es fundamentalmente, como él pretende hacernos creer, Terror y Gulag, porque de las tres revoluciones "burguesas", de Cromwell, de los girondinos, de Jefferson, nació una forma de convivencia extraordinaria, hasta entonces desdeñada como utopía, la democracia liberal (cuyos principios pisotean, con demasiada frecuencia, los establishment de Occidente en sus acciones cotidianas). Y que Nietzsche y Marx, por no hablar de Bacon y de los ilustrados, no se parecen en absoluto al prontuario paródico pregonado en la Spe salvi.

Pero Joseph Ratzinger, a pesar de los indudables y prepotentes artificios académicos que animan su pluma, es un hombre de poder lo suficientemente desencantado como para saber que el peso de una encíclica no depende de su claudicante aleación cultural.

De ésta proporcionó, por lo tanto, una auténtica interpretación política al día siguiente, hablando frente a los representantes de las organizaciones humanitarias no gubernamentales (ONG) de matriz católica, al acusar a diversas agencias de la ONU de "lógica relativista" que niega "ciudadanía a la verdad acerca del hombre y de su dignidad, así como a la posibilidad de una acción ética fundada en el reconocimiento de la ley moral natural". A tal tendencia es necesario oponer los "principios éticos no negociables" de los que la Iglesia es depositaria.

Como puede verse, con su outing contra la ilustración y el autos-nomos democrático, el papa Ratzinger se postula explícitamente para el liderazgo mundial del fundamentalismo religioso, el no terrorista, obviamente. Su próxima intervención ante las Naciones Unidas, prevista para el 18 de diciembre, constituirá el acto oficial y solemne de todo ello. Confiemos en que, al menos ese día, "quien tenga oídos para oír, que oiga"."

miércoles, 12 de diciembre de 2007

La Iglesia sigue con su cruzada

La Iglesia premoderna, obstinada y montaraz

Publicaba ayer Juan Goytisolo en El País una lúcida reflexión sobre el cerril y reaccionario comportamiento de la Iglesia católica, apostólica y romana de nuestro país. "¿De vuelta al anticlericalismo?" se titulaba la tribuna, ¿por qué no?

"El distanciamiento de la agonizante dictadura franquista por la jerarquía eclesiástica y su discreta adaptación a los nuevos aires conciliares de Juan XXIII y Pablo VI, manifiestos en su conformidad al rumbo político de la Transición y en la relación fluida con el Gobierno de Felipe González por el cardenal primado Enrique Tarancón y una mayoría de los obispos, me indujeron a creer, con un exceso de optimismo, que mi anticlericalismo de juventud, forjado por la muy poco santa alianza de la Iglesia y el Régimen, pertenecía al pasado.

Nadie era ya anticlerical en el ámbito intelectual de la izquierda francesa en la que me eduqué cuando dejé al fin la España franquista por un mundo mejor, menos maniqueo y más vasto, por la sencilla razón de que, tras la tormentosa separación entre la Iglesia y el Estado republicano en 1905 -objeto de la iracunda reacción de Maurras y de L'Action Française-, la primera se ocupaba de sus fieles y el segundo de los ciudadanos. Había, pues, dos espacios rigurosamente delimitados y sin interferencias recíprocas: los laicos convivían con la Iglesia y ésta no se entrometía en los asuntos de la República.

Pero Francia es Francia, y España, ay, España. La tenaz y corrosiva nostalgia del Episcopado actual de los buenos tiempos del nacionalcatolicismo y de la bendita Cruzada que nos salvó del laicismo republicano y de la conjura judeomasónica y comunista se encarga de recordárnoslo.

En los felices ochenta del pasado siglo no prestaba demasiada atención a la involución doctrinal que se gestaba en los pasillos y sótanos del Vaticano desde la elevación a la silla de Pedro de Juan Pablo II. Estratega eficaz -artífice esencial, como sabemos, de la caída de los regímenes prosoviéticos de la Europa del Este-, Wojtyla era un adepto intransigente de la doctrina consagrada por la Iglesia con anterioridad a sus dos predecesores. La evolución democrática de la sociedad hispana le inquietaba en extremo y, según me refirió un alto cargo de nuestra diplomacia, había pedido a un grupo de monjitas españolas, en vísperas de su entronización, que rezaran mucho por España porque su cardenal primado ¡era comunista!

Si los ocho años de Gobierno de Aznar pusieron un bálsamo providencial a su desasosiego respecto a la paulatina dispersión del rebaño de creyentes en la Península, la elección del actual presidente disparó todas las alarmas. Pocas semanas antes de su fallecimiento, la prensa nos informó de que el santo varón preguntaba obsesivamente a sus visitantes:

"¿Qué hace Zapatero?". La ansiedad por la salvación del alma de nuestros paisanos le acompañó así, dolorosamente, hasta la tumba.

El giro a la derecha pura y dura se ha acentuado aún tras la elección de Ratzinger al solio pontificio. El retorno a las concepciones tradicionales del catolicismo más carca, tanto en el área doctrinal -resurrección del latín y del infierno de Pedro Botero con el plus de una llamativa e inmisericorde desprogramación del limbo- como en la sociedad -condena de anticonceptivos, aborto, divorcio, ley de parejas, matrimonio homosexual, etcétera-, ha abierto las compuertas de la frustración acumulada por el sector más reaccionario de la jerarquía española desde que la Constitución española de 1978 dio fin a su intervencionismo opresivo en los asuntos públicos y a su monopolio en la gestión económica y moral de las almas. No pudiendo perseguir a cuantos disienten de ella ni bendecir a quienes antes los fusilaban, asume el papel de perseguida en unas pastorales dignas de Radio Burgos y sus vociferantes consignas. Una asignatura tan anodina como la de la Educación para la Ciudadanía suscita alarmas apocalípticas por parte de Rouco Varela, Cañizares y de sus portavoces de la Cope. Tras el "España agoniza" la invitación a orar por la descarriada Monarquía y el imperturbable respaldo a los insultos y mentiras de la emisora episcopal, la beatificación masiva por Benedicto XVI de 498 fieles asesinados por los extremistas del campo republicano durante la behetría reinante en las primeras semanas de la Guerra Civil -mientras se excluye de tan divina gracia a los sacerdotes vascos ejecutados por el Ejército de Franco-, muestra la beligerancia santa de una Iglesia que no ha aprendido nada de los abusos y atropellos que cometió a lo largo de su historia ni renunciado a unas políticas que vulneran la legalidad y contradicen su presunto magisterio.

En unas andanadas contra una asignatura que homologa a España con los países democráticos europeos, ni la Santa Sede de Benedicto XVI ni los cardenales integristas que son su punta de lanza, tienen en cuenta la diferencia existente entre educación y adoctrinamiento. La Iglesia de Roma, como su envidiado y temido rival, el wahabismo islámico, no muestra ningún interés por la primera y se vuelca del todo en el segundo: en ese lavado de cerebro del rebaño que apacienta y guía con mano firme al redil, y sobre el que extiende un manto protector de la mortífera contaminación laicista. Pues lo que se trasluce hoy tras el encubrimiento por la Cope y medios afines de todas las falsedades e insidias en torno al origen de los atentados del 11-M y la extravagante petición de Esperanza Aguirre a don Juan Carlos de "un tratamiento humano" a Federico Jiménez Losantos, es el afán irreprimible de volver a los tiempos de la alianza entre el Trono y el Altar, o entre el Caudillo y el Altar que la restablezca en la plenitud de su imperio y de sus privilegios mundanos.

Todo ello me inclinaría a recuperar el militante anticlericalismo juvenil si la reacción de muchos católicos de base y de algunos sacerdotes privados por la jerarquía de la facultad de administrar los sacramentos no me permitiera establecer una distinción entre quienes se esfuerzan en mantenerse en sintonía con la sociedad y los que, como reza el reciente manifiesto de Redes Cristianas, han "emprendido una carrera para conquistar el poder a cualquier precio".

El anticlericalismo del siglo XIX y del primer tercio del siguiente, prolongado en España por la dictadura franquista, debería pertenecer al pasado. Es lamentable que la conducta actual de la Iglesia nos empuje a volver a él."