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domingo, 8 de junio de 2008

Robert Kagan - El retorno de la historia y el fin de los sueños (segunda parte)

La historia continúa

Título:
El retorno de la historia y el fin de los sueños
Autor: Robert Kagan
Editorial: Taurus
Lugar: Madrid
Año: 2008


India: aliada nipona por colindar con China
La evolución económica de India, con un crecimiento espectacular en la década de los 90, ha posibilitado que alcance el estatus de gran potencia. Su relación con China, históricamente conflictiva, no es precisamente armónica. Las secuelas de la agresión china de 1962, algunos litigios fronterizos por resolver y el solapamiento en las esferas de influencia de estas dos potencias hacen que el equilibrio entre ellas sea delicado, y el caladero de aliados de cada una sean los países más enemistados con la otra (Japón y Pakistán).
Irán: la nostalgia persa y el asfixio teleológico
Irán tiene nostalgia de lo que fue Persia. Su única manera de hacerse valer en la región y ser respetado militarmente por los Estados Unidos es adquiriendo capacidad nuclear. Es el único país de la región con mayoría chií, en un océano suní. Es, al igual que Rusia y China, una autocracia.
La tesis del autor
El autor, en definitiva, defiende la tesis de que el mundo actual se divide, grosso modo, entre democracias y autocracias. Cree que Europa y Estados Unidos se encuentran ante la siguiente disyuntiva: apoyar implícita o explícitamente a los regímenes autocráticos o presionarles para que muten en democracias que respeten los principios ecuménicos de la Ilustración. No hay término medio.

Cree, asimismo, que aunque el ideal liberal triunfara una vez finalizada la Guerra Fría, y aunque hoy por hoy las democracias abunden más que en cualquier otra época, que existe un auge de las potencias autocráticas, que tienden a cooperar entre sí -Rusia con Pakistán, Pakistán con China...).

En occidente asistimos, afortunadamente, al decline de las religiones, una de las grandes virtudes de la modernidad. En cambio, las fuerzas reaccionarias del islamismo, aunque minoritarias, son una fuente de inestabilidad internacional y de terror ilimitado.

Robert Kagan refuta la tesis de que la modernidad nos conduce inexorablemente a la paz perpetua. Como muestra, el siglo XX, el más destructivo de la vida humana.

Ni la historia finalizó en los años 90 de la pasada centuria ni las relaciones internacionales se mueven, a su juicio, en distintos parámetros a los tradicionales. Kagan, que se define como liberal y se proclama defensor de los principios ilustrados, cree que los Estados demócratas no pueden abjurar de su responsabilidad de combatir las autocracias e impedir que acumulen más poder. De ello depende su seguridad. Es su tesis, es la parte negativa del retrato del mundo. La visión positiva, Cosmocracia.

sábado, 7 de junio de 2008

Robert Kagan - El retorno de la historia y el fin de los sueños (primera parte)

El fin del idealismo

Título:
El retorno de la historia y el fin de los sueños
Autor: Robert Kagan
Editorial: Taurus
Lugar: Madrid
Año: 2008

Francis Fukuyama en su influyente y revulsivo libro El fin de la historia y el último hombre defendió la tesis siguiente: la combinación de la democracia como sistema político y el capitalismo como sistema económico había triunfado. La configuración de todos los Estados se asemejaría progresiva e ineluctablemente al modelo norteamericano, las poliarquías capitalistas florecerían por todo el mundo y la idea kantiana de la paz pepetua sería factible bajo el presupuesto de que las democracias nunca hacen la guerra entre ellas. La mayor parte del pensamiento político y académico de la década de los noventa acarició esta idea.

No conviene olvidar el contexto en el cual se alumbra la hipótesis del triunfo del modo de ver el mundo de la superpotencia norteamericana: el sistema soviético estaba hundido, Rusia era una potencia débil, China se encontraba aislada del concierto internacional tras los sucesos de Tiananmen, Japón sufría una fuerte crisis bursátil, India no había experimentado su revolución económica y la Unión Europea se encontraba puliendo su complejo engranaje institucional.

Rusia, de humillados a soberbios
El desmoronamiento de la URRS sumergió a la Federación Rusa en una crisis en todos los órdenes: político, social y económico. Contemplaron cómo todas las exrepúblicas soviéticas se autodeterminaban y, lejos de quedarse en su esfera de influencia, miraban a la Unión Europea como opción de futuro. Esta anhelaba una transición estable de su vecino del este e inyectó grandes sumas económicas para conseguirlo. La relación entre ambas potencias durante la década de los 90 era asimétrica, siendo la Unión la que tenía poder de decisión sobre los rusos. Para estos supuso una auténtica humillación.

Es ahora, después de un crecimiento económico espectacular y sostenido en el tiempo, cuando Rusia ha conseguido volver las tornas. Sus grandes reservas petrolíferas y gasísticas han posibilitado sanear su balanza comercial y permitido tratar de tú a tú a sus vecinos europeos, ávidos de combustibles fósiles. Esa inversión en las relaciones de poder ha permitido al autócrata Putin volver a una política exterior más agresiva, a intentar recuperar su zona de influencia o, al menos, intentar vetarla a la Unión Europea y a los Estados Unidos. Rusia se está convirtiendo en una despreciable plutocracia, donde unos pocos oligarcas detentan el poder político, social y económico, alejándose de una democracia liberal con una economía de libre mercado que vislumbraba Fukuyama.
China o "emerger abruptamente de forma ¿pacífica?"
Emerger abruptamente de forma pacífica es la máxima de la diplomacia china. Y así será siempre y cuando nadie se inmiscuya en su inconclusa empresa de consolidación interna, es decir, en su propósito de anexionarse Taiwan, territorio donde se refugiaron los miembros del Gobierno de la República de China una vez finalizada la guerra civil. Taiwán, en definitiva, es para los dirigentes de la República Popular China un casus belli.

Las elites autócratas chinas están, a la par que aniquilando cualquier tipo de oposición política al régimen, forjando un moderno y potente ejército, prestando, sobre todo, atención a la flota naval, dado que, a su entender, la soberanía china abarca tres millones de kilómetros cuadrados y de mares. Huelga decir, como se apuntaba, que la incipiente liberalización económica no se ve acompañada de derechos civiles y libertades públicas. En consecuencia, China no parece ser el actor que definitivamente sepulte a la historia facilitando a mil trescientos millones de seres humanos el acceso a los Derechos Humanos más elementales. (...) [Segunda parte]

lunes, 19 de noviembre de 2007

Grandes imperios, pequeñas naciones

Cómo clasificar los países en virtud de su modelo territorial

Título:
Grandes imperios, pequeñas naciones
Autor: Colomer, Josep María
Editorial: Anagrama
Año: 2006
Páginas: 255 (22 x 14 cm)

El brillante académico Josep María Colomer, abandonando en esta ocasión el individualismo metodológico que caracteriza a sus estudios, agrupa a los tradicionales Estados en tres grandes bloques: imperios, Estados y naciones. Y la pregunta que tenemos que formularnos es, ¿en base a qué criterios realiza esta clasificación?

Colomer utiliza pocos indicadores para determinar qué países forman parte de cada una de las tipologías que nos presenta. Un imperio, a su juicio, tendría las siguientes características: i) un tamaño muy grande, ii) ausencia de límites fijos o permanentes, iii) un compuesto de diversos grupos y iv) un conjunto de jurisdicciones a múltiples niveles, a menudo superpuestas. De este modo nos encontraríamos en la actualidad diez grandes imperios: China, India, Europa, América, Indonesia, Brasil, Pakistán, Bangla Desh y Japón.

Un Estado poseería los siguientes rasgos: i) tamaño grande o mediano, ii) territorio fijo y fronteras formales, iii) soberanía y iv) monopolio y homogeneización, funciones reservadas con jurisdicción exclusiva en su territorio. Con estos parámetros serían Estados Dinamarca, Francia, Suecia, Suiza o, de creación reciente, Alemania (después de la unificación), Croacia, Montenegro, Moldavia o Estonia.

Finalmente, el autor nos aporta los elementos que debe poseer una unidad política para ser considerada nación: i) tamaño pequeño, ii) altos grados de homogeneidad étnica y iii) formas de gobierno simples y suaves, basadas en la facilidad para formar una mayoría social que apoye decisiones colectivas aplicables. Nos hallaríamos, pues, ante las unidades territoriales que conforman los Estados que tienen una articulación federal del modelo territorial, como las alemanas, las estadounidenses o las mejicanas. Asimismo, incluiríamos a los cantones Suizos y a las Comunidades Autónomas que conforman el Estado español.

Útil clasificación para conocer el modelo territorial de los países que hay en el mundo y determinar si sus Estados son unitarios, regionales, federales o confederales. Saber, en definitiva, si existe una descentralización política o simplemente administrativa (desconcentración).

El autor apuesta, basándose en datos empíricos y contrastables, por el federalismo como el modelo de Estado que incrementa las posibilidades de éxito de alcanzar sistemas democráticos en el mundo. Y lo es porque mediante estructuras federales se gobiernan mucho mejor los conflictos sociales, culturales, personales o lingüísticos.

Jorge Mateos Álvarez

viernes, 2 de noviembre de 2007

El porqué del 11 de marzo

Comprender el islam político

Autor: Olivier Roy
Título:
El islam mundializado. Los musulmanes en la era de la globalización.
Editorial: Edicions Bellaterra, S.L.
Lugar: Barcelona
Año:
2003



Si nos sumergimos en la bibliografía de Olivier Roy podemos toparnos con obras como, L´Eche de l´islam politique o Genealogía del islam. Estamos, pues, ante un avezado autor dedicado a estudiar la vertiente política del islam.

Roy, que en todo momento escapa de tópicos y lugares comunes para exponer su tesis, parte de las siguientes premisas: la primera, el atraso político de los Estados con el islam como religión preponderante no se puede imputar al islam, sino a la cultura árabe; y la segunda, conviene disociar los conceptos cultura árabe y religión musulmana, por lo tanto, conviene refutar el término “árabo-musulmán” para referirse a Oriente. O bien ha de hablarse de mundo árabe, o bien de mundo musulmán, es absurdo, a su juicio, hablar de la identidad árabo-musulmana. Para ilustrar su aserto pone como ejemplo a Turquía, un país de firmes convicciones musulmanas, con una clara determinación de occidentalizarse, como prueban sus no siempre correspondidos esfuerzos para ser miembro de pleno derecho de la Unión Europea.

La inmigración es, ha sido y será un fenómeno congénito a cualquier período histórico. El hecho novedoso en nuestra época es que haya musulmanes que emigren a países no musulmanes. En torno a un tercio de los musulmanes viven en la actualidad en sociedades en las que la comunidad islámica es minoritaria. El autor focaliza su atención en Europa, afirmando que el islam del viejo continente puede tender tanto hacia posiciones liberales como hacia neofundamentalistas. El autor propone el eje |Neofundamentalismo comunitario – liberalismo humanista| para identificar los distintos enfoques islámicos que se ubicarían en posiciones intermedias a los polos.

Los grupos neofundamentalistas o próximos al extremo izquierdo del eje, tienen una visión del islam amenazado y, como norma general, no hacen proselitismo. Consecuentemente, adoptan una estrategia defensiva, ya que creen que la comunidad musulmana peligra. Por el contrario, pensadores como Tariq Ramadán que se sitúan en el extremo opuesto y no consideran que el islam esté en peligro de extinción e, incluso, afirman que los musulmanes son más libres de practicar su fe religiosa en occidente que en sus países de origen.

“La globalización ha posibilitado el nomadismo de una parte de las elites intelectuales islámicas, provocando una crisis de autoridad, que conduce a un fenómeno de autodidactismo”, asegura Roy. Es en este contexto donde los autores neofundamentalistas pervierten el tradicional concepto de yihad como acción colectiva, fard-al-kifaya, para convertirla en una obligación personal, esto es, fard-al-ayn. Las acciones individuales implican que quien las realiza se siente autorizado a dictaminar quién es islámico y quién es infiel. El indocto exégeta se arroga el derecho de decir qué es islam, sin que el acusado haya solicitado ninguna fatwa.

Esta individualización, especialmente acusada en Europa occidental, posibilita la creación de lo que Roy denomina la umma virtual. La sociedad virtual, que substituye a la real, a su juicio, “representa más una búsqueda identitaria que una voluntad de construir o de actuar.” La proliferación de las páginas web dedicadas al islam está directamente vinculada a la desterritorialización creciente de la población musulmana. En este espacio, los mensajes que se trasmiten con más eficacia son los más simples, de ahí que internet sea el medio idóneo para que los grupos salafistas incorporen adeptos a su causa. Estos grupos neofundamentalistas destacan por dos características: la primera, su escrituralismo teológico y, la segunda, su antioccidentalismo cultural. El punto de unión entre los neofundamentalistas y los liberales es que ambos declinan abandonar los países que ahora viven en minoría. En cambio, los salafistas, en la época en que las vocaciones religiosas en Europa se hallan en crisis, presentan al cristianismo como omnímodo y conquistador.

Los yihadistas conciben el mundo de una manera similar a como lo hace Samuel Huntington, pero desde la óptica diametralmente opuesta: Occidente agrede al islam, lo que imposibilita cualquier diálogo o acuerdo y nos lleva, indefectiblemente, a un choque de civilizaciones. La quintaesencia del mal occidental es encarnada por los EE.UU. El autor, cuyo libro está redactado en el año 2002, excluye a Europa como blanco de los delirios yihadistas. Lógicamente, esta aseveración ha sido invalidada por el devenir de los acontecimientos. El 11-M en Madrid, o el 7-J en Londres, fueron la réplica a la foto de las Azores cuyos protagonistas se autoproclamaron libertadores de Iraq.

Los obstinados medios de comunicación –la COPE y El Mundo-, dirigidos por el calamitoso e incompetente líder del Partido Popular, Mariano Rajoy (o viceversa, el incompetente y calamitoso líder del PP subyugado por Federico Jiménez Losantos y Pedro José Ramírez), que sembraron y siguen sembrando, contradiciendo cualquier raciocinio judicial, insidiosas sospechas sobre la autoría del atentado perpetrado el 11 de marzo de 2004 en Madrid, aseguran que los “moritos de Lavapiés” no pudieron preparar semejante masacre terrorista, sin ayuda externa -las patrañas han sido, y lamentablemente serán, variopintas: desde sectores de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad española, hasta los servicios secretos marroquíes, pasando por la ETA-, puesto que no pertenecen a la estructura Al-Qaeda y no responden al perfil del creyente musulmán.

Olivier Roy, cuando explica las características prototípicas del militante internacionalista, asegura que éste es transnacional, es decir, no habita en el país de nacimiento; ha vivido una juventud occidentalizada conociendo, por ejemplo, las drogas y el alcohol; se han vueltos todos born again musulmins como consecuencia de encuentros personales en una mezquita radical, pero no es la maduración de su creencia religiosa por lo que adoptan posturas extremistas, muchos de ellos se han radicalizado políticamente con anterioridad y, finalmente, han roto con su familia, ya que ésta se suele escandalizar cuando se enteran que su allegado ha participado en alguna actividad terrorista.

En el islam mundializado, el autor explica cómo surgió la red Al-Qaida, que dista mucho de ser una organización con una estructura altamente jerarquizada. El sumario que instruyó el juez Del Olmo y el juicio que se ha celebrado en la Casa de Campo sobre los atentados del 11 de marzo, acapararon la atención de la opinión pública internacional, puesto que es la primera vez que un atentado realizado por radicales islamistas es objeto de un exhaustivo y ejemplar proceso judicial. Durante estos años hemos conocido muchos detalles sobre los autores del atentado de Madrid (cómo eran, cómo vivían, cómo se organizaban, cuáles eran sus propósitos y cuáles sus ideas) que avalan la teoría que expone nuestro autor en el capítulo dedicado a la yihad. Patética, por no calificar de otra manera, ha sido la actuación estos años del Presidente del Partido Popular, que llegó a solicitar la anulación del juicio en base a una “información” de Pedro José Ramírez. Escribía ayer el filósofo Josep Ramoneda en El País “El PP perdió unas elecciones en buena parte por el 11-M, ¿volverá a perder otras?” Que así sea, añado.

Jorge Mateos Álvarez

lunes, 22 de octubre de 2007

El poder blando de los Estados

"Si somos un país humilde, nos respetarán"

Titular: La paradoja del poder norteamericano

Autor: Joseph S. Nye Jr.

Editorial: Santillana Ediciones Generales S.L.

Lugar: Madrid

Año: 2003

Nos equivocamos quienes esperábamos, leyendo este libro, alimentar nuestra capacidad de crítica a la política exterior norteamericana con nuevos e impactantes datos revelados por un académico que ha estado en el corazón del poder estadounidense. Que nadie piense, pues, que Joseph S. Nye va a explicarnos cuál fue la implicación de los servicios secretos estadounidenses a la hora de segar la vida en la Moneda al presidente democrático de Chile, Salvador Allende. Tampoco que nos desvele cómo financiaron al régimen talibán en Afganistán para contener el avance soviético creando al monstruo que acabaría asestándoles un golpe letal el 11 de septiembre de 2001.

Joseph S. Nye es profesor en Harvard y, en los gobiernos de Clinton, desempeñó los cargos de Presidente del Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos y Secretario Adjunto de Defensa. El libro se puede leer en dos vertientes. Una primera, estrictamente académica, que entre el poder blando y el poder duro, a la vez que nos explica cómo el proceso de globalización y la subsiguiente revolución tecnológica y de la información afecta a ambos poderes. Y una segunda, en la que propone una política exterior, alternativa al unilateralismo ramplón y pernicioso para los EEUU que pergeñaron los neocons, combinando los dos tipos de poderes, blando y duro, para aumentar el poder de su nación.

Centrándonos en la primera, su teoría está impregnada por la siguiente máxima: en una sociedad globalizada como en la que vivimos, el poder blando otorga a los estadounidenses unos recursos de poder inmejorables, superiores en cualquier caso a los del poder duro. En esa línea coincide con la premisa que enunció George W. Bush en la campaña electoral del año 2000, que le llevaría a la casa blanca tras un polémico y turbio recuento de votos en el Estado de Florida: “Si somos un país arrogante, nos considerarán así, pero si somos un país humilde, nos respetarán”. Nuestro autor se lastima, ya en el 2003, y con razón, porque ese enunciado no se haya trasladado a la política exterior del Gobierno republicano que anida en la Casa Blanca, que ha llevado al resto del mundo a considerar a su país altivo, prepotente e insolente ante los problemas que afectan a todo el globo terráqueo. No es necesario resaltar a estas alturas que la infame aventura norteamericana en Iraq ha revalorizado las tesis de Nye.

Jorge Mateos Álvarez

viernes, 5 de octubre de 2007

Cosmocracia

Política global para el siglo XXI

Título: Cosmocracia, política global para el siglo XXI
Autor: Martín Ortega Carcelén
Editorial: Síntesis, Colección Ciencias Políticas, Madrid, 2006
Páginas 302, 23 centímetros

Hasta 1990 el sistema internacional vigente se denominó sistema bipolar o de guerra fría. Desde el desmoronamiento del bloque comunista hasta nuestros días vivimos en un nuevo orden que aún no ha sido bautizado. Martín Ortega, nos propone utilizar el término cosmocracia.

La cosmocracia, concepto que infunde de la idea de democracia, es un régimen político cuyos caracteres definitorios, entre otros, son los siguientes: los actores internacionales abordan y debaten cuestiones de interés general, el lenguaje común nos permite hablar de una civilización global y los ciudadanos del mundo no participan directamente en la construcción del sistema, lo hacen a través de los Estados, las organizaciones internacionales y otros actores internacionales. Los principios que la inspiran son el mantenimiento de la paz, la preservación del medio ambiente, la democracia como el mejor régimen político, la responsabilidad de hacer frente a las crisis humanitarias, el libre comercio y el multilateralismo.

En la política global existen fuerzas que actúan en pro de la consagración del sistema, las que respetan los principios anteriormente enumerados. Pero también la cosmocracia está amenazada, principalmente, por las siguientes causas: la guerra, el terrorismo, el nacionalismo o la religión excluyente, los regímenes políticos no democráticos, el deterioro del medio ambiente y la desigualdad excesiva.

Éstas son sólo algunas de las claves que nos proporciona Martín Ortega Carcelén para entender el sistema internacional que vivimos. El autor es investigador, a propuesta del Partido Popular, en el Instituto de Estudios de Seguridad de la Unión Europea en París y colabora periódicamente en EL PAÍS. Si quieres saber porqué la Guerra de Iraq violentó la legalidad internacional o porqué España desde que Zapatero es Presidente es un país post-moderno que contribuye eficazmente a la cosmocracia encontrarás la respuesta en este libro.

En contra del discurso académico y político dominante realista, cuando no neoconservador, nuestro autor nos propone una visión positiva de contemplar la realidad. Un espléndido libro que pretende, con la herencia de la Ilustración presente y desde la tradición grociana de pensamiento, dar las claves para introducirnos en el complejo pero atractivo mundo de las Relaciones Internacionales como disciplina académica de la Ciencia Política, y para comprender mejor el mundo que vivimos.

Jorge Mateos Álvarez

sábado, 29 de septiembre de 2007

Porqué Europa liderará el siglo XXI

Europa liderará el siglo XXI

Título: Por qué Europa liderará el siglo XXI

Autor: Mark Leonard
Editorial: Taurus, Santillana Ediciones Generales S.L., Madrid, Año: 2005
Páginas: 216, (21,5 centímetros)


Mark Leonard, director del departamento de la política exterior en el Centre for European Reform del Reino Unido, defiende en su libro la tesis de que el Siglo XXI va a ser el Nuevo Siglo Europeo. Europa se ha convertido en un oasis de paz cuando hace tan sólo 65 años era aún un manantial de guerras y conflictos internacionales. El balance, 184.000 muertos en la guerra franco-prusiana, 8 millones en la Primera Guerra Mundial y 40 en la Segunda. El poeta francés PaulValéry captó concisamente la condición europea en 1945: “Nuestra esperanza es vaga, nuestro temor preciso”.

Si buscamos la clave del éxito europeo no la encontraremos en carismáticos líderes como Churchill o De Gaulle, héroes de la resistencia contra el fascismo italiano y el totalitarismo nazi, sino en un grupo de anónimos tecnócratas cuyo propósito era desterrar permanentamente las armas del continente europeo. Destacada fue la aportación de Jean Monnet y su visión de cómo no tener visión. Dejó que fuera el temor al conflicto el que condujese a la unidad y definió el objetivo a alcanzar vagamente, para que todos los países creyeran que Europa siguiese el camino que ellos querían. Priorizó la cooperación en asuntos concretos antes que esbozar una idea utópica, como en su momento fue la Sociedad de Naciones una vez concluida la Primera Guerra Mundial. Así fue más fácil alcanzar un acuerdo sobre el carbón y el acero, origen de la CECA, que otro relativo a la guerra y a la paz. Una vez que Alemania y Francia estaban embarcados en ese proyecto común, los incentivos para declararse la guerra eran mucho menores que los de construir la paz. Y ése fue el embrión de lo que hoy conocemos como la Unión Europea.

un proyecto europeo, que La toma de decisiones en la Unión se puede explicar con la idea de sistema político de David Easton que Leonard denomina “caja negra de la integración europea”. Los inputs, serían los intereses nacionales de los 27 países que la conforman y el outputretroalimentaría las nuevas demandas.


Es precisamente éste, nuestro proyecto común, el que ha cambiado la noción de poder. Frente al estulto como nocivo poder espectáculo de los Estados Unidos, Iraq como ejemplo paradigmático, se encuentra el poder transformador europeo que no cambia a los países amenazándolos con invadirlos. Al contrario, su intimidación más temible es no tener nada que ver con ellos. De este modo, los que desean entrar a formar parte de nuestro club, o beneficiarse de cooperar con él, deben comprometerse con nuestros irrenunciables valores que no son otros que el multilateralismo en la acción exterior
, el respeto a la legalidad internacional, la democracia, el Estado de derecho y los Derechos Humanos .

Jorge Mateos Álvarez