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miércoles, 17 de diciembre de 2008

Ante la despedida de George W. Bush

"George W. Bush ante el pavo de plástico" *

Está a punto de apartarse de la historia el que dicen ha sido el presidente más nefasto de EE UU. Bush, hijo de Bush, un tipo vulgar que deja a su país atrapado en dos guerras, sumido en la crisis y con el prestigio dañado.
"George W. Bush cumplió a la perfección la primera regla de oro para alcanzar la presidencia de Estados Unidos: permitir que el ciudadano medio norteamericano piense que si un tipo tan vulgar como el propio Bush lo ha conseguido, también él, si se lo propusiera, lograría sentarse en el Despacho Oval de la Casa Blanca. Cumplió igualmente la segunda regla, que consiste en transmitir la idea de que si fuera tu vecino, te echaría una mano para cambiar una rueda del coche, llevaría en caso de necesidad a tus niños al colegio o al hospital y compartiría contigo una receta especial para asar el pavo del Día de Acción de Gracias e incluso podría contar chistes muy graciosos en la sobremesa.


Si un tarambana como George W. Bush, ex alcohólico, sin haber leído un libro en su vida, con una cultura de Reader Digest, pudo llegar a presidente, también lo puedo ser yo, se dirá a sí mismo cualquier conductor de autobús, viajante de comercio, leñador o periodista de mala muerte perdido en la Norteamérica profunda. Pero lo cierto es que George W. Bush ha sido presidente de Estados Unidos sólo por ser hijo de su padre, que a su vez ya fue vástago de un banquero de Wall Street y de una rica heredera de Nueva Inglaterra, lugar donde se crían los mejores ejemplares blancos, protestantes y anglosajones. En este caso, la figura del progenitor es fundamental para desvelar la parte más oscura del subconsciente de este hijo, que entre otras cosas ha terminado por poner al mundo patas arriba sólo con la intención de agradar a su padre o tal vez para demostrarle que también podía llegar a ser, como él, un gran hombre.

El padre de nuestro muchacho fue también presidente de Estados Unidos, pero antes entró en combate en el aire con los japoneses en la II Guerra Mundial, siendo su avión derribado en un manglar, y mientras se convertía después en un petrolero tejano ocupó puestos clave de alto funcionario al servicio del Estado. Cuidó los sucesivos platos donde comía el mastín: embajador en China, en las Naciones Unidas, director de la CIA y vicepresidente de Ronald Reagan, bajo una era de armamento y abundancia, hasta convertirse en rey del gallinero.

En cambio, el hijo de este gallo, George W. Bush, se hizo piloto de la Guardia Nacional de Tejas, con lo que evitó ir a Vietnam; se dedicó a la industria petrolera con empresas siempre ruinosas; fue mánager del equipo de béisbol Texas Rangers y aunque en esto parece que sacó un poco la cresta, no obstante, en las cenas protocolarias de la familia su padre siempre mandaba que lo sentaran en un extremo de la mesa para que los invitados de más compromiso no oyeran las gansadas que soltaba con la lengua caliente. El 4 de septiembre de 1976, George Bush, junior, fue detenido por conducir borracho, se le impuso una multa de 150 dólares y le retiraron el permiso de conducir durante un mes. Tenía 40 años y él mismo reconoce que fue un periodo nómada e irresponsable de su vida. Experto en dar palmadas amigables en la espalda, puede que en ese tiempo fuera recibido con gran alegría por otros beodos en el bar Country Club; sin duda, se sentaría con mucho estilo en los taburetes de otras barras y las niñas más rubias del condado se disputarían el asiento delantero de su coche deportivo para poner los pies en el salpicadero.

Simplemente era hijo del patrón y estaba destinado a la política como los ríos dan a la mar, sólo que él era un afluente que desembocó en el río de su padre y en el de sus amigachos, que andaban metidos a medias en el Gobierno y en el negocio del crudo, pero antes de ofrecerle esta tajada le obligaron a dejar la bebida, hazaña que realizó en 1986 gracias a los buenos oficios del predicador Billy Graham, que logró sustituir en la mente de su neófito el alcohol duro por el bravo Dios de los Ejércitos. Y así llegó a ser gobernador de Tejas, donde aplicó sentencias de muerte con enorme soltura. Ya lo dijo Capone: una palabra amable, una palmada amistosa y un revólver.

En la forma de caminar se nota que lleva un vaquero dentro: levemente espatarrado, los brazos separados del cuerpo, las manos listas para desenfundar. A lo largo de su doble mandato lo hemos visto bajar del avión, atravesar la pradera siempre divertido y campechano como si ninguna tragedia fuera con él, saludar mecánicamente mirando hacia la derecha aunque allí no hubiera nadie, salvo su perro Barney. Otras veces avanzaba desde un cobertizo de la Casa Blanca hacia el atril colocado sobre un arreglo de flores para leer los folios que le habían preparado sobre el eje del mal, la guerra de Irak, la crisis financiera, el huracán Katrina, el fantasma de Osama Bin Laden, el estado de la nación o lo que fuera, con una expresión del rostro que nunca conseguía ser grave, la movilidad de los ojos hacia un infinito horizonte de tres metros, los labios siempre colgados de una media sonrisa irónica que transmitían la sensación de que cualquier acontecimiento le sobrepasaba y se movía como un títere manipulado por unos hilos detrás de una cortina. Cuando recibía a un mandatario extranjero, cualquier cosa de que hablara lo hacía con un aire de chufla, después lo adentraba en los salones donde uno imaginaba que le podía contar un chiste malo, aunque se tratara del Papa. Le hemos visto bailar el chachachá, hacer el indio o el payaso inmediatamente antes o después de dar la orden de bombardear, todo con el mismo espíritu.

Se estremece uno sólo de pensar que un ser tan vacío haya tenido un poder tan desmesurado puesto al servicio de su propia neurosis con su padre, sólo para abandonar el extremo de la mesa adonde fue castigado y demostrar que era capaz de ocupar la cabecera. Su padre inició la guerra de Irak y bombardeó desde 10.000 metros de altura las tierras donde se asentó un día el paraíso terrenal. ¡Quería matar a papá! -exclamó George Bush, junior, como excusa para atacar de nuevo a Sadam Husein, pero esta vez en lugar de hacerlo desde el aire bajó a tierra y entró en Bagdad en busca del botín.

En realidad, su Gobierno ha sido un club de petroleros. El vicepresidente Dick Cheney, el jefe del pentágono Donald Rumsfeld, la secretaria de Estado Condoleezza Rice, la consejera nacional de seguridad y secretaria de interior Gale Norton, no eran sino una camarilla de un consejo de administración de una empresa de crudo que tenían a este presidente como un muñeco altamente armado.

Enseñar geografía mundial mediante bombardeos fue una disciplina que este hombre practicó. Romper el jarrón va a ser muy fácil, le dijo Colin Powell, pero recomponer los pedazos va a ser imposible. No obstante, entró en Irak para convertirlo en una cacharrería, pero lo grave es que ha desencadenado esta tragedia con el desenfado con que en sus tiempos de alegre tarambana conducía sus deportivos por los polvorientos caminos del rancho de Tejas. Así bajó del avión de combate en el portaaviones Abraham Lincoln el 1 de mayo de 2003 como un mecano con el casco bajo el brazo para anunciar que la guerra de Irak se haentó de forma inesperada ante las tropas de Bagdad el Día de Acción de Gracias con una receta especial para asar un pavo de plástico. Así está a punto de salir por el sumidero de la historia como el presidente de Estados Unidos más nefasto que guarda la memoria. "
* Por Manuel Vicent, El País Semanal, 14 de diciembre de 2008

jueves, 6 de noviembre de 2008

Discurso histórico del presidente de Estados Unidos, Barack Obama

El cambio llegó a los Estados Unidos de América
"(...) Es la respuesta pronunciada por los jóvenes y los ancianos, ricos y pobres, demócratas y republicanos, negros, blancos, hispanos, indígenas, homosexuales, heterosexuales, discapacitados o no discapacitados. Estadounidenses que transmitieron al mundo el mensaje de que nunca hemos sido simplemente una colección de individuos ni una colección de estados rojos y estados azules. (...)

Esta es vuestra victoria. (...)

Hay madres y padres que se quedarán desvelados en la cama después de que los niños se hayan dormido y se preguntarán cómo pagarán la hipoteca o las facturas médicas o ahorrar lo suficiente para la educación universitaria de sus hijos.

Hay nueva energía por aprovechar, nuevos puestos de trabajo por crear, nuevas escuelas por construir, y amenazas por contestar, alianzas por reparar.

El camino por delante será largo. La subida será empinada. Puede que no lleguemos en un año ni en un mandato. Sin embargo, Estados Unidos, nunca he estado tan esperanzado como estoy esta noche de que llegaremos.
Os prometo que, nosotros, como pueblo, llegaremos. (...)

Estas elecciones contaron con muchas primicias y muchas historias que se contarán durante siglos. Pero una que tengo en mente esta noche trata de una mujer que emitió su papeleta en Atlanta. Ella se parece mucho a otros que guardaron cola para hacer oír su voz en estas elecciones, salvo por una cosa: Ann Nixon Cooper tiene 106 años.

Nació sólo una generación después de la esclavitud; en una era en que no había automóviles por las carreteras ni aviones por los cielos; cuando alguien como ella no podía votar por dos razones -porque era mujer y por el color de su piel. Y esta noche, pienso en todo lo que ella ha visto durante su siglo en Estados Unidos- la desolación y la esperanza, la lucha y el progreso; las veces que nos dijeron que no podíamos y la gente que se esforzó por continuar adelante con ese credo estadounidense: Sí podemos.
En tiempos en que las voces de las mujeres fueron acalladas y sus esperanzas descartadas, ella sobrevivió para verlas levantarse, expresarse y alargar la mano hacia la papeleta. Sí podemos. Cuando había desesperación y una depresión a lo largo del país, ella vio cómo una nación conquistó el propio miedo con un Nuevo Arreglo, nuevos empleos y un nuevo sentido de propósitos comunes.

Sí podemos

Cuando las bombas cayeron sobre nuestro puerto y la tiranía amenazó al mundo, ella estaba allí para ser testigo de cómo una generación respondió con grandeza y la democracia fue salvada.

Sí podemos.

Ella estaba allí para los autobuses de Montgomery, las mangas de riego en Birmingham, un puente en Selma y un predicador de Atlanta que dijo a un pueblo: "Lo superaremos".

Sí podemos.

Un hombre llegó a la luna, un muro cayó en Berlín y un mundo se interconectó a través de nuestra ciencia e imaginación.

Y este año, en estas elecciones, ella tocó una pantalla con el dedo y votó, porque después de 106 años en Estados Unidos, durante los tiempos mejores y las horas más negras, ella sabe cómo Estados Unidos puede cambiar.

Sí podemos.

Estados Unidos, hemos avanzado mucho. Hemos visto mucho. Pero queda mucho más por hacer. Así que, esta noche, preguntémonos -si nuestros hijos viven hasta ver el próximo siglo, si mis hijas tienen tanta suerte como para vivir tanto tiempo como Ann Nixon Cooper, ¿qué cambio verán? ¿Qué progreso habremos hecho?

Esta es nuestra oportunidad de responder a ese llamamiento. Este es nuestro momento. Estos son nuestros tiempos, para dar empleo a nuestro pueblo y abrir las puertas de la oportunidad para nuestros pequeños; para restaurar la prosperidad y fomentar la causa de la paz; para recuperar el sueño americano y reafirmar esa verdad fundamental, que, de muchos, somos uno; que mientras respiremos tenemos esperanza.

Y donde nos encontramos con escepticismo y dudas y aquellos que nos dicen que no podemos, contestaremos con ese credo eterno que resume el espíritu de un pueblo: Sí podemos.

Gracias."

martes, 28 de octubre de 2008

El PSOE de Valencia de Don Juan con Barack Obama

Dos neonazis querían matar la esperanza

Desde el PSOE de Valencia de Don Juan apoyamos, aunque seamos conscientes de que nuestro apoyo sea absolutamente irrelevante en el devenir de la campaña electoral norteamericana, al candidato demócrata a la Casa Blanca, Barack Obama. El proyecto que el senador por Illinois está presentando a la ciudadanía estadounidense supone un cambio respecto a las políticas del Gobierno Bush en dos órdenes fundamentales: el primero, relativo a la política exterior vuelta al multilaterismo e inclusión en la agenda de medidas para combatir la pobreza y las enfermedades; y, el segundo, en clave interna, referente a las medidas que propone para crear un auténtico Estado del bienestar como alternativa a las tesis 'neo', que apostaban por un Estado mínimo en favor de un mercado autorregulado que se han demostrado nocivas.

sábado, 29 de marzo de 2008

Miscelánea

"Ni más España ni menos Cataluña"

"(...) Si con lo anterior no se agotan las explicaciones, habrá que destacar también el buen cartel del presidente Zapatero en el Principado, la funcionalidad de la campaña, el buen desempeño de la candidata Carme Chacón (en el reverso de su primer aterrizaje como ministra)... Tampoco todo eso explica el alcance de lo obtenido por el PSC. Probablemente obedezca a una realidad más profunda: ese partido encarna hoy, con mayor precisión que los demás, la realidad sociológica e identitaria de una gran mayoría de catalanes. Una realidad dual, compartida, superpuesta: es el único partido al que éstos reconocen al mismo tiempo como incuestionablemente español e inequívocamente catalán... y catalanista. Lo que le otorga ventaja frente a quienes pretenden, desde los dos nacionalismos enfrentados (el catalán y el español) disociar esa adscripción compleja: será que ese disociar se percibe como desgarrar, renunciar, empobrecer, y el personal no está por la labor de autorrecortarse. Por eso la familia nacionalista en su conjunto (convergentes y republicanos) ha perdido ocho puntos porcentuales, dato clave. Harían bien, pues, los reduccionistas en tratar de entender y no dejarse atrapar por las vísceras. Quienes desde el centralismo imputan al socialismo catalán perfil y vocación nacionalista, deberían recordar que todo nacionalismo sueña con Estado propio, algo que jamás planteó ese partido, ni figura en su ADN. Y quienes, desde el separatismo, le califican de mera sucursal del PSOE deberían preguntarse a la luz del 9-M si es que los componentes de la Nación han renegado de ella; o si deben cambiar de gafas. ¿Cuesta tanto entender que para muchos catalanes la forma política genuina de ser español sea ser catalanista y la manera de ser catalán es ostentar sin reparos la ciudadanía española?

Al cabo, la traducción de lo anterior consiste en que la calle identifica al partido ganador como la encarnación más precisa del Estado de las autonomías cristalizado en la Constitución. La urna, en Cataluña, estaría así, como adivinan las encuestas, predominantemente a favor de ambos polos de la expresión (y de que evolucionen), no de uno solo en exclusiva. A favor, pues, tanto de la existencia del Estado como del perfeccionamiento de las autonomías. Dicho en breve: ni más España, ni sólo Cataluña.

Quien rompa ese delicado equilibrio también existente entre la E del psoE y la C del psC, arruinará ambas letras. Quien desde Madrid confunda legitimidades emergidas desde convocatorias de distinto alcance; pretenda imponer, en vez de conjugar, los intereses de la estabilidad del Congreso por encima de los del Parlament; o en aras del loable objetivo de involucrar a los nacionalismos moderados en la gobernabilidad, interfiera (y no sólo influya) en la composición del Gobierno de la Generalitat, mediante obscenos cambios de cromos (Mas por Montilla; Duran por Moratinos) erosionará ambos polos. (...)" Xavier Vidal-Foch, El País, 17 de marzo de 2008.

"Cómo recuperar el atractivo de EEUU"
"Hace casi 20 años, el distinguido profesor de Harvard Joseph Nye nos presentó su concepto de poder blando. Además de los parámetros tradicionales de influencia "dura", sobre todo la fuerza militar y el peso económico, explicó Nye, existe un elemento menos cuantificable pero también fundamental que hay que tener en cuenta en los asuntos internacionales. Es la capacidad de resultar atractivo para otros pueblos y países, la capacidad de encontrar aliados que ayuden a llevar a cabo una tarea determinada, la habilidad y la facultad de convencer a otra nación soberana para que acepte hacer algo que no pensaba hacer. En otras palabras, el poder blando consiste, casi como el título del famoso libro de Dale Carnegie, en cómo hacer amigos e influir en la gente. (...)

¿Y qué ocurre con ese tercer ámbito más intangible de poder e influencia, la dimensión del poder blando? Aquí, en mi opinión, la situación es mucho más interesante, y mucho menos previsible. Cuando Nye acuñó el término, había muchas muestras de la capacidad de atracción cultural, ideológica y política de EE UU. Sin embargo, ése es un tipo de poder internacional que puede desvanecerse a toda velocidad si el país en cuestión lleva a cabo políticas impopulares. No hay más que pensar en cómo la histórica admiración de los angloamericanos por la cultura y la ciencia alemanas se vino abajo debido a las locuras del Káiser y las agresiones de Hitler. O en cómo los elogios dirigidos por los intelectuales occidentales al sistema soviético desaparecieron después de que salieran a la luz las pruebas de la represión de Stalin y Brezhnev.

Es cierto que son dos ejemplos extremos, pero merece la pena tenerlos en cuenta al pensar en la disminución de la popularidad de Estados Unidos en la opinión pública mundial durante el último decenio. No hay duda de que la razón principal tiene que haber sido la política exterior de la Casa Blanca de George W. Bush, incitada por la camarilla de intelectuales neocon y partidarios de la línea dura como el vicepresidente Dick Cheney y el ex secretario de Defensa Donald Rumsfeld. Pero fue una política con acciones muy argumentadas y muy defendidas: declarar la guerra contra Irak sin el respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU; el waterboarding (la técnica de simular que se ahoga bajo el agua al prisionero) y otras repugnantes violaciones de los derechos humanos; las críticas descaradas al Protocolo de Kioto a propósito del medio ambiente; la negativa a firmar los acuerdos universales sobre los derechos de las mujeres y de los niños... Y las repercusiones alcanzaron a todos los funcionarios estadounidenses que se vieron obligados a justificarlas. Por extensión, alcanzaron asimismo a todos los ciudadanos estadounidenses que o habían apoyado esas locuras o no habían sabido presionar a un Congreso abúlico para que pusiera coto a ese unilateralismo desenfrenado y contraproducente.

El resultado fue que la reputación del país (es decir, su atractivo) cayó en picado en prácticamente todos los sondeos de opinión pública del mundo." Paul Kennedy, El País, 26 de marzo de 2008.

"Mc Cain se equivoca sobre Iraq"

"El senador republicano John McCain, de Arizona, que es ya el candidato de su partido a la presidencia de Estados Unidos, ha prometido volver a situar Irak y la "guerra mundial contra el terror" en primera línea de la política estadounidense.

El debate fundamental en las elecciones estadounidenses va a ser, por tanto: "¿Qué ocurrirá si las tropas de Estados Unidos abandonan Irak?" McCain y el senador demócrata de Illinois Barack Obama ya han discutido sobre si la retirada estadounidense supondrá el fortalecimiento o el debilitamiento de Al Qaeda. La senadora demócrata Hillary Clinton, de Nueva York, se ha comprometido a reducir las tropas si gana.

Por supuesto, nadie lo sabe con certeza. Pero sí puedo decir qué es lo que no ocurrirá: Al Qaeda no se hará con el poder en Irak ni instaurará allí un Estado islámico.

En Occidente sigue habiendo demasiada gente que cree que Al Qaeda es una organización territorializada, establecida en Oriente Próximo, empeñada en expulsar a los cristianos y los judíos de la región con el fin de crear una dar al-Islam (tierra de Islam) bajo la protección de un califato.

Pero Al Qaeda no es una continuación de los Hermanos Musulmanes, Hamás o Hezbolá. Es una entidad no territorial de ámbito mundial, que nunca ha intentado implantar un Estado islámico, ni siquiera en Afganistán, donde halló santuario durante gran parte de los años noventa.

No tiene sentido considerar a Al Qaeda como una organización política que pretende conquistar y gobernar un territorio. Al Qaeda recluta a sus miembros entre jóvenes que se sienten desposeídos, en su mayoría sin relación directa con los países en conflicto de Oriente Próximo. La mayor parte de los yihadistas itinerantes de Al Qaeda son musulmanes occidentales de segunda generación, saudíes, egipcios, marroquíes y hasta conversos, pero no afganos, palestinos o iraquíes. En ningún lugar Al Qaeda tiene el arraigo local necesario para hacerse con el poder.

Al Qaeda tiene una doble estrategia. Quiere enfrentarse a los grandes, o mejor dicho, al grande -Estados Unidos-, de forma directa, atacando el poder norteamericano no tanto por los daños reales que pueda causar (coste económico o número de muertos), sino buscando la imagen: el impacto en los medios de comunicación y el efecto de terror.

Como es natural, el efecto simétrico de quienes hablan del choque de civilizaciones intensifica ese impacto. En realidad, Al Qaeda necesita a los que la demonizan, porque la convierten en algo que no es: la vanguardia de la "ira musulmana". (...)" Olivier Roy, El País, 27 de marzo de 2008.

viernes, 28 de marzo de 2008

Karl Rove, el arquitecto de Bush

Las neuronas de Bush

Karl Rove. El arquitecto por Michael Kirk (Frontline, 2005, 55´)

Cuando era pequeño, apenas llegaba a la quincena de años, sus inquietudes eran distintas a la que podía tener cualquier adolescente de su época. Lejos de interesarse por algún deporte o admirar a cualquiera de los ídolos juveniles del momento, su preocupación radicaba en cómo tenía que ser la campaña de los republicanos para superar el escándalo del “watergate” o cómo deberían registrar los republicanos a votantes jóvenes en los censos preceptivos para poder votar. Rove se definía como un republicano conservador, con lo extraño que era por la época que hubiera jóvenes que se identificasen públicamente así.

A pesar de estar en los albores de la vida política ya se había marcado, a largo plazo, un objetivo: como estudiante de historia sabía que los cambios en política llevan su tiempo, por eso su objetivo era conseguir en el futuro reordenar el mapa político de los Estados Unidos de América.

En uno de los seminarios de reclutamiento de jóvenes republicanos, apostó, en medio del descrédito que supuso el “watergate” para el Partido Republicano, por utilizar un “juego sucio” para repeler a los demócratas, además de conseguir unos buenos resultados electorales para el partido. Quizá sea muy importante reseñar estas polémicas declaraciones en una asamblea, que posteriormente tuvieron que ser matizadas por un compañero suyo asegurando que “estaban de broma”, para entender las feroces campañas que realizaron los republicanos, siendo él ya asesor principal de Bush, contra el rival en las primarias republicanas del 2000 Mckain y contra el senador Kerry en las elecciones presidenciales del 2004 a propósito de la participación de ambos en la Guerra de Vietnan y la ostentación que ambos hacían de “héroes” de aquélla fatídica guerra para los americanos, condición que les reportaba un crédito muy importante ante el electorado.

Lo de menos es que los testimonios se ajustasen o no a la verdad, lo importante era que McKain tenía que defenderse y justificarse por “tratar mal a los excombatientes” una vez finalizada la guerra. Karl Rove lo había conseguido, el punto fuerte del adversario estaba en tela de juicio y, como si fuera un Estado de derecho que funciona al revés, McKain ya era culpable, ahora tenía que demostrar su inocencia.

Lo mismo ocurrió en las elecciones presidenciales del 2004 cuando el Senador Kerry declaraba
haber participado en la Guerra de Vietnan, declaración patriótica que el pueblo americano sabría reconocer en las urnas. Nuevamente excombatientes salieron al ruedo a proclamar que Kerry había sido un cobarde y que no tenía mérito alguno del que enorgullecerse de haber participado en el conflicto vietnamita, es más, debería avergonzarse por ello.

Lo de menos en estos momentos marcados por los ataques del ejército de Bush a las posiciones claves del adversario, es conocer si Bush tenía algún mérito militar, si sabía o no pilotar un avión o saber, por ejemplo, a qué se dedicaba mientras sus adversarios se jugaban la vida en un conflicto bélico defendiendo la gran bandera estadounidense en nombre de sus compatriotas. Por aquellas fechas en las que el ejército americano padecía los horrores de la emboscada vietnamita en la que se adentraron, George W. Bush tal vez tenía algún romance con alguna bebida concreta o conducía temerariamente por cualquier carretera de Texas cuando el sol se ocultaba, mientras que por el día, y en virtud del linaje que le proporcionaba el apellido, se entretenía arruinando empresas.

Una constante en las sucesivas campañas que diseñaba el arquitecto de Bush era, como ya apunté, atacar los puntos fuertes del oponente. Así, con este criterio, en 1995, cuando Bush era candidato a gobernar el Estado de Texas consiguió lo que parecía imposible, derrocar a la por entonces gobernadora. Para ello basó su campaña en ataques a la oponente porque tenía afinidades con el colectivo homosexual, a la vez que delimitaba al candidato Bush únicamente a cuatro puntos los temas a los que tenía que circunscribir sus intervenciones: la reforma de la Seguridad Social, la Ley del menor, la educación y la Ley de agravio. Bush tenía que hablar exclusivamente de estos temas, no tenía por qué dar explicaciones de sus zalmerías juveniles con el alcohol, ni de sus conducciones en un estado ebrio ni, por supuesto, a rendir cuentas de su negligente trayectoria como empresario. La única misión que tenía Bush era delimitar el debate en los cuatro puntos que Rove había fijado como claves para obtener un éxito electoral importante. ¿Les recuerda a Mariano Rajoy en los debates electorales?: "Vamos a hablar de terrorismo que es lo que realmente interesa a los ciudadanos..." "Hay muchas políticas sociales, pero la que afecta más a los ciudadanos es la inmigración..."

También merece la pena resaltar cómo Rove intenta buscar “supporters” (personas que se identifican con un partido político) entre un segmento de la población que potencialmente apoyaría con un entusiasmo desmedido al candidato republicano. No era otro sector que el de los religiosos conservadores. Para ello era necesario dibujar a Bush como lo que es: un neoconservador sin complejo alguno. Como gobernador de Texas se dedicó hacer leyes que le reportasen esa fama, leyes restrictivas en temas como el aborto y las células madres. Cuando se presentó a las elecciones Bush prometió una enmienda constitucional para proteger el sagrado matrimonio. El trabajo ya estaba hecho, Rove había analizado a la sociedad y tenía claro dónde se encontraban los potenciales apoyos.

El sueño que tenía Rove de reordenar el mapa político estadounidense se cumplió en el 2002, cuando los republicanos, ostentando la Presidencia de la Nación, lograron ganar las elecciones locales y legislativas, tanto al Congreso como al Senado.

El éxito de Rove es indudable. Y más cuando su compañero de empresa ha sido George W. Bush. En el documental hay dos ideas que se repiten cuando se analizan los sucesivos procesos electorales en los que participa Bush bajo la dirección de Rove en la sombra. La primera, que Bush y Rove formaban un matrimonio perfecto. La segunda que los dos son partes de un mismo cerebro. En el símil del matrimonio es difícil discernir qué rol adoptó cada uno de los contrayentes, pero en el segundo está claro quién aportó las neuronas necesarias para que el viaje no encallara y llegase, finalmente, y con la imprescindible ayuda divina, que aconsejó por igual a Bush dejar la bebida como invadir Iraq, a buen puerto.

El 13 de agosto de 2007 Karl Rove, anunciando su dimisión como Vicejefe de personal de la Casa Blanca, puso fin, muy a pesar de Monseñor Rouco Varela, a lustros de matrimonio.

Jorge Mateos Álvarez

lunes, 22 de octubre de 2007

El poder blando de los Estados

"Si somos un país humilde, nos respetarán"

Titular: La paradoja del poder norteamericano

Autor: Joseph S. Nye Jr.

Editorial: Santillana Ediciones Generales S.L.

Lugar: Madrid

Año: 2003

Nos equivocamos quienes esperábamos, leyendo este libro, alimentar nuestra capacidad de crítica a la política exterior norteamericana con nuevos e impactantes datos revelados por un académico que ha estado en el corazón del poder estadounidense. Que nadie piense, pues, que Joseph S. Nye va a explicarnos cuál fue la implicación de los servicios secretos estadounidenses a la hora de segar la vida en la Moneda al presidente democrático de Chile, Salvador Allende. Tampoco que nos desvele cómo financiaron al régimen talibán en Afganistán para contener el avance soviético creando al monstruo que acabaría asestándoles un golpe letal el 11 de septiembre de 2001.

Joseph S. Nye es profesor en Harvard y, en los gobiernos de Clinton, desempeñó los cargos de Presidente del Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos y Secretario Adjunto de Defensa. El libro se puede leer en dos vertientes. Una primera, estrictamente académica, que entre el poder blando y el poder duro, a la vez que nos explica cómo el proceso de globalización y la subsiguiente revolución tecnológica y de la información afecta a ambos poderes. Y una segunda, en la que propone una política exterior, alternativa al unilateralismo ramplón y pernicioso para los EEUU que pergeñaron los neocons, combinando los dos tipos de poderes, blando y duro, para aumentar el poder de su nación.

Centrándonos en la primera, su teoría está impregnada por la siguiente máxima: en una sociedad globalizada como en la que vivimos, el poder blando otorga a los estadounidenses unos recursos de poder inmejorables, superiores en cualquier caso a los del poder duro. En esa línea coincide con la premisa que enunció George W. Bush en la campaña electoral del año 2000, que le llevaría a la casa blanca tras un polémico y turbio recuento de votos en el Estado de Florida: “Si somos un país arrogante, nos considerarán así, pero si somos un país humilde, nos respetarán”. Nuestro autor se lastima, ya en el 2003, y con razón, porque ese enunciado no se haya trasladado a la política exterior del Gobierno republicano que anida en la Casa Blanca, que ha llevado al resto del mundo a considerar a su país altivo, prepotente e insolente ante los problemas que afectan a todo el globo terráqueo. No es necesario resaltar a estas alturas que la infame aventura norteamericana en Iraq ha revalorizado las tesis de Nye.

Jorge Mateos Álvarez