lunes, 9 de julio de 2012

El sur de León, las nucleares y el carbón 

Imagínense ustedes por un momento que en Valencia de Don Juan cierran de golpe la mayoría de las empresas ubicadas en el polígono industrial El Tesoro y pregúntense entonces qué futuro tendrían los ciudadanos de un municipio como el nuestro y, por extensión, los del resto de los pueblos de la comarca. La respuesta es tan sencilla como desalentadora: ninguno.

Ahora imagínense que el Gobierno paraliza toda la actividad minera en nuestro país y la entierra definitivamente en la historia. A mayores tengan presentes los decrecientes incentivos públicos a las energías renovables y solo entonces pregúntense qué única fuente de energía de la que no dependeríamos excesivamente del exterior proliferaría de manera preocupante. En efecto, la energía nuclear. De manera inevitable, la construcción de nuevas centrales nucleares sería un hecho preocupante. No hace falta ahondar ni en el ya lejano infierno de Chernóbil ni en el más próximo horror de Fukushima; tampoco hace falta flagelarnos excesivamente con los siempre preocupantes incidentes que se han producido en las españolas centrales de Ascó o Almaraz, para concluir que la energía nuclear, aunque pueda ser relativamente limpia, en modo alguno es segura. Y estamos hablando de que por nimia que pueda ser la inseguridad, el efecto devastador sobre las personas que potencialmente puede producir es altamente inquietante.

En Valencia de Don Juan particularmente y en Tierra de Campos de manera más amplia tenemos dos experiencias inquietantes con lo nuclear, una más remota y otra reciente, tan reciente que parece que ya no nos acordamos.

Empecemos por aquella de los años 70, cuando el régimen del tirano Franco agonizaba, que fue cuando autorizó la construcción de una central nuclear en Valencia de Don Juan. La decisión contó, afortunadamente, con una rotunda oposición de los vecinos del pueblo y de toda la comarca, que épicamente recuerdan con frecuencia los más nostálgicos cuando se sumergen en su bahía de recuerdos. Si Valencia de Don Juan ha llegado a ser lo que hoy es se debe en parte a no haber caído en la tentación de nuclearizarse, lo que hubiera limitado el desarrollo industrial de los años 90 así como retraído el turismo veraniego, en modo alguno ajeno al desarrollo social y económico de las cuencas mineras asturianas.

Y continuemos por la penúltima, siempre puede haber una última, cuando dos municipios terracampinos de la provincia de Valladolid, Santervás y Melgar de Arriba, formalizaron sendas candidaturas para albergar el ATC, el Almacén (¿Temporal?) de Residuos nucleares. Ambos lo hicieron por hallarse inmersos en ese marasmo donde cohabitan de manera dramática y desesperada la ausencia de infraestructuras y de oportunidades laborales.

Defender el carbón, en último término, es defender por una parte nuestra independencia energética a medio y a largo plazo (curiosa la indiferencia cuando no hostilidad de los medios de comunicación más conservadores y cercanos al Gobierno, que siempre se vanaglorian de ser los más patriotas, sobre las causas del conflicto minero). Hay tiempo suficiente para hacer más competitiva la actividad extractiva y sobre todo más limpia su combustión, pero también, indirectamente, defender el carbón implica disminuir las probabilidades de que algún punto del sur de León, o cualquier otro punto de cualquier provincia limítrofe, llegue a ser considerado, como ya lo ha sido en varios pasajes de nuestra historia reciente que hemos recordado, como una zona apta para albergar instalaciones nucleares.

Los mineros están luchando por su causa, que también es la del país y que, por encima de cualquier otra consideración, es justa. Su denuedo es admirable. En la lucha minera se desprende un hálito de dignidad y fortaleza humana que nos permite atisbar una pequeña luz dentro de este negro presente que posibilita que cada viernes, a golpes de decretos, vayamos deconstruyendo la sociedad del bienestar que con tanto empeño forjaron nuestros antepasados. Toda la provincia de León, aunque sea de soslayo, se juega mucho. Por eso, desde el sur, solo cabe haceros una última petición: No os rindáis.

Colaboración para el Diario de León de Jorge Mateos Álvarez, portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Valencia de Don Juan, publicada el 2 de julio de 2012

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