lunes, 21 de junio de 2010

Pery Lechuga - Coyanza 1975

Visitantes en la exposición acerca del "No" a la Central.
 Coyanza, la revolución del 75

Mayo del 68. Hay victorias en la historia de León que habitan en la amnesia colectiva. Una de ellas es la lucha que sostuvieron los ciudadanos coyantinos en mayo de 1975. Siete años atrás, en la democrática Francia, y a raíz del cierre de una cinemateca, eclosionaron jóvenes que flirteaban en las universidades con atractivas utopías sociales derivadas del marxismo, como lo fue el maoísmo y su prentedido liderazgo transformador del mundo subdesarrollado. Eran jóvenes que mostraban simpatía por Ho Chi Minh mientras celebraban las derrotas yanquis en aquel avispero vietnamita y que, ajenos a las rosas que estaban brotando en Praga, pensaban que en el futuro, para que en el mundo hubiera un ápice de equidad social, solo había una órbita alrededor de la cual girar: la soviética.

Mayo del 75. La dictadura autoritaria y rancia del General Franco -sí, rancia: como bien matizaba Orwell en su celebrado Homenaje a Cataluña, el ascenso del general se debió “al golpe militar respaldado por la aristocracia y la Iglesia y no fue tanto un intento de imponer el fascismo como de restaurar el feudalismo”-, que nos mantenía alejados de los d
ebates de la época, pretendió sembrar España de reactores nucleares, siendo Valencia de Don Juan uno de los municipios afectados. El corresponsal en la zona de La Crónica, Pery Lechuga, en su libro Coyanza 1975, inventaría recuerdos de aquel movimiento cívico que hizo capitular a dos poderosas empresas eléctricas ligadas al Instituto Nacional de Industria en su intento de instalar una central.

Mayo del 2010. De haberse nuclearizado la zona, ni el prieto picudo ni el pimiento morrón serían hoy productos de calidad y, por consiguiente, creadores de riqueza y fijadores de población. Por el contrario, una comarca pauperizada clamaría contra el cierre de la obsoleta central, como lo hace la de Garoña, a la que solo queda agarrarse a las partículas de uranio como único clavo en combustión.

Mayo del 2060. ¿Nos lamentaremos de la instalación en Tierra de Campos del cementerio nuclear? Como demuestra la historia, si actuamos con responsabilidad colectiva, estamos a tiempo de evitarlo. Aún es posible.

Publicado por Jorge Mateos Álvarez en La Crónica de León el 2 de junio de 2010, página 2

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