miércoles, 4 de diciembre de 2013

El confortable escaño de Majo en las Cortes de Castilla y León

Majo sirvió al Rey de Inglaterra

Hay dos clases de procuradores en las Cortes de Castilla y León. Los que van a representar, reivindicar y defender los intereses de sus ciudadanos y de su territorio y los que van a perseguir, consolidar o incrementar los suyos propios.

El género político en el que Martínez Majo dejará su impronta es el epistolar. En las últimas elecciones se descolgó con una carta en la que exponía sus ideas en materia educativa enviada a los niños del colegio, lo que para la Agencia de Protección de Datos constituyó una falta grave. Hace 6 años redactó otra destinada al segmento del electorado menor de 30 años, en este caso fue de agradecer que no utilizara a menores ni direcciones que a saber de qué registro obtuvo, pero el fondo de la epístola era igual de desatinado. Yo mismo recibí la misiva en la cual nos explicaba sus juergas de juventud y sus comienzos de camarero y nos invitaba a jugar al futbolín en algún bar de copas si coincidíamos. También relataba su pasado marcadamente leonesista, pero nos decía que era mejor estar reivindicando donde se obtenían proyectos y subvenciones que tachando castillos en las banderas.

La segunda misiva de estas elecciones, dirigida ya legítimamente al votante, aseguraba que él iba a compaginar la alcaldía con las Cortes, comprometiéndose a alzar la voz y defender permanentemente los intereses de los coyantinos y comarcanos. La intención, que era loable y merecedora de aplauso, se rebeló falsa desde el comienzo de la legislatura.

Así, desde su confortable escaño, ha ido validando todos los recortes que afectaban directamente al Ayuntamiento de Valencia de Don Juan, así como a las familias: recorte de las ayudas a las Escuelas de Música hasta dejarlas a 0, supresión de las ayudas a los padres por llevar a sus hijos a las escuelas de infancia y un largo etcétera de agravios con la provincia de León y sus gentes.

Y desde ese mismo escaño este verano ha practicado doblemente la genuflexión, convirtiéndose así en el más oportunista de los procuradores, promoviendo una sonrojante distinción a su superior Silvia Clemente: la primera hija adoptiva de Valencia de Don Juan. Lo que no conocen los ganaderos y agricultores de nuestra comarca, siendo capital su actividad para la fijación de población y el desarrollo socioeconómico, es ni una sola idea, iniciativa o gestión que Majo haya realizado en Valladolid en defensa de su sector.

Además de agasajar a nuestra ya predilectísima Silvia, acudió a brindar con el alcalde de Pajares de los Oteros, antiguo compañero de filas, en el acto siamés pero no menos bochornoso de Óscar López en la localidad vecina (al cual se le explicó el teorema del burro y la bodega, que permite al célebre vinatero, y funcionario de prisiones en sus escasos ratos libres, continuar impunemente por la senda), al que acudió por aquello que la sabiduría popular recogida en el refranero aconseja: no tener todos los huevos en la misma cesta.

El último hito en su carrera política se ha producido en noviembre, aprobando un reglamento para prestar un servicio de ludoteca destinado a las familias que lo que va a conseguir es incrementar los beneficios del Grupo Norte que ya está obteniendo por gestionar una escuela infantil sin apenas usuarios -de las 61 plazas solo están cubiertas 11-. El Ayuntamiento abona anualmente hasta 45.000 € a la empresa por la prestación del servicio, puesto que el contrato que firmó hace años Martínez Majo obliga al Ayuntamiento a cubrir la diferencia cuando la empresa no obtiene los resultados esperados.

Majo afirmó en sesión plenaria que esta situación que se está produciendo en la escuela infantil se repetirá al prestar el servicio de ludoteca, con lo que se generará más déficit que la empresa, vinculada a los poderosos grupos de poder que pululan por la Junta de Castilla y León en Valladolid, cubrirá directamente con los impuestos que pagamos todos los vecinos.

Y en esas estamos los vecinos, estupefactos al ver que aquella promesa de ir a Valladolid con el leonesismo útil bajo el brazo se ha tornado en una suerte de “alpinismo político”, como nuestro personaje de hoy, Jan, practicaba el social.

Jan, el pícaro protagonista de la novela Yo serví al rey de Inglaterra, del checo Bohumil Hrabal, que comenzó su carrera como aprendiz de camarero, y que, gracias a su oportunismo y una pizca de suerte, llegó a convertirse en millonario y regentar su propio hotel. Lo que no se da cuenta Majo es que a veces la fortuna nos puede dar la espalda, como se la dio a Jan, que vio como, expulsados los nazis de su país, se implantó el comunismo y, consecuentemente, los hacendados vieron estatalizadas sus propiedades.

Y conviene recordar que a él no le ha puesto en la alcaldía ni Óscar López ni Silvia Clemente, sino los vecinos y que estos dejarán de apoyarle si entienden que deja de representar sus intereses para defender los suyos personales. Y, entonces, no habrá epístola o genuflexión que lo remedie.

Publicada por Jorge Mateos Álvarez en el Diario de León el 3 de diciembre de 2013


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