viernes, 30 de noviembre de 2007

Agenda socialista en Valencia de Don Juan

Diciembre 2006, enero 2007

Conflicto entre la moral y el dinero

"Maltrato como espectáculo"

Así titulaba ayer su columna en El País el filósofo Josep Ramoneda (en la foto a la derecha de Jorge Semprún). En su lúcido análisis abunda en la idea del totalitarismo de la indiferencia, que todos comprobamos en el nauseabundo episodio de Svetlana. ¿Con qué rostro sale cada noche Matías Prats en su telediario a repudiar la violencia de género?

"Decía James G. Ballard en una de sus últimas novelas que la próxima revolución será por el parking. Así se explica el escaso rechazo político y social que ha merecido el llamado caso Svetlana. Hay hechos que corroboran la sospecha de que nuestras sociedades se están hundiendo en un totalitarismo de la indiferencia. Lo que ocurrió en el Diario de Patricia fue una verdadera escalada de irresponsabilidades. Colocar a una mujer frente a su maltratador es ya de por sí un disparate. Si además el encuentro se organiza sin conocimiento -y, por tanto, sin consentimiento de la mujer- el disparate se convierte en provocación. Y a todo ello hay que sumar el agravante de reincidencia, porque no es la primera vez que una cita en telebasura tiene trágicas consecuencias. Con todo, lo peor es el desprecio por la víctima de los maltratos, a la que se coloca ante la pantalla para que el maltratador juegue con ella ante la mirada del público.

¿Qué se pretende? ¿La reconciliación? Sólo desde una posición ideológica muy reaccionaria, propia de un catolicismo integrista que pone el matrimonio por encima de las personas y exige a las mujeres que muestren resignación y aguante, se puede plantear como un fin deseable la reconciliación de la pareja. No hay que ser psicólogo para saber la rapidez con la que se reproducen las situaciones de abuso y maltrato, por muchas promesas de amor y lealtad que se hagan. De modo que en una sociedad en que el dinero es la medida de todas las cosas sólo queda una justificación, la audiencia. Todo vale por la cuota de pantalla. Los argumentos con los que se ha querido defender el disparate abonan esta idea. Por ejemplo, el argumento de la libertad de expresión. ¿Qué tiene que ver con la libertad de expresión poner a una mujer ante su maltratador? Por ejemplo, el argumento de que si quería matarla la habría matado igual. Es una invitación a la irresponsabilidad permanente. Demos pantalla al delincuente, que nos dé espectáculo y después que haga lo que quiera, en cualquier caso lo hubiese hecho.

La televisión como medio frío tiene ventajas e inconvenientes. La ventaja: que atempera las bajas pasiones de los espectadores (a riesgo de hundirlos en la indiferencia) y el inconveniente: que banaliza casi todo lo que toca y especialmente la violencia. La multiplicación de las imágenes de crueldad las acaba convirtiendo en simple telón de fondo de la cena familiar. Y hay que buscar emociones fuertes para sacar al telespectador de la modorra. Esto es lo que buscan este tipo de programas de explotación del morbo. Desde las televisiones públicas y privadas apenas se ha dicho esta boca es mía. Unos porque realmente no practican el horror espectáculo y las responsabilidades son concretas, no generalizables a todo el sector, y otros por no arruinar el negocio de la telebasura. Desde la política, perfil bajo: el PP ha preferido acusar al Gobierno antes que mirar de frente a determinados programas de televisión. La derecha ha sido siempre muy sensible a lo que da dinero. Afortunadamente ha salido la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, a intentar poner las cosas en su sitio. Parece mentira que ante un hecho de estas características las televisiones no sean capaces de regularse por sí solas. Supongo que son los efectos de la lucha a muerte por la audiencia. Se acostumbra a decir que política y moral son incompatibles, pero en este caso me parece que el conflicto es entre moral y dinero, otro territorio plagado de incompatibilidades. (...)"


jueves, 29 de noviembre de 2007

II Jornadas población dependiente en el mundo rural

Los socialistas comprometidos con la igualdad de oportunidades

Ayer el Diario de León recogía la iniciativa del alcalde de Gordoncillo, el socialista Urbano Seco Vallinas, que, por segundo año consecutivo, ha organizado unas jornadas sobre la población dependiente en el mundo rural. Desde el PSOE de Valencia de Don Juan, como no podía ser de otra manera, aplaudimos la iniciativa adoptada por los socialistas de Gordoncillo:

"La población mayor y dependiente de Gordoncillo contará con la ventaja de estar totalmente informados sobre los nuevos derechos con los que cuentan a partir de la aprobación de la Ley de Dependencia. Ayer, casi un centenar de participantes asistieron a la celebración de las segundas Jornadas sobre la población dependiente en el medio rural que se celebrará en la localidad hasta el próximo sábado, 1 de diciembre.

Durante la jornada de ayer, de inauguración, el alcalde señaló que el objetivo principal de estas jornadas es «ofrecer a la población rural las herramientas necesarias para alcanzar un mejor nivel de vida». Mientras, el subdelegado del Gobierno, Francisco Álvarez destacó la importancia de la cooperación entre las administraciones para llevar a cabo esta Ley de Dependencia «que tiene un impacto directo en las familias y se adapta al carácter del mundo rural. Álvarez recordó que el Gobierno ha otorgado 18 millones de euros a Castilla y León para financiar esta ley en 2007, y que actualmente, están siendo objeto de ayudas 14.000 leoneses creando 1.500 puestos de trabajo.

Al acto también acudió la representante de los Servicios Sociales de la Junta, Carmelita Nicolás, destacando la importancia de que el medio rural «reciba y empleé estos conocimientos para las situaciones que les afectan» e informó de que León es la provincia más envejecida de todo el país.

Los participantes se dividieron ayer en los diferentes talleres, programados en las jornadas, que además de enseñar funciones prácticas como la prevención de accidentes domésticos, desarrollan la cultura tradicional y los aspectos lúdicos.

Para hoy, además, está prevista la conferencia de Javier Idoarte, médico geriatra y jefe de geriatría del Hospital de León, que señalará los puntos más importantes a tener en cuenta a la hora de ser un cuidador."

Segundo en la I edición

Poetas coyantinos


NUEVOS MILENIOS, NUEVOS RETOS

Me han pedido que os escriba,

que os escriba aquí mis versos

mis versos engalanados,

mis versos azul de cielo.


Me han pedido que yo os hable

de este gran nuevo milenio,

de este cúmulo de ideas

rápidas como el deseo.

Una idea futurista,

una lágrima al llorar,

una sonrisa lejana

y alguien a quien amar.

Una esperanza perdida

un amor con que vibrar,

una luna pensativa,

la estrella que brille más.

Yo haría de este milenio

lo que ya ha hecho mucha gente,

lo que hicieron gente buena,

más sonrisas, menos muertes;

reprochando a los que piensan

de una forma general.

Queremos bonitos retos,

queremos más libertad.

Un mundo lleno de luces,

un mundo de carnaval,

un mundo lleno de juegos

para todos por igual.

No más armas sanguinarias,

no más bombas en el mar,

no más niños esperando

un grito para matar.

Quiero un mundo reflexivo,

quiero un mundo de cristal,

mucha música en las casas,

las sonrisas en mi hogar.

Quiero ver un mundo libre,

quiero nadar en el mar.

Estos son los nuevos retos

a quien los quisiera escuchar.


Jesús García Raposo

miércoles, 28 de noviembre de 2007

La mirada positiva

El PSOE presenta la web de Zapatero

¿Crisis de la izquierda? No,...

La izquierda sin crisis

El diplomático y escritor José María Ridao reflexionaba el pasado domingo en El País sobre la sempiterna y falaz idea de la crisis de la izquierda:

"La izquierda sin crisis

La supuesta crisis de la izquierda democrática se ha convertido en una de las letanías más persistentes del discurso político actual. Como toda fórmula que pretende borrar la frontera entre el análisis y la consigna, la idea de que la izquierda democrática está en crisis se ha venido construyendo durante los últimos años a partir de datos heterogéneos a los que, no obstante, se les impone un sentido único, de manera que corroboren la conclusión de la que ya se dispone de antemano: si un partido conservador gana las elecciones en algún país europeo se confirma la crisis de la izquierda democrática, pero si las gana un partido socialdemócrata, esa victoria ni cuenta ni se procesa. Primero fueron los medios políticos e intelectuales del bando conservador los que proclamaron que la izquierda democrática estaba en crisis, poniendo arbitrariamente en su cuenta actitudes y fenómenos que, como los populismos de América Latina, permiten desacreditar las posiciones democráticas mediante una estrategia similar a la que, en la España del siglo XVIII, los ilustrados perseguidos por la Inquisición denominaban falacia de accidente: no se combate lo que la izquierda democrática dice, se combate lo que convendría que dijera para que sirvan en su contra unos argumentos prefabricados y que, de contestar a alguien, contestan a quienes rechazan la democracia, no a quienes defienden a la izquierda.

Pero es que ahora, además, son algunos medios políticos e intelectuales de la izquierda democrática los que han asumido que, en efecto, están en crisis, reconociendo como una evidencia lo que no es más que una consigna de los conservadores, a los que se les ha concedido, así, una victoria decisiva, una victoria cargada de indeseables consecuencias. La principal, la de no dejar a la izquierda democrática otras salidas que las que hoy proliferan y que, en efecto, conducen a la crisis y a la irrelevancia: o bien la izquierda democrática se refugia en mitos que no son más que la nostálgica canonización de viejos disparates autoritarios, o bien se lanza a una carrera de especulaciones acerca del futuro del mundo.

Entretanto, y aprovechándose de esta desatención hacia el sistema democrático tal y como es, tal y como hoy existe, con sus derechos políticos y también con sus derechos sociales, los conservadores encuentran el camino despejado para presentarse como sus defensores más realistas y, por tanto, para hacer con él lo que más convenga a sus proyectos y sus intereses. Resulta desconcertante comprobar cuántas conquistas de la igualdad ante la ley o de la protección pública de los más débiles han sido cuestionadas durante estos años, mientras la izquierda democrática se ensimismaba en fórmulas como no se sabe qué republicanismos o democracias deliberativas, no se sabe qué improbables Gobiernos mundiales de la globalización, convencida de que su supuesta crisis exigía no tanto defender un sistema que es en gran parte obra suya como consagrarse a imaginar sistemas sólo mejores sobre el papel, pero decididamente inconcretos y, por eso mismo, irrealizables. La izquierda democrática está siendo víctima de la paradoja de que si se quiere ser pragmático y eficaz en las políticas hay que ser radical e implacable en los análisis. Porque si se es pragmático, si se es complaciente en los análisis, las políticas no sólo se condenan a ser radicales, sino también, y sobre todo, ineficaces.

Lo que los medios políticos e intelectuales del bando conservador llaman la crisis de la izquierda democrática, una idea ahora asumida por los propios afectados, no es más que un sutil pero trascendental cambio de papeles en el que unos, los conservadores, ocultan su nueva función de revisar un sistema que ha integrado como algo propio el principio de igualdad y la protección pública de los más débiles, y otros, los partidarios de la izquierda democrática, se niegan por inercia a asumir que su tarea inexcusable es defenderlo. A diferencia de lo que ocurría tras la II Guerra Mundial, cuando el Estado de bienestar debía ir consolidándose como un modelo inseparable del Estado de derecho, de la noción de ciudadanía, la izquierda democrática no gestiona hoy en Europa una aspiración, sino una victoria.

Parcial y limitada como todas las victorias, pero una victoria que ha transformado la sociedad y de la que se han beneficiado millones de individuos que, en otras circunstancias, estaban condenados a la exclusión y la miseria. Y, sobre todo, una victoria conseguida por medios pacíficos, humanos e institucionales, erigida sobre el apoyo libre y mayoritario de los ciudadanos y no en tenebrosas invocaciones al pueblo y al poder redentor de las armas, bajo las que se han amparado atrocidades de las que ese mismo pueblo ha sido la primera víctima. La crisis de la izquierda democrática no es más que la constatación tautológica de que, en efecto, la izquierda democrática no debería estar hoy al asalto político de ninguna fortaleza, sino defendiendo esa fortaleza del asalto político de los conservadores.

Sólo los más obtusos pueden imaginar que sugerir a la izquierda democrática que lo que hoy le corresponde es gestionar una victoria, no una aspiración, equivale a defender el inmovilismo o, en otras palabras, una variante timorata del fin de la historia, una variante para conformistas que no se atreven a llevar la transformación de la sociedad hasta sus últimas consecuencias y prefieren plantarse a mitad de recorrido. Este reproche parte de un equívoco propio de quienes viven en la nostalgia permanente del absoluto y, por ello, sólo son capaces de formularse el qué pero nunca el cómo. El Estado de bienestar como modelo inseparable del Estado de derecho, de la noción de ciudadanía, no es el punto de llegada de ningún camino. Pero no porque se trate tampoco de ninguna estación intermedia, sino porque es otra cosa: un instrumento. Es decir, no se trata de una respuesta al qué, sino de una respuesta al cómo, a la que la izquierda democrática, la izquierda desentendida de cualquier nostalgia del absoluto, realizó una contribución insustituible en el siglo XX. Las insoportables desigualdades que ese instrumento ha conseguido corregir en el pasado ya están corregidas, y nada más cabe decir salvo consolidar el éxito. Pero a la vista está que existen otras desigualdades, y la controversia política que hoy enfrenta a los conservadores y la izquierda democrática, la batalla que dirimen en torno a la fortaleza que unos asaltan y otros deberían defender, es la de identificar con rigor cuáles son las desigualdades que persisten y, a continuación, adecuar a ellas el instrumento.

Por esta razón, la izquierda comete un doble error cuando adopta medidas que intentan esconder el simple electoralismo bajo la apariencia de orientar el Estado de bienestar hacia las desigualdades que persisten; un doble error, porque, primero, corre el riesgo de comprometer la viabilidad de un instrumento que sigue siendo imprescindible para alcanzar el objetivo de la igualdad y de la protección pública de los más débiles y, segundo, porque legitima a los conservadores para que, también por razones electorales, pueda llevar a cabo una severa contrarreforma, argumentando que la inviabilidad del instrumento es consecuencia de la inviabilidad de los fines que persigue.

Una de las pruebas de que algunas de las medidas propuestas desde la izquierda en el poder, por ejemplo, en España, tienen que ver con el interés electoral y no con la reforma rigurosa del Estado de bienestar es que, ante cualquier crítica, ante cualquier discrepancia, ha reaccionado como reaccionan los conservadores cuando la idea de nación se utiliza para reclamar el voto. Para los conservadores, sólo es español quien asume sin rechistar sus políticas. Para la izquierda en el poder, sólo se pueden considerar en la izquierda quienes aplaudan disciplinadamente las suyas. Tantas palabras sonoras, tantos compromisos solemnes para terminar echando mano del marketing político que, lo mismo en un campo que en el otro, exige hacer de cada ciudadano un maniqueo. Un maniqueo, es decir, alguien que valora menos su libertad que su pertenencia a una facción."

lunes, 26 de noviembre de 2007

José María Gutiérrez, cineasta coyantino (II)

"José María, mi amigo"

El escritor, premio nacional de la crítica (1997) y premio de las letras de Castilla y León (2006), Luciano E. Egido, replicando a Mario Vargas Llosa (en la foto dirgiendo junto a José María Gutiérrez el film Pantaleón y las visitadoras), nos aportaba certeros datos sobre la vida del coyantino cuya biografía, ayer y hoy, contada a través de selectas plumas, hemos difundido. Aquí remataba la entrada prevista para hoy. Por fortuna, el hijo de José María Gutiérrez nos dejaba un comentario y nos alertaba de otras cartas publicadas también en El País, consecuencia de la tribuna de Mario Vargas Llosa. De ellas damos cuenta:

José María, mi padre (22/10/2007) por Maximiliano Gutiérrez Contreras

"Escribo en referencia al artículo de Vargas Llosa José María y la solitaria. Básicamente, quiero aclarar un punto y además agradecer el homenaje. José María Gutiérrez González era mi padre. Vargas Llosa ha definido su forma de ser, su forma de vivir, a la perfección. No se podía haber hecho mejor. Por esa misma personalidad que narra, José María se quedó sin salidas vitales desde hacía tiempo, y vivía sumido en una difícil depresión de la que era imposible sacarle, porque no quería aceptarla.

Pero he de decir que no vivió solo los últimos tiempos, tal como ilustra el escritor; siempre estuvo su familia con él (además de un puñado de amigos que eran como ángeles de la guarda). La familia argentina, cuando y como podía. Y yo viví a su lado, luchando juntos, más de 15 años. Incluso el último episodio, la mudanza a su pueblo natal, lo sufrimos hombro con hombro. Yo quedé viviendo en Madrid, pero lo visitaba cada 15 días. Nunca estuvo solo. Había alternativas, pero su propia cerrazón lo llevó a no elegir ninguna. Y cuando por fin escogió una, ir a vivir a Argentina al lado de su mujer y su hija, resultó que era tarde, por una cruel broma del destino.

Quiero agradecer sinceramente a Vargas Llosa estas palabras. Son sentidas y auténticas, y se nota aprecio real. El episodio de Pantaleón y las visitadoras, el distanciamiento de los amigos, todo hizo mella en mi padre. Unos triunfan y otros no. Efectivamente, mi padre no estaba hecho para triunfar. "Era un fracasado irremediable, pues no se puede ser puro en un mundo de impuros ni ganar guerras sin matar". Gran definición. Sólo puedo decir que me siento la persona más orgullosa del mundo por mi padre. Aunque fracasara. Porque creo que no hay mejor enseñanza que ésa: ser puro en un mundo de impuros, y perder guerras por no querer matar. Pobres de los impuros y de los asesinos, si acaban triunfando gracias a esa actitud. Creo que él volvería a ser como fue. Y en ese sentido, en no doblegarse ante nadie, en ser honesto, noble, terco y leal, espero ser al menos un poco como él.

Gracias, papá, por dejar esa imagen final. Gracias, Vargas Llosa, por expresarlo tan bien."

La memoria de José María (25/10/2005) José Escobar

"Desde Canadá, como amigo entrañable que he sido del director de cine José María Gutiérrez, quisiera comentar el artículo que en su memoria publicó Mario Vargas Llosa, el domingo 21 de octubre, en su periódico. Desde nuestros tiempos de estudiantes en la Universidad de Salamanca, allá por los primeros años de la década de 1950 hasta su reciente fallecimiento, hemos mantenido una relación fraternal. Allí nos juntábamos con don Alonso Zamora Vicente, también recientemente fallecido, José María, Luciano G. Egido, Barta Pallares y yo, ampliando nuestro horizonte cultural y tratando de librarnos de la estrechez que nos imponía el franquismo. Como a finales de esta década, recién licenciado en Filosofía y Letras, estuve de lector en la Universidad de Bonn, iba con cierta frecuencia a París a encontrarme con mi amigo José María y puedo decir que fui testigo de la amistad con Mario Vargas de la que éste habla en su artículo. Por medio de José María lo conocí en París, a él y a Julia, su esposa de entonces, y a otro escritor peruano Lucho Loaysa.

Debido a esta relación entrañable, el artículo me ha producido una profunda tristeza. Estoy de acuerdo con su hijo, Maximiliano Gutiérrez, cuando en su carta publicada en EL PAÍS del 22 de octubre dice que "Vargas Llosa ha definido su forma de ser, su forma de vivir, a la perfección", aunque en esta definición se perciba cierta condescendencia del triunfador que sabe muy bien "que no se puede ser puro en un mundo de impuros ni ganar guerras sin matar". Vargas Llosa expresa su propia concepción del mundo y de la vida, frente a la de José María, cuando dice de él: "No quería hacer esas cosas -halagar, seducir, encandilar- que, desde que el mundo es mundo, además del talento (...) se requieren para triunfar". Dice también que era imposible saber que José María lo estaba pasando muy mal. ¿Cómo que era imposible? Sus amigos lo sabíamos muy bien, aunque él nunca quiso aceptar ayuda alguna que no fuera nuestro afecto y amistad. Vargas Llosa dice que no lo sabía debido a "la endemoniada vida que llevo", la endemoniada vida del triunfador. Sí, es muy verdad, como leemos en el artículo, José María era coherente y honesto y, desde luego, hay que subrayarlo, muy generoso. Me uno a su hijo Maximiliano en el agradecimiento a Mario Vargas Llosa por haber expresado tan bien la imagen final que ha dejado su padre."

José María, mi amigo (26/10/2007) por Luciano G. Egido

"Como amigo de José María Gutiérrez durante más de cincuenta años, y en su memoria, debo hacer algunas precisiones y rectificar los errores del artículo que Mario Vargas Llosa publicó sobre él en EL PAÍS del domingo 21 de octubre. Es de agradecer el exacto retrato moral que hace de José María, aunque a él le hubiera gustado recibir esta prueba de amistad en vida, porque en los últimos tiempos muchos de sus amigos le dieron la espalda, de lo que él se quejaba con amargura, aunque conservó la amistad fiel de tres o cuatro verdaderos amigos, como el gran traductor López Muñoz, el profesor Escobar y yo mismo.

No es verdad que fuera hijo de campesinos, como se afirma en el artículo. Su padre era un acreditado veterinario en Valencia de don Juan, y su madre era maestra de corte y confección, en ejercicio, y aficionada a la literatura, pues en su vejez -murió a los 104 años- escribió un par de ingenuas novelas, que José María me hizo llegar. Su vivienda en el pueblo no era una "casita", sino una gran casa de piedra, de dos pisos, resto del esplendor familiar del pasado, en el centro mismo de Valencia de don Juan, con una nutrida biblioteca profesional de su padre. Tampoco es verdad que su mejor película se titulara Viba, Azaña, impensable bajo la dictadura, sino ¡Arriba, Hazaña!, sobre una novela de Vázquez de Soto. No le enviaron ningún pasaje de avión desde la Argentina, que se lo pagó él, pues acababa de vender una finca del patrimonio familiar, por la que le dieron una punta de millones. Su único hermano no está en un hospital, sino en una residencia, en León. En la referencia a la familia, el articulista se olvida de su hijo Maxi, licenciado en Biología y de más de treinta años, que le ayudó a vivir los últimos tiempos, le acompañó y le cuidó con un ejemplar sentido de la filialidad y le visitó cada 15 días en su pueblo, coincidiendo allí con mi mujer y conmigo en nuestro doloroso último encuentro con él, pocos meses antes de morir.

Su vocación de pintor nunca estuvo bien definida, pues en Salamanca, donde nos conocimos, escribía cuentos, dirigió teatro y asistió a las sesiones del cine-club. Nunca renunció a la pintura, y sus verdaderos amigos tenemos muchas muestras de su talento pictórico y de su generosidad. Yo también tuve frecuentes peloteras con él, como recordé en la sesión que le dedicó la Filmoteca Nacional de Madrid, pero seguí siendo su amigo y pudo hacer El obispo leproso, gracias a mí, entonces director de Programas de Ficción de TVE.

Finalmente, su grado de amistad con el muerto no era tan grande como Vargas Llosa quiere hacer ver, pues los últimos años le dio esquinazo constantemente y llegó a dejarlo con la palabra en la boca, nada más llegar de visita a su casa de Madrid, porque se estaba preparando para ir a comer con José María Aznar a La Moncloa, además de no comunicarle la segunda versión del Pantaleón y otros desplantes. No obstante, su recuerdo de José María y su comentario sobre la incapacidad que tenía para promocionarse están muy bien. Mejor ser un "lobo estepario" que un Rastignac cualquiera."

domingo, 25 de noviembre de 2007

José María Gutiérrez, cineasta coyantino (I)

"José María y la solitaria"

Mario Vargas Llosa, con impresicion, habló sobre su amigo, el coyantino José María Gutiérrez, en su columna "Piedra de toque" del 21 de octubre de 2007 en el diaro El País. Sus opiniones, junto a la réplica que Luciano G. Ejido publicó en esas mismas páginas cinco días más tarde, y que mañana aquí reseñaremos, sirven para conocer algo más sobre la biografía de José María:

"La noche que lo conocí, uno de los últimos días de 1958, en un puente de París, como me oyó decir que aún no había cambiado dinero me prestó un billete de mil francos (de los antiguos). Después supe que era todo lo que tenía y que, por ese préstamo, había tenido que irse andando desde el Barrio Latino hasta su chambre de bonne, en Clichy. Se llamaba José María, era leonés, de familia campesina, había estudiado Derecho en Salamanca pero no alentaba la menor intención de practicar la abogacía porque quería ser pintor.

Nos hicimos muy amigos y todo el tiempo que vivió en Francia nos vimos casi a diario, aunque fuera un momento, para pasar revista a los acontecimientos del día, tomando un café. Era generoso, limpio de espíritu, noble, terco, leal y de una franqueza que se parecía a la brutalidad. Yo me burlaba de él citándole a Vallejo: "Español de puro bestia". Entre tanta gente que me ha tocado conocer, nunca me topé con nadie que fuera tan naturalmente íntegro como José María, tan transparente, tan impráctico, tan sin dobleces y, por eso mismo, condenado a romperse la crisma en todas las empresas en que se embarcó.

Dibujaba con mucha soltura y tenía un olfato infalible para discriminar entre la belleza y la fealdad. Ir con él al Louvre o a cualquier exposición era un placer, porque su buen ojo, su sensibilidad y sus observaciones enriquecían (y a menudo fulminaban) aquello que veíamos. Tenía una predisposición irresistible hacia el realismo, algo que, en el París de las vanguardias, experimentos y estridencias plásticas de los sesenta, hacían de él un pintor antediluviano. Como era incapaz de renunciar a su inclinación natural por la figuración para ponerse a la moda -a las payasadas- de los tiempos, renunció más bien a la pintura y optó por el cine.

¿Cómo hacía para sobrevivir? Debía de pasarla muy mal con aquellos miserables trabajitos que a veces conseguía, pero era imposible saberlo, porque con su frugalidad, su estoicismo y su orgullo jamás pedía ayuda ni dejaba traslucir la menor necesidad. Para colmo de males, prohijó una solitaria. El maldito bicho aposentado en sus entrañas le envenenaba la vida y lo ponía ojeroso y esquelético por largos períodos. Un día, almorzando en el Café des Artistas, en Montparnasse, me dijo: "Nosotros vamos al cine, a los museos, conversamos y discutimos y tú crees que yo estoy haciendo esas cosas como las haces tú. Te equivocas: yo tengo la sensación de que hago todo lo que hago no para mí, sino para mi solitaria. Ni un instante me olvido de ella. Soy su esclavo". Es una frase que nunca he olvidado porque esa alegoría de la solitaria es la mejor manera posible de definir la vocación de un escritor. Nunca aceptó que yo o cualquiera de sus amigos lo acompañáramos el día que, después de embutirse una poción vomitable, expulsaba la solitaria. Se encerraba solo, en su chambre de bonne, a pujar como una parturienta, y emergía del trance uno o dos días después, risueño y lívido: "Ya la liquidé".

Probablemente el cine sea el quehacer más difícil donde abrirse un camino para alguien que, como José María, tenía una imposibilidad ontológica para promoverse a sí mismo, vender un proyecto, conseguir los apoyos indispensables para realizar una película. No sabía ni quería hacer esas cosas -halagar, seducir, encandilar- que, desde que el mundo es mundo, además del talento, y a veces sin él, se requieren para triunfar. Porque tampoco le interesaba triunfar. Hacer cosas bellas y originales, sí, pero por el placer de hacerlas. Lo demás -dinero, publicidad, fama, premios- le parecía prescindible. Un par de veces me tocó asistir a sus negociaciones con productores y, las dos, me quedé helado oyéndolo explicarles a éstos, con sinceridad suicida, los riesgos que corrían aventurándose a producir la película que quería venderles. Siendo como era, fue un milagro que consiguiera dirigir dos películas y una serial televisiva.

La primera, una adaptación de mi novela Pantaleón y las visitadoras, la codirigió conmigo, uno de los absurdos de que está hecho el cine, pues el dueño de la Paramount, Charlie Bludhorn, exigió que fuera el director yo, que no había visto una cámara en mi vida, ni había puesto los pies en un rodaje y sabía tanto de filmaciones como de chino mandarín. Pero José María se empeñó en que me embarcara en ese disparate para que se hiciera la película. Se hizo y así salió. Pero la película que él dirigió solo, unos años después, ¡Viba Azaña!, fue una delicada y hermosa historia que debió de tener éxito y, acaso todavía más, su adaptación a la televisión de El obispo leproso, que también pasó, por esas injusticias que a José María lo persiguieron como su sombra, sin pena ni gloria. La única vez que lo oí quejarse fue en relación con aquella serial con la que había soñado toda la vida, por lo mucho que le gustaba la novela de Gabriel Miró: "¿Sabes cuántas críticas aparecieron en la prensa sobre El obispo leproso? Ni una sola".

En los últimos años nos vimos muy poco, por la endemoniada vida que llevo, en la que nunca puedo hacer ni la décima parte de cosas que quisiera hacer. Aparecía en mis presentaciones de libros o conferencias y, aunque charláramos solo un ratito, era suficiente para saber que ni la distancia ni los años habían enfriado la vieja fraternidad. Hace unos años almorzamos en una tasca de Madrid. A mis preguntas sobre cómo le iba, solía responder: "Me va bien". Pero aquella vez fue algo más explícito y me dijo que, después de un período difícil, había conseguido, gracias a un amigo generoso, que le pasara unos guiones para remendar. ¡Y sólo le cobraba el cincuenta por ciento de comisión!

Cuando dimos en Madrid con Aitana Sánchez-Gijón La verdad de las mentiras lo llamé varias veces, para invitarlo, porque imaginé que le divertiría verme en un escenario contando cuentos. Pero su teléfono nunca contestaba y una amiga común, que solía darme sus mensajes, tampoco tenía noticias de su paradero.

Hace algunas semanas, en una de esas presentaciones de libros a la que no pude dejar de asistir, en medio del vértigo, se me acercó una persona a la que reconocí, aunque no sabía ni cuándo ni dónde nos habían presentado. "Nos conocimos por José María", me recordó. "Lo he estado buscando, pero en su casa nadie responde el teléfono. ¿Se ha mudado?".

No. Lo habían echado de ese piso en el que había vivido treinta o acaso cuarenta años porque no había podido pagar ya el alquiler. Fue a refugiarse a su pueblo leonés. Ya no le quedaba nadie, su madre había fallecido y su hermano estaba en un hospicio. Estuvo viviendo allí, solo, en una casita descalabrada y con goteras. Se sentía enfermo hacía meses pero, como no estaba al día en sus obligaciones, la Seguridad Social lo había dado de baja y carecía de medios para ir donde un médico particular. Al final, le mandaron un pasaje para la Argentina, donde vivían su esposa y una hijastra, que es médico. Llegó allá sólo para enterarse de que estaba traspasado por el cáncer y morir.

José María y yo solíamos discutir mucho, en París, en torno a las ideas de Sartre sobre la responsabilidad que los seres humanos tienen sobre sus destinos, una tesis que ejemplificó en su ensayo sobre Baudelaire. Según él, todo destino se elije, por comisión u omisión, y por eso nadie tiene derecho a quejarse, a sentirse sólo víctima. Aun en las peores circunstancias, es posible elegir. Por eso tenemos derecho a sentirnos libres. Yo le creía, pero José María dudaba. Él tenía razón, desde luego. Para ciertas personas, infrecuentes, es verdad, las elecciones se reducen a lo mínimo y aun se evaporan, ya que sus valores, creencias o pulsiones profundas eliminan de sus vidas multitud de opciones que, a otros, les abren las oportunidades, el reconocimiento o el éxito. José María estaba hecho de una manera que de entrada lo ponía fuera de toda competencia en la que la disimulación, la apariencia, la representación prevalecieran sobre las convicciones o los principios. Eso hacia de él un fracasado irremediable, pese a su talento, coherencia y honestidad. No se puede ser un puro en un mundo de impuros ni ganar guerras renunciando a matar. Él creía que le había ganado la batalla a la inmunda solitaria. Pero ella estuvo siempre en sus entrañas, quietecita e incansable, socavando su vida. Y al final lo derrotó. Descansa, amigo."

El 6 de diciembre, a las 6 de la tarde, en la casa de la cultura

Debate Intergeneracional: 29 años con nuestra Constitución


I Concurso Literario: poeta...

...coyantino

El aliento del tiempo

¡Cuántas veces he intentado

evitar tu caricia gélida en

cada hoja de otoño!

¿Cuándo fue la última vez

que a través de mis sueños, pude

saltar la delicada barrera que

entorpece mi frágil huella?

He sido tu adversario más noble,

cuando he cogido tu mano, y ofreciéndome

el abismo, te he mirado con la desnudez

inocente de quien espera el último aliento.

Fuiste utopía cercana que

se deslizaba entre mis dedos,

para sentir el latido fogoso

de un alma inquieta, que soñaba

entre las cuerdas de una guitarra,

convertida en voz de justicia.

Testigo oculto del amor,

dejaste que mis ojos se convirtiesen

en estrellas de una noche,

en el aliento necesario para

embarcar hacia la eternidad, para

no tener miedo al pronunciar

tu nombre: Tiempo.

Hoy me encuentras de nuevo,

con la piel surcada por tu mirada,

náufrago de tempestades y solo en la playa,

caminando en busca del mar lejano.

De nuevo extiendes tu mano, tiempo;

para saltar juntos, para hinchar nuevas velas,

para que mi voz suene en el abismo

como puente en busca de utopía.

A ti, que siempre te hemos temido,

que cambias de nombre en cada amanecer

perdido, que te han marginado hasta en

el olvido, que nos has dado sabiduría

por dolor.

¡A ti, Tiempo; cuántas veces he intentado

evitar tu caricia gélida, soñar que no existías!

Hoy te invoco para llegar de nuevo al mar,

para ser de nuevo un niño,

sentir la inmortalidad,

mirarte sin vacilar,

¡con la espada más poderosa!,

la que te hace sentir el latido del Universo:

intemporalidad recorriendo tus venas,

suplicando para que no destruya tu obra,

la humilde esperanza en el Futuro.


José Luis Santos Andrés, es autor de Bajo la Aurora Boreal

sábado, 24 de noviembre de 2007

Comparar es bueno

España tras cuatro años de Zapatero


Más empleos y de mayor calidad. Más igualdad. Más derechos. Más ayudas a las familias. Mayores facilidades para acceder a la vivienda... Son algunos de los efectos de la gestión del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Estos son los principales datos comparados con los que lograron los gobiernos del Partido Popular. Porque comparar es bueno...

viernes, 23 de noviembre de 2007

Charly lo contaría en su celestial "Hora 25"

¡Adiós, genio!

Suele decirse que donde hay genio hay ingenio, y no lo dudo. Toda una muestra ha sido Fernando Fernán Gómez (Lima, Perú, 21 de agosto de 1921 – Madrid, 21 de noviembre de 2007), una figura destacada en el mundo del cine, del teatro y de la literatura que ayer nos abandonó a los 86 años de edad, dejando tras de sí todo un legado cultural digno de admiración.
Le vimos en películas como La Colmena (Maria Camus, 1983), Belle Époque (Fernando Trueba, 1992), El abuelo (José Luís Garci, 1998), La lengua de las mariposas (José Luís Cuerda, 1999), y todo un sinfín de largometrajes donde dio vida a personajes de toda índole. Su huella en el cine no acaba aquí, también fue director de películas como El viaje a ninguna parte (1983), Lázaro de Tormes (2001) o la televisiva serie Fortunata y Jacinta (1980). El teatro era otra de sus pasiones, y en este ámbito aportó también varias obras, de las que cabe destacar Las bicicletas son para el verano (1984).
Su carrera y su profesionalidad se han visto reconocidas con premios como los Goya o el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. Ocupó el sillón B de la Real Academia de la Lengua, su dominio de la palabra nos dejó boquiabiertos en más de una ocasión. Su talento le convirtió en todo un hito para nuestro país y también en Latinoamérica, tierra a la que siempre estuvo muy vinculado tanto por su nacimiento como por sus amores.
Hoy lloran las tablas de los teatros, los guiones cinematográficos, las salas de cine, las letras del abecedario, las palabras... Hoy nos ha despedido a ritmo de tango, con sabor a versos de Rubén Darío, en el teatro, como solo saben hacer los genios...

Mª T. G.

Adenda

Impresionante fue su papel en La lengua de las mariposas. Si la hija de Carlos LLamas, cuando ayer entregaron a título póstumo a su padre el premio de la Fundación del PSOE Españoles en El Mundo (Ramón Rubial), dijo que "Carlos está en el cielo descansando después de ese maldito cáncer en el que ha estado luchando por vencer. Él estaba convencido de que iba a salir de esa enfermedad. Yo me acuerdo cuando el bicho estaba dormido y Carlos volvía a su trabajo, después de tantos meses. Le vimos dando las noticias. Él estaba muy contento y ahora está descansando. A lo mejor está dando las noticias en el cielo, ¡quién sabe!, lo que es la vida. ¡Hasta siempre papá!". Si así fuera, hoy, atribulado, empezaría con esta nada buena nueva su celestial Hora 25.

Jorge Mateos Álvarez

jueves, 22 de noviembre de 2007

Planta de biomasa y museo en el Castillo

Compra y convenio

Ayer martes, la empresa Acciona Energía, por medio del director adjunto de la planta de biomasa de Navarra, Seve Arcelus, ha firmado en Valencia de Don Juan el contrato de compra de los terrenos de la nueva planta de biomasa que instalarán en nuestra ciudad.

Las previsiones hablan de comienzos de 2011 y la inversión total ascenderá a 60 millones de euros. Con ellos se estima la creación directa de 30 puestos de trabajo y 120 empleos indirectos. Generará 200 kilowatios de energía "limpia y renovable", la energía consumida por cerca de 15.000 hogares.

Esta planta de biomasa será la tercera en implantarse en Castilla y León, aunque según las propias palabras de Seve Arcelus "la de Valencia de Don Juan será la mejor de España".

En la misma mañana de ayer también se cerró otra importante actuación, como es la musealización de la Torre del Homenaje del castillo de Valencia de Don Juan. Para ello se firmó un convenio entre Caja España, representada por su presidente Santos Llamas y el Ayuntamiento.

Tánger 2008: un encuentro por la modernidad

Civilizaciones aliadas por la modernidad

El otrora Presidente del Gobierno de España, Felipe González, en su tribuna mensual en El País, escribe el siguiente artículo, "Tánger: diálogo vivo entre culturas", en el que propone a la ciudada marroquí como el escenario de la Expo 2012:

"(...) Tras la caída del muro de Berlín y la superación del antagonismo basado en dos bloques ideológicos que se excluían recíprocamente, nos encontramos ante otro desafío: nuestra capacidad para el entendimiento entre diferentes percepciones del mundo, percepciones basadas en razones étnico-culturales, creencias religiosas y niveles de desarrollo y bienestar.

Hemos vivido un siglo XX atenazado por dos guerras europeas que devinieron mundiales y por una guerra fría. Entre los bloques antagónicos de esta guerra fría se hizo posible la coexistencia pacífica, aunque basada en el equilibrio del terror, en la convicción de que la destrucción mutua estaba asegurada si el equilibrio se rompía. Imposible añorarlo, pero es necesario reconocer que era un mundo más previsible, más identificable. Sin embargo, paradójicamente, era más falso.

El esquema cambió, no sólo por la desaparición de uno de los bloques, sino por el impacto de una revolución tecnológica que altera vertiginosamente las relaciones entre los seres humanos y crea nuevas formas de interdependencia, a pesar de que esté cargada de desequilibrios. La realidad aflora con toda su complejidad de identidades, de pautas civilizatorias diferentes, que se mezclan a través de los medios relacionados con la red y a través de los intensos flujos migratorios.

Del conocimiento y del reconocimiento de esa diversidad, mucho más real que la invención del reparto del mundo por la adscripción a las ideologías enfrentadas del siglo XX, depende un futuro de paz o de enfrentamiento. Aunque no hay datos que avalen el llamado choque de civilizaciones, y sí muchos que nos hablan del choque de intereses, sin diálogo puede terminar convirtiéndose en una profecía autocumplida.

En Tánger han convivido durante siglos las tres religiones del Libro. Por Tánger pasaron y pasan las rutas entre Europa y África, entre el Mediterráneo y el Atlántico. Allí podemos encontrar raíces culturales que compartimos siendo diferentes y que propagamos hacia el continente americano. Por eso, el impacto de la llegada a la ciudad es al principio de sorpresa ante un mundo tan diferente a sólo 14 kilómetros de nuestras costas, pero enseguida nos sentimos acogidos, envueltos en esa realidad que al poco deja de sernos extraña.

En España encontramos enclaves que representan históricamente ese cruce de culturas que tanto necesitamos identificar mediante el diálogo. En Tánger nos parece que está aún vivo. Desde los vestigios fenicios y romanos, hasta la presencia musulmana o la comunidad judía y cristiana, en esta ciudad hay parte de la historia de todos, porque ha estado y está en la ruta necesaria de todos: europeos o africanos, árabes o bereberes.

Allí es posible el diálogo como comprensión del logos del otro. Allí es posible dar pasos hacia un mundo que conviva en paz respetando la diversidad. Por eso merece la pena el esfuerzo para convertirla en la sede de la Expo 2012."

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Clinton asesora a Zapatero en la lucha contra el cambio climático

Bush con Aznar y Rajoy, Al Gore y Clinton con Zapatero

El ex presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, puso este lunes a España como ejemplo de que es posible luchar de forma eficaz contra el cambio climático y, a la vez, crecer en lo económico. El ex mandatario estadounidense, de visita en Madrid para asistir a una reunión de ex jefes de Estado que debaten cómo solucionar los problemas del mundo, afirmó que la lucha contra el calentamiento global no debe ser vista por los gobiernos como un "sacrificio", sino como una "oportunidad" de crecer y crear riqueza.

Tras reunirse durante una hora y media con José Luis Rodríguez Zapatero, Clinton describió a España como un país modélico en estos aspectos, y se apoyó en datos. La economía española, destacó, ha crecido al 3,8 por ciento en los últimos años y ha creado tres millones de puestos de trabajo, al tiempo que el país reducía un 4 por ciento la emisión de gases de efecto invernadero. Señaló, además, que el Gobierno destina el 0,5 por ciento de su PIB a cooperación al desarrollo -"no se ha quedado sólo en buenas intenciones"- y fomenta la educación en África y Latinoamérica. "Por eso me ilusiona" trabajar con el Gobierno que preside Rodríguez Zapatero, comentó".

El ex presidente estadounidense logró de Zapatero el compromiso de "seguir colaborando" con más financiación a la Iniciativa Global Clinton (CGI, en sus siglas en inglés), con la que promueve la lucha contra el cambio climático y la lucha contra la pobreza en el mundo. España ya aportó a ese fondo en septiembre pasado, a través de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) un millón de euros para proyectos de educación en América Latina y el Caribe. Por su parte, Rodríguez Zapatero pidió "asesoramiento" a Clinton para elaborar su programa de lucha contra el calentamiento global, explicaron fuentes gubernamentales.

Rodríguez Zapatero agradeció a su invitado "todo su esfuerzo, tarea y disponibilidad para trabajar con el Gobierno de España" y su "total determinación" de convertir el país en un "líder" en eficiencia energética, reducción de gases de efecto invernadero y lucha contra la pobreza. "Nuestra colaboración con la Iniciativa Clinton va a ser extraordinariamente importante", señaló el mandatario español.

Concurso Lterario Rafael Alberti

Antología

Inaugaramos hoy esta sección, en la cual, además de reseñar todas las novedades sobre el IV Concurso Literario Rafael Alberti que estamos organizndo las Juventudes Socialistas de Valencia de Don Juan, iremos publicando una selección de las obras presentadas en la I, II y III edición del certamen literario.


Retrato para el 2000

Despacio, despacio,
no te muevas,
sonríe,
sonríe a la nueva era.

Los ojos fijos,
¡ábrelos!
mira a lo lejos,
mira al futuro,
verás un mundo nuevo.

Levanta la cabeza,
¡levántala!
un poco más erguida.
Se necesita esa postura
para una nueva vida.

Ya está, quedaste bien,
se te ve mejor que antes
de cara al provenir.
Una foto al instante,
un retrato para el 2000.

Danza la tierra
en un solo tablero,
beben Whisky algunos,
vino
los obreros.

Se escucha un canto,
se lee un verso,
murmura contento
el universo.

Más que con llanto
nace con risa
y
aunque pequeña,
crece deprisa.

Llega florida
sin ser primavera,
llega cándida,
la
nueva era.

Dijo el poeta
¡Oh! Perdón,
que esta vez
fue profeta.

“La era está pariendo un corazón"...
¿Y
si la nueva era
pariera también la razón?
....daría a luz la Tierra.

Una era limpia,
sin piedras, sin guerras
donde trillar el maíz.
¡Que el grano
de la mazorca alcance!
Algunos para llenarse,
a otros, para compartir.

Brindemos entonces
por el porvenir
¡Que sepa dulce el vino,
de la nueva era!
¡Brindemos por el 2000!

Bárbara Ortega Ramírez

martes, 20 de noviembre de 2007

Con Z de Zapatero (VI y última)

España 2004-2008


Ramón Jáuregui analiza la estrategia del PNV

El PNV de siempre, el de Sabino Arana

El diputado socialista Ramón Jáuregui analizaba ayer en El País la estrategia maximalista que el PNV, anclado en la reaccionaria ideología de su fundador, está llevando a cabo:

"Interesa, y mucho, conocer las razones de un giro tan preocupante como arriesgado del nacionalismo democrático vasco, y se me ocurren tres importantes:

1. La decepción estatutaria. He escuchado miles de veces a mis interlocutores nacionalistas quejarse del desarrollo del Estatuto de Gernika. Desde la LOAPA a las Leyes de Bases, desde las materias todavía no transferidas a las limitaciones del "café para todos". Siempre he pensado que, más allá de razones puntuales para esas quejas, el argumento es bastante oportunista y se esgrime para justificar una agenda reivindicativa que el nacionalismo, de manera consustancial a su ideario, necesita mantener en permanente agitación. La importancia y la entidad del autogobierno vasco es incuestionable, cualquiera que sea el plano en el que se le mida: respecto al pasado, respecto a otras autonomías, respecto a los modelos federales o confederales más avanzados. Y si se le añaden las inconfesables ventajas del sistema económico que disfrutamos, los motivos para la queja son más bien retóricos, o en todo caso menores. Con todo, con razón o sin ella, es lo cierto que el PNV, prácticamente desde que llegó Ibarretxe, ha abandonado la negociación estatutaria y se han concentrado en la búsqueda de un nuevo modelo de relación con España, mucho más parecido a la confederación que al modelo autonómico de nuestra Constitución.

2. La asunción de la autodeterminación. A pesar de que la autodeterminación no ha sido un postulado teórico ni ideológico del PNV -fue expresamente rechazado por sus representantes en el periodo constituyente y preautonómico-, el Partido Nacionalista incorpora esta idea a su doctrina a mediados de los años noventa y la implementa en el Pacto de Estella. En 1990 se produjo una sonora votación en el Parlamento Vasco en la que el PNV, empujado por EA, se sumó a la reivindicación de este supuesto derecho, junto a Euskadiko Ezkerra, aunque lo hiciera aludiendo a su consideración "meramente doctrinal" e interpretándolo como un "ejercicio democrático dinámico" y no centrado en una consulta. Lo cierto es que quince años más tarde, el PNV ha entrado de lleno en esa interpretación casi descolonizadora con que se argumenta el derecho y su ejercicio, en gran parte por el fuerte impacto de emulación que ha provocado en todos los nacionalismos sin Estado, la emergencia como naciones plenas y soberanas de casi quince nuevos Estados en el continenteeuropeo desde la caída del Muro. Es más, cabe decir que se han sumado a esta interpretación todos los partidos nacionalistas, incluida IU del País Vasco, aunque lo hagan bajo el eufemismo del "derecho a decidir". Es esto tan evidente, que ETA se ha visto suplantada en esta reivindicación y necesita aferrarse a la unidad territorial (otro eufemismo que en este caso expresa la integración de Navarra en Euskadi) como última bandera que la diferencia del elenco nacionalista.

El PNV decidió ya hace tiempo incorporar a su ideario este objetivo porque quiere liderar la familia nacionalista. Una familia demasiado dividida, en cuatro y hasta cinco opciones políticas y entre las cuales, la disputa electoral sigue atravesada por el "quién es más nacionalista". El PNV parece decidido a conservar su hegemonía en esta clave, y ha formalizado así su abandono estatutario y su propuesta soberanista.

3. Una nueva estrategia para el final de la violencia. A finales de los noventa, el PNV inició una nueva estrategia en relación con ETA. Se pasó de Ajuria Enea a Lizarra para ofrecer a ETA la gestión de sus reivindicaciones desde la política, con base en la "acumulación de fuerzas nacionalistas" y a cambio del abandono de la violencia. Lizarra fracasó, pero Ibarretxe sigue, erre que erre, con el mismo esquema. Su propuesta de septiembre de 2007 sigue pretendiendo, en el fondo y en la forma, hacer inútil la violencia porque sus objetivos son alcanzables mediante la mayoría nacionalista del Parlamento Vasco. Obsérvese que el lehendakari, en el "cuarto paso" de su última propuesta, establece que, antes del referéndum resolutivo de 2010, todas las fuerzas políticas vascas tienen que alcanzar un "acuerdo de normalización política sobre el derecho a decidir del pueblo vasco, las relaciones de territorialidad (sic) y por supuesto... otras cuestiones". Es decir, autodeterminación y Navarra en el corazón del tortuoso camino que nos propone."

lunes, 19 de noviembre de 2007

Grandes imperios, pequeñas naciones

Cómo clasificar los países en virtud de su modelo territorial

Título:
Grandes imperios, pequeñas naciones
Autor: Colomer, Josep María
Editorial: Anagrama
Año: 2006
Páginas: 255 (22 x 14 cm)

El brillante académico Josep María Colomer, abandonando en esta ocasión el individualismo metodológico que caracteriza a sus estudios, agrupa a los tradicionales Estados en tres grandes bloques: imperios, Estados y naciones. Y la pregunta que tenemos que formularnos es, ¿en base a qué criterios realiza esta clasificación?

Colomer utiliza pocos indicadores para determinar qué países forman parte de cada una de las tipologías que nos presenta. Un imperio, a su juicio, tendría las siguientes características: i) un tamaño muy grande, ii) ausencia de límites fijos o permanentes, iii) un compuesto de diversos grupos y iv) un conjunto de jurisdicciones a múltiples niveles, a menudo superpuestas. De este modo nos encontraríamos en la actualidad diez grandes imperios: China, India, Europa, América, Indonesia, Brasil, Pakistán, Bangla Desh y Japón.

Un Estado poseería los siguientes rasgos: i) tamaño grande o mediano, ii) territorio fijo y fronteras formales, iii) soberanía y iv) monopolio y homogeneización, funciones reservadas con jurisdicción exclusiva en su territorio. Con estos parámetros serían Estados Dinamarca, Francia, Suecia, Suiza o, de creación reciente, Alemania (después de la unificación), Croacia, Montenegro, Moldavia o Estonia.

Finalmente, el autor nos aporta los elementos que debe poseer una unidad política para ser considerada nación: i) tamaño pequeño, ii) altos grados de homogeneidad étnica y iii) formas de gobierno simples y suaves, basadas en la facilidad para formar una mayoría social que apoye decisiones colectivas aplicables. Nos hallaríamos, pues, ante las unidades territoriales que conforman los Estados que tienen una articulación federal del modelo territorial, como las alemanas, las estadounidenses o las mejicanas. Asimismo, incluiríamos a los cantones Suizos y a las Comunidades Autónomas que conforman el Estado español.

Útil clasificación para conocer el modelo territorial de los países que hay en el mundo y determinar si sus Estados son unitarios, regionales, federales o confederales. Saber, en definitiva, si existe una descentralización política o simplemente administrativa (desconcentración).

El autor apuesta, basándose en datos empíricos y contrastables, por el federalismo como el modelo de Estado que incrementa las posibilidades de éxito de alcanzar sistemas democráticos en el mundo. Y lo es porque mediante estructuras federales se gobiernan mucho mejor los conflictos sociales, culturales, personales o lingüísticos.

Jorge Mateos Álvarez

El poder regio: Alfonso XIII y su nieto

Juan Carlos I y su abuelo: el poder regio

El prestigioso historiador Santos Juliá escribía el pasado sábado en El País el siguiente artículo sobre el poder real:
"El 22 de noviembre de 1975 -pronto hará 32 años-, Juan Carlos de Borbón se presentaba, en el primer mensaje de la Corona, "como Rey de España, título que me confieren la tradición histórica, las Leyes Fundamentales del Reino y el mandato legítimo de los españoles". Débiles títulos, a pesar de su aparente fortaleza y rotundidad: la tradición histórica había quedado, más que interrumpida, quebrada por la abdicación de Alfonso XIII; las Leyes Fundamentales franquistas tenían los días contados, aunque no faltaban reformistas dispuestos a modificarlas para que todo siguiera igual o parecido; y los españoles se habían visto privados desde febrero de 1936 de la libertad de conferir ningún mandato legítimo. En realidad, Juan Carlos de Borbón se podía presentar como Rey de España porque su antecesor en la Jefatura del Estado, en virtud de su "suprema potestad", así lo había dispuesto.

De modo que el Rey comenzó a reinar no sólo gobernando sino acumulando toda la cantidad de poder posible; nada que ver con un monarca que debe a la tradición su acceso al trono. Su mandato procedía en exclusiva de las Leyes Fundamentales y por eso su primer empeño consistió en abrir el juego político a nuevos participantes con el propósito de ampliar las bases heredadas de la dictadura, sin romper con ella, reformando aquellas leyes hasta el límite de lo posible. En este punto, en el primer semestre de 1976, más que de transición se hablaba de reforma, y nadie había visto todavía en el Rey ningún motor, ningún piloto de ningún cambio. Por su parte, el Rey había recordado, ante el Consejo del Reino, que sólo a él correspondía "la decisión última en los asuntos más trascendentales y en los casos de decisión excepcional, grave, o de emergencia".

Así estaban las cosas cuando el proyecto Arias-Fraga de reformar las Leyes Fundamentales entró en barrena, en medio de una movilización popular y obrera de una magnitud sin precedente y de los obstáculos surgidos en las mismas instituciones del régimen. Fue entonces cuando el Rey, haciendo uso de sus poderes, afirmó ante el Congreso de Estados Unidos: "La Monarquía hará que, bajo los principios de la democracia, se mantengan en España la paz social y la estabilidad política, a la vez que se asegure el acceso ordenado al poder de las distintas alternativas de Gobierno, según los deseos del pueblo libremente expresados". Era una nueva concepción del papel de la Corona, ansiosa por alejarse de las fuentes de su supuesta legitimidad para presentarse como "árbitro, defensor del sistema constitucional y promotor de la justicia".

Poder arbitral en el ejercicio de una función integradora: así percibía el Rey su posición como "monarca constitucional" en el primer mensaje a las Cortes elegidas en junio de 1977, una autodefinición algo precipitada pues aún no había Constitución y ya se había disuelto la pretensión de reformar la inexistente. Monarca constitucional lo sería al término de un proceso constituyente que se consumara con un recorte sustancial de su poder. Fue la representación del Partido Comunista, muy hábil y eficaz en el debate sobre la Monarquía, la que consiguió "que la Monarquía inevitable fuera una República coronada", como recordaría luego Jordi Solé Tura, desbaratando la pretensión de atribuir a la Corona "efectivas competencias moderadoras y arbitrales", de modo que se convirtiera en una "poderosa magistratura arbitral", como soñaba el representante de UCD, Miguel Herrero de Miñón.

Insólita por su origen, la Monarquía española lo fue también por el rápido tránsito desde la acumulación de todo el poder a su limitación a un poder simbólico. ¿Sólo simbólico? Naturalmente, los constitucionalistas disputan, pero lo que no tiene discusión es que todos "los actos del Rey" necesitan para ser eficaces el refrendo del presidente del Gobierno o del ministro competente en la materia. Ocurrió, sin embargo, que cuando esta exigencia quedó clara, se produjo una nueva y extraordinaria circunstancia: la legitimidad constitucional alcanzada por esta vía se vio reforzada en el baño de adhesión popular tras un "acto del Rey" situado por necesidad al margen de la Constitución, sin posible refrendo del Gobierno: su actuación en la tarde del 23 y en la madrugada del 24 de febrero de 1981.

Lo extraordinario del caso consistió en que, a los cinco años del inicio de su reinado, Juan Carlos I, rey constitucional, que sólo podía presidir una sesión del Consejo de Ministros si se lo pedía el presidente del Gobierno, actuó como si dispusiera de una "reserva última de poder" -por decirlo con García de Enterría- suficiente para frustrar una intentona militar. Dicho más a la llana: despojado de poder había ejercido el máximo poder posible. Esta singular y contradictoria circunstancia lo catapultó a una tierra donde sólo habitan los reyes taumaturgos, en la que, hiciera en adelante lo que hiciera, se sabía al abrigo de cualquier mirada indiscreta y protegido de cualquier crítica por una nebulosa cortina, mezcla de sentimientos de gratitud y de temor, de admiración y de respeto, en los que vino a condensarse la pregunta que había quedado en el aire: ¿qué habría pasado en aquellos días de febrero si el Rey no hubiera estado allí? Y aún estando allí, ¿qué habría pasado si no hubiera dispuesto -como habría sido el caso si de un presidente de la República se hubiera tratado- de esa "reserva última de poder"?

Las preguntas sin respuesta dan lugar a relatos míticos, que llevan aparejados una suspensión de juicio que se resuelve finalmente en la práctica ritual de mirar sin tocar. La Corona, desde entonces, se mira pero no se toca. A condición, naturalmente, de que, retirada al ámbito de lo simbólico, conserve el aura de su primigenia legitimidad constitucional bañada dos años después en el calor popular. Tal vez ninguna monarquía europea ni, desde luego, ningún rey constitucional español hayan vivido más a resguardo de la crítica que el rey Juan Carlos I, un privilegio que para sí hubiera querido el último monarca de la dinastía Borbón, Alfonso XIII, expuesto desde niño a los bandazos de la opinión, que un día le mostraba su amor -aquel amor del pueblo que tanto echó en falta en abril de 1931- y al día siguiente su desprecio. Si el rey Alfonso pudiera levantar la cabeza, seguro que preguntaría a su nieto: ¿pero qué has hecho, muchacho, para merecer el sublime privilegio de mírame y no me toques en un país como éste?

Y de pronto, tras una acumulación de actos del Rey y de conductas de la familia real excesivamente expuestos a la mirada del público, ese aura mítica que rodea a la Corona se desvanece en el aire, quizá porque ya ha dado de sí todo lo que podía dar, que ya era bastante. El último acto del Rey, un acto político, en presencia, pero de nuevo sin refrendo posible del presidente del Gobierno, ha desencadenado un alud de comentarios que, no por casualidad, son más laudatorios cuanto más partidario sea quien los emite de una Corona fuerte, que actúe, que arbitre, que intervenga. Alabanzas que se mudarán en denuestos si el síndrome de la escalera que afecta al presidente de Venezuela -incapaz de reaccionar sobre la marcha- resulta tan potente como su vulgar e insolente desfachatez y acaba provocando consecuencias políticas y económicas indeseadas.

En todo caso, el último "acto del Rey" tendrá al menos una virtud. Ante la provocación de un jefe de Estado que, muy probablemente, pretendía socavar los fundamentos de esta especie de Commonwealth de países iberoamericanos reunidos una vez al año, Juan Carlos I se conduce, en todos los posibles sentidos de la expresión, como un Borbón, digno heredero de su abuelo. En esta recuperación de la tradición se esfuma o se desvela el aura mítica que escondía la más preciada reserva de su poder: la de actuar, y vivir, más allá de la crítica. A partir de ahora, tendrá que estar, como su abuelo, a las duras y a las maduras, lo cual, visto lo visto con la Corona británica, tampoco es para desesperar, aunque aquí hablamos otra lengua, el español, en la que se empieza con el tuteo pero nunca se sabe dónde se acaba."