sábado, 22 de septiembre de 2007

Regresando a la izquierda

La izquierda racional

El Catedrático de Historia económica de la Universiad de Alcalá, Gabriel Tortella, publicaba ayer (21 de septiembre de 2007), en El País (página 19), un artículo titulado "Nostalgia del marxismo", en el cual analiza cómo el desmoronamiento del bloque soviético en la segunda mitad del siglo XX, que posibilitó la "victoria" del coloso estadounidense en la Guerra Fría, amén de las atrocidades que en nombre del socialismo allí se cometieron, ha desorientado hasta tal punto a la izquierda que aún no ha sabido construir un sistema racional capaz de competir ideológica y pragmáticamente con el liberalismo. Lo que procede es un extracto del mismo:
"Fracasado el ensayo comunista, desprestigiado el marxismo, el pensamiento “anti-sistema” se ha entregado con fruición al irracionalismo. Los que antes hablaban de “plusvalía”, de “acumulación”, de “internacionalismo” o de “centralismo democrático”, hoy hablan de “sensibilidades”, de “realidades nacionales”, de “hechos diferenciales” o de “derechos de los pueblos”; los que ayer se conmovían por la suerte del trabajador alienado y explotado, hoy vibran por el folklore y la tradición; los que eran agnósticos o ateos, ahora respetan tremendamente todas las religiones (menos la católica); los que soñaban con el progreso y proyectaban el futuro, hoy quieren volver al pasado preindustrial y, si es medieval, mejor; los que pensaban que la historia era la lucha de clases, hoy profesan que es la lucha de tribus. En otras palabras, lo que antes era pensamiento crítico se ha convertido en sentimiento crítico.

Como la racionalidad está del lado del liberalismo, al diablo la racionalidad, viva el sentimiento, la identidad, el irracionalismo. Esta nueva izquierda antirracional nació en Estados Unidos en los años sesenta del siglo pasado, defendiendo causas tan nobles como la igualdad racial y el fin de la guerra de Vietnam; eran los
hippies, los flower people, muchos de los cuales se afiliaron a religiones asiáticas y místicas. Aquella Nueva Izquierda de los años sesenta desconfiaba de la razón, porque el sistema que odiaban era racional. Pero aquello no tenía gran porvenir ni como política ni como filosofía, y los hippies acabaron siendo sustituidos por los yuppies; Bill Gates reemplazó a Maharishi Yoghi como ídolo de la juventud.

Sin embargo, en las décadas siguientes aparecieron en el mundo nuevas reservas de irracionalismo mucho más potentes. De un lado, en el Tercer Mundo, el deseo de alcanzar el nivel de vida occidental se ha trocado en desesperanza, rechazo y recurso a la religión en su versión más retrógrada y violenta.
El enemigo es el mundo occidental y el refugio es el fanatismo religioso. En Europa y en América Latina, el tribalismo también ha sustituido al marxismo: en los Balcanes, en Bélgica, en España, en Bolivia, en Ecuador, en Chiapas. El terrorismo impredecible ha sustituido a la guerra fría. Y ante el terror omnipresente e indiscriminado, también Estados Unidos fue presa del pánico irracional que dio lugar a la absurda “guerra al terror” y a la inexplicable invasión de Irak. Hemos entrado en un círculo vicioso alarmante: el odio y el miedo fomentan la conducta irracional; ésta da lugar a violencia, a miedo y a odio, y a la reacción irracional.

En este sentido, el mundo se ha vuelto infinitamente más peligroso que cuando competían dos intentos racionales de comprender la sociedad y la historia. Marx era un adversario mucho más noble que Putin, Ahmadineyad, Otegi o Bin Laden: de ahí la nostalgia."

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