Geometría Soñada
Pie de foto: Alejandro Emilio y su obra, galardonada con el primer premio del II Concurso de Expresión Plástica convocado por el Colegio de Arquitectos de León.

"Memoria histórica: heridas de guerra"
"Miles de nietos buscan bajo el suelo de España los cuerpos de sus abuelos, enterrados en fosas comunes después de haber caído durante la Guerra Civil o asesinados por el franquismo
Dentro de seis meses se cumplen setenta años del fin de la Guerra Civil Española (1936-1939), que provocó un horror acallado durante décadas y que se mide en cientos de miles de muertos. Aún hoy no hay cifras ciertas.
La evocación dista mucho de ser de las preferidas en el discurso público. Sin embargo, su momento se aproxima con el mar de fondo de una fuerte ola de revisionismo que, si bien empezó de forma tímida, aumenta en ruido y espectacularidad con el paso de las semanas.
Ya cobró fuerza hace un año, con la sanción de la controvertida Ley de Memoria Histórica, impulsada por el gobierno socialista, que busca reparar los derechos de las víctimas de la guerra civil y del franquismo. Pero ganó estruendo hace pocas semanas, con el anuncio de la próxima exhumación del cadáver de Federico García Lorca, símbolo colectivo de la represión de aquellos años.
El giro, asociado a una sonora irrupción del juez Baltasar Garzón, se convertirá en la primera intervención estatal directa en la tarea de cavar para encontrar a los muertos.
Y, de paso, pondrá luz sobre la historia negra que, alimentada en años de pertinaz resistencia de los García Lorca, sostiene que el poeta ya no está en fosa común. Que habría sido rescatado merced a una secreta negociación con el ex dictador Francisco Franco.
Menos conocido es lo que late por debajo y que constituye, tal vez, el más reciente fenómeno social derivado de aquellos años de contienda: la silenciosa, desordenada e imparable marea de nietos que cava por la península para rescatar del olvido a sus abuelos, asesinados sin testigos y lejos del frente de guerra.
Buscan a hombres y mujeres a los que no conocieron, pero que aprendieron a respetar a través de los relatos que de ellos escucharon. "Durante años, este país vivió con terror. Fue el terror el que, durante todo este tiempo, impidió no sólo abordar esta cuestión sino, siquiera, hablarla. Hoy eso no lo sienten los nietos", dice el historiador Julián Casanovas. En las cunetas
Indiferentes a lo que, en definitiva, resuelva el juez Garzón; y sordos al discurso político que previene contra el temor a que la búsqueda reabra "heridas del pasado", que "alimente la venganza" y que "ponga en riesgo el futuro", los nietos cavan por esos familiares.
"En los últimos ocho años hemos exhumado 167 fosas y recuperado 4041 cuerpos", dice Emilio Silva, presidente de la Asociación Para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH).
La entidad, hoy sumamente activa, nació en octubre de 2000, cuando Silva se propuso rescatar a su abuelo, en cuya identificación fue vital una muestra de ADN que viajó desde la Argentina, donde habían emigrado los familiares del extinto.
¿Cuánto trabajo queda por hacer? Nadie lo sabe. "Creo que hay no menos de 25.000 personas en las cunetas", dice Casanovas, uno de los historiadores que más ha escrito sobre el tema.
Su estimación palidece ante los más de 130.000 nombres de personas asesinadas que citan documentos presentados a Garzón. (El término excluye a aquellos que fueron fusilados tras juicio sumario o muertos en frente de guerra).
Palidece, también, ante las "miles de fosas comunes en toda España" de las que, ante LA NACIÓN, habla Felipe Alonso, de la Asociación de Estudios sobre la Represión en León (AERLE).
La entidad cuenta con la simpatía del padre de José Luis Rodríguez Zapatero, Juan Rodríguez García-Lozano. A ella ha dado testimonio sobre el asesinato de Juan Rodríguez Lozano, el abuelo republicano citado, en varias ocasiones, por el presidente del gobierno. Su ex prisión, que fue la de otras 16.000 personas, es hoy, sin embargo, un suntuoso hotel.
Queda cerca de aquí, de esta pequeña localidad leonesa de apenas 80 habitantes, que durante siete décadas durmió junto a dos fosas y junto al espanto de sus fantasmas. Es el poblado al que llegó LA NACION para acompañar el proceso de exhumación de "represaliados" de la Guerra Civil, el fenómeno que lleva a nietos anónimos a cavar por sus abuelos de triste muerte.
¿Cómo es ese pulso de reivindicación al que no le importa lo que diga la autoridad ni el juez?
Entre otras cosas, llamó la atención la desconcertante naturalidad con que el pueblo asistió a la exhumación -la gente llegaba con canasta de sándwiches y los niños jugaban con la tierra que removía la excavadora. "Hay quienes no les parece bien esto de las excavaciones, pero la mayoría lo ve bien y quiere ayudar", dijo a LA NACION el alcalde de Izagre, Enrique Santervaz.
Más aún sorprendió el hecho de que, para localizar el sitio, sirviera de guía la memoria de ancianos que, en el pasado, se habían enfrentado en los dos bandos de la brutal contienda. Y que hoy, juntos, compartieran el tabaco y la charla y se asomaran con sus bastones al pozo del que, juntos, pudieron rescatar los cuerpos de 22 infelices. Y con ellos, una parte de su propio pasado.
"Son seres humanos", se emociona Claudio Puertas. El fue soldado del bando nacional; tiene 91 años y hace gala de vitalidad y memoria para señalar, con bastante aproximación, el sitio en el que -hace siete décadas- vio enterrar a once personas: diez hombres y una mujer. "¡Había que ver lo que hicieron con ellos!", lamenta.
A su lado se sienta José Pérez Guayo, de 86 años. Es uno de los pocos hijos que, entre tanto nieto, busca a un fusilado. En este caso, a su padre, un albañil que era militante sindical. La última vez que lo vio con vida fue el 19 de septiembre de 1936. Se lo llevaban en un camión y a él lo amenazaron si intentaba seguirlos en bicicleta. "Yo quisiera encontrarlo y morirme en paz", dice.
Lo escucha Don Claudio, su ex adversario, mientras la tarde pasa y la vida, junto a la fosa, se anima. Llega más gente que exprime recuerdos y tira de la historia en un colosal esfuerzo por ordenar las piezas de un puzzle enorme y sangriento.
Es lo más parecido a una reconciliación.
-¿Este trabajo es posible gracias a la Ley de Memoria Histórica?, pregunta LA NACION.
-No, ¡qué va! Esto empezó mucho antes. Y, en este caso, estamos aquí porque el dueño del campo nos dio permiso. Y nada más, contesta Marco Antonio González, de la ARMH, uno de los nietos que cavan.
Lo hace a sabiendas de que, con su abuelo, no habrá suerte: está en otro sitio, pero, sobre él, hay ahora "una ruta y dos restaurantes", dice.
"Al final, se desenterrarán menos cadáveres de los que se buscan, porque muchas de las fosas han desaparecido para siempre, sepultadas por el crecimiento urbano y el paso del tiempo", dice Casanova. No es el caso de este campo, donde no hay nada que ayude a identificar un entierro. "Aquí hay algo"
La pala avanza, pero no pasa nada. Huele a tierra húmeda. El dueño del campo no es del pueblo, se llama Juan Antonio Pérez y lo arrienda desde hace quince años. "En todo este tiempo, nadie me habló jamás de la fosa común, hasta que vino esta gente, pidió permiso y, por supuesto, les dije que sí", cuenta. "Jamás nada me hizo sospechar", añade. Y habla así del espanto bajo esa tierra en la que hoy, con subsidios de la Unión Europea, él trabaja cereales y un girasol que, este año, viene mustio. No hay más autoridad ni funcionarios junto a la máquina excavadora.
Por la noche, todo queda solo, con la misma quietud de entonces. La excavación lleva ya tres días y 200 metros de zanja sin que nada aparezca. Y, sin que nadie se atreva a sincerarlo, late el temor de que allí no haya nada. "O, peor aún, de que estemos sentados sobre ellos y no podamos verlos", dice otro, con un escalofrío, que hace ponerse de pie.
"¡Aquí hay algo!", grita la arqueóloga. Todo se paraliza y es silencio, salvo el viento, que trae el mismo olor de la tierra mojada. El "algo" resulta ser un par de anteojos, la evidencia de que allí mismo están los cuerpos. A partir de ahora, no más máquina: todo el trabajo será manual y muy lento, acariciando la tierra que todo lo vuelve marrón, como una arcilla para que cobre forma la historia de los muertos.
Explota una mezcla de emociones: hay quien llora, quien se alivia, quien ríe. "Es lo que suele ocurrir en situaciones de duelo retardado", dice Raúl de la Fuente, de Sicólogos Sin Fronteras.
Para los familiares que allí esperan llega, por fin, el adiós debido. Un adiós por el que esperaron 70 años."
"En España casi todo comienza y termina con una misa. Si un día se celebrase un Congreso de Ateos, no debería faltar el cardenal Rouco. La Constitución española tiene como viga maestra la imparcialidad de la Justicia y la igualdad de todos ante la Ley. Pero, como en la época del arzobispo Vélez, autor de El preservativo (de la fe), la primera autoridad judicial ha de arrodillarse ante el poder religioso en la llamada Misa de Apertura Judicial. Es algo que se repite en otros ámbitos, que impregna todo el Estado, e incluso el sistema de enseñanza, y que debiera llevarnos a tener la vergüenza de enunciar como primer artículo constitucional la paradoja de Epiménides: "Todos los cretenses son unos mentirosos". Por supuesto, Epiménides, poeta y filósofo, era cretense. Me cuentan la historia de un párroco que comentó con amargura desde el púlpito: "¡Este pueblo ha perdido la fe!". Y entonces, de entre los fieles, surgió una recia voz de apoyo: "¡De aquí no sale nadie hasta que aparezca!". Pues así estamos. No en un Estado laico, ni siquiera aconfesional, sino en un Estado de Espera por la Fe. La Iglesia, sus dirigentes, sus pastores y heraldos mediáticos, han llegado a hablar de "persecución" por el actual Gobierno. En los últimos años, los obispos se echaron a la calle, convocando grandes marchas en los que El Enemigo era un diablo cejijunto y de orejas picudas con un asombroso parecido al actual presidente. En ese período, el Gobierno socialista incrementó en millones de euros la asignación directa estatal a la Iglesia católica, por encima del anterior Gobierno conservador. El Estado paga también unos 40.000 profesores de religión católica en la enseñanza pública y concertada. Mientras tanto, la Iglesia y su partido afín hacen todo lo posible para boicotear la enseñanza de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que es el núcleo central de Educación para la Ciudadanía. ¡Viva Epiménides!"
- 08 de octubre de 2008. La discriminación en materia de empleo, se realizará la proyección de la película En tierra de hombres y posteriormente tendrá lugar una charla-coloquio en la que participarán representantes tanto de UGT como de CC.OO.
- 15 de octubre de 2008. La violencia machista, se proyectará Te doy mis ojos y posteriormente tendrá lugar la charla-coloquio en la que participarán representantes de ADAVAS y de Simone de Beauvoir.
- 22 de Octubre de 2008. Con la inmigración como tema central, se proyectará la película Agua con Sal y se realizará una charla-coloquio en la que contaremos con dos representantes de la Asociación de mujeres inmigrantes saharauis y marroquíes.
Art. 148. Las comunidades Autónomas podrán asumir competencias en las siguientes materias:
7. "La agricultura y ganadería, de acuerdo con la ordenación general de la economía."
Título V - Competencias de la Comunidad
Artículo 70.– Competencias exclusivas.
14.º Agricultura, ganadería e industrias agroalimentarias, de acuerdocon la ordenación general de la economía.
Detalló Alconchel cuáles eran sus prioridades políticas para estos cuatro años: "presionar al Gobierno de España para que no decaiga su potente agenda social, la apuesta por la transversalidad de las políticas de juventud, impulsar un nuevo plan de vivienda que consagre la Renta Básica de Emancipación así como rubricar un convenio con el Ministerio de Cultura que procure la gratuidad en el acceso a bienes culturales".
El proyecto de rehabilitación de la Fábrica de Harinas y la Panera de Gordoncillo, que albergará el Centro de Desarrollo Cultural, Medioambiental y Empresarial de Nuevas Tecnologías de Gordoncillo, auspiciado por el alcalde socialista de la localidad, Urbano Seco Vallinas, contará con una partida de 427.000 €, que se sumarán a los 200.000 euros que consignaron los PGE para el año 2006.
Hace un año ya escribíamos en este blog sobre las fiestas leonesas de San Froilán y decíamos que cada vez iban a más. Nuevamente vivimos el pasado domingo día 28 de septiembre ese inicio de la fiesta marcado principalmente por la asistencia masiva de los pueblos de la provincia con sus pendones y sus carros engalanados. La edición de este año fue una copia de la del año pasado aunque, eso sí, con mucho mejor tiempo que en aquella ocasión.
de Fuentes de Carbajal que no estuvo presente por no haber dado el párroco el necesario permiso. No podemos entender que por miedo a que el pendón se moje haya que encerrarlo bajo llave sin que pueda cumplir el papel que tradicionalmente le ha correspondido y que no es otro que el de participar en eventos como el de la fiesta de San Froilán. Lo curioso del caso es que hay muchos pueblos que no pueden sacar el pendón porque no encuentran quien lo lleve y en este caso tiene que desfilar el porteador solo mientras el pendón se queda en casa por miedo a que se moje cuando hace un día espléndido.